Como todas las primaveras pongo manos a la obra con las plantas de mi casa, con ellas las cosas son sencillas para mí. He aprendido su forma de comunicar lo que quieren, en ese sentido el Potus (poto) es un “charlatán” si lo acercas a la luz sus hojas se hacen fuertes y grandes, si lo alejas pequeñas y pálidas, si le riegas mucho unas manchas marrones en sus hojas te dirán que menos agua. Todas tienen una manera clara de decirme lo que quieren y me devuelven mi cuidado con esplendor y frondosidad. Los cactus son un caso a parte, ellos son muy callados y cuando suelen avisar de algo puede que llegues tarde al remedio o debas simplemente volver a empezar con un esqueje o un nuevo ejemplar. Me pregunto si prestaré atención a mis seres queridos o si les entenderé de igual modo que a las plantas, me pregunto si sabré leer esas señales en los afectos, cuando falta un abrazo, un beso, la buena sombra de escuchar. He separado las hojas de mi Peperomia para ver las cicatrices de antiguas podas, allí estaban tapadas por las nuevas hojas, como en el corazón los falsos perdones, me agradó comprobar que no tengo tales cicatrices. Ensimismado removiendo la tierra para airear raíces recordé que tengo que llevar a mi hijo a ver a sus abuelos. Cuando regresemos plantaremos las semillas de Magnolia que recogimos en otoño y guardamos en la nevera, no pude negarme, las recogió con tanto mimo de aquel árbol, maravillado de que aquella pequeña y roja cosilla fuese capaz de crecer de tal manera, y me lo cuenta a mí que me pasa lo mismo con él. Por mi parte le conté lo que haríamos con esas semillas y me contagió su entusiasmo, es imprescindible para un humano cuidar algo vivo. Antes de acabar con el trabajo en mi jardín descubro que uno de mis cactus tiene una mancha y me temo lo peor, compruebo que al tacto está firme y con un pequeño corte me cercioró de que la mancha es sólo superficial y me tranquilizo. El miedo a perder mi cactus más querido me había angustiado, porque eso es el miedo, sufrir por algo que aún no ha pasado. Las plantas tienen su forma de hablarme, la vida tiene un código de colores y miradas, al final todo se trata de estar atento y cuidar mucho nuestro jardín.
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