Vidas paralelas

Opinión de Retablo de Nova York de Valentí Gomez i Oliver

                          Por Avelino Muleiro

Aprovechando la celebración del día de las Letras Gallegas quiero reivindicar y dar a conocer, con un especial cariño, la publicación de un poemario en gallego cuyo autor es catalán de cuna, de sentimiento y de oficio. El libro lleva por título Retablo de Nova York. Su autor no es para mí un catalán cualquiera; es un viejo amigo, compañero de curso y de carrera en la Universidad de Barcelona. Han pasado décadas sin comunicarnos y sin saber nada uno del otro hasta que en el pasado mes de octubre el omnisciente y chismoso (xafardeig, en catalán) Google hizo el milagro de conectarnos. Me estoy refiriendo a Valentí Gómez-Oliver. Era un compañero excelente y una garantía como amigo, que compaginaba de forma armónica los estudios de filosofía con el baloncesto, deporte en el que destacó como jugador en el Hispano Francés y después en la liga de primera en el Hospitalet CB.

Valentí y Avelino
Valentí encestando en el Hospitalet CB contra Helios de Zaragoza

Una vez que culminó la licenciatura de Filosofía en la universidad barcelonesa se trasladó a Roma para estudiar cine, con Roberto Rossellini, en el Centro Sperimentale di Cinematografía, en donde obtuvo el titulo de diplomado. Posteriormente ha trabajado como Lector de español en las universidades de Roma (La Sapienza), Pescara y Catania. Más tarde, durante treinta años, ejerció como profesor de Lingua e Letteratura Spagnola en la Universidad de Roma. Desde el año 2006 es Cavalieri OMRI (Ordine al Merito della Repubblica Italiana).

            Una amplia lista de publicaciones, de variado género literario -novelas, poesía, cine, ensayos…- culminan y coronan tan extraordinario curriculum. Seguramente le falte ser socio del Instituto de Estudios Carballiñeses para transformarse en un CV insuperable. Pero todo se andará para lograrlo…

Valentí Gómez-Oliver

Retablo de Nova York

La primera edición bilingüe de este libro aparece en el año 2021, en la editorial Medulia. Es una obra incuestionablemente original sobre la ciudad de Nueva York, articulada por nueve poemas que van escoltados por dibujos del propio autor escrupulosamente meditados. En ella el poeta confiesa sus propias vivencias enmarcadas en la ciudad neoyorquina, ubicadas en un terreno limítrofe entre la narración y la descripción. El relato literario de este poemario sobre la ciudad estadounidense de Nueva York lleva el nombre de «retablo», con el significado cervantino del Retablo de Maese Pérez, incluído en el Quijote, y del Retablo de las maravillas. En ese contexto, el retablo representa un escenario donde transcurre la acción completa de esos nueve poemas. Y es más que probable que la formación cinéfila del autor tenga mucho que ver en la elección de este género literario.

            Las primeras lecturas del Retablo me han trasladado al Poeta en Nueva York de García Lorca, otro vate seducido por la lengua de Rosalía, autor de Seis poemas galegos. Se detectan sin dificultad en ambas obras concomitancias de lugares comunes y de problemas sociales insolubles, entonces y ahora, si bien el enfoque y el estilo de interpretarlos y vivirlos resultan ciertamente diferentes. El autor del Retablo se manifiesta amable, encantador e ilusionado en sus relatos, en evidente contraposición al poeta andaluz que estaba inmerso en una situación de perpetua crisis personal, con grandes depresiones, y por poner su punto de mira en las minorías étnicas norteamericanas, en el lado oscuro de la ciudad y, sobre todo, en la amargura de comprobar la deshumanización de la sociedad estadounidense sumergida en la frialdad de su materialismo. Poeta en Nueva York es una obra de denuncia contra la injusticia y la discriminación, contra la deshumanización de la sociedad y contra la alienación del ser humano, reivindicando como terapia la justiza, la libertad y el amor. 

En cambio, en el Retablo de Nova York nos encontramos una Nueva York examinada por un catalán formado en filosofia, teñido de cultura italiana, asiduo turista a los EEUU y con unos recursos cinéfilos extraordinarios. Valentí contempla, pues, a Nueva York a través de su cámara mental innata, que ha ido actualizándola con los dispositivos intelectuales adquiridos en los cinco años de la Universidad de Barcelona y los cuarenta de estancia en Italia. Esa dependencia se advierte  en los enfoques con los que describe y vive cada situación. Y con todo ese talento a su servicio, el lector queda atrapado y encadenado en su lectura, que resulta interesante, fresca y desenfadada.    

            No obstante, sí existen semejanzas entre la obra de García Lorca y la de Valentí. Una de ellas es la insinuación explícita de oposición entre Naturaleza y civilización, que ambos poetas enfrentan de forma dialéctica con el fin de denunciar la deshumanización de la sociedad o bien para criticar determinados comportamientos de los neoyorquinos. “No voy a hacer referencia, por más que me pasen por la cabeza, a los disparates, crímenes y expoliaciones que, por otro lado, la propia clase dirigente comete por todas partes contra uno de los legados más importantes y necesarios para la humanidad: la Tierra…” (I Like your Shirt). También para reivindicar la ética “de una humana armonía / de un respeto a la natura / de un ambiente…” (poema IX). O incluso las visitas y la descripción de los barrios de Harlem, de Chelsea y de Bronx, del distrito de Manhattam, de la calle de Broadway… en donde coinciden, aunque en tiempos diferentes, ambos poetas.

La descripción de la ciudad

Valentí va describiendo de forma magistral y con enorme delicadeza la ciudad de Nueva York. Como cualquier turista que pasea por las calles, plazas y barrios de Nueva York, el poeta observa personas que pasean, niños que juegan en los jardines, criminales que venden drogas y matan, aullidos de bestias desfallecidas, mujeres en sus ventanas asomándose a la calle, patos que salpican en las lagunas… Pero no solamente se queda con lo que percibe sensorialmente, con la descripción sensorial y perspectivizada de la ciudad, con el presente, con lo empírico, sino que va leyendo el pasado que se encuentra escondido detrás de la visión del presente: “…si leyendo no os perdéis la escritura / si embelesados encontráis lo ignoto, / poco a poco y sin prisa /descubriréis el mítico viejo Hotel / ahora en nefasto estado / donde artistas famosos alojaron, /Leonard Cohen, Dylan Thomas / su apellido tomó el cantante Bob, /…” (II Del brazo del arte va). Es absolutamente cierto que la sensorialidad y la espacialidad de las cosas ocupan un lugar destacado en sus temas.

            El poeta fiscaliza los desastres provocados por mentes perversas, como el derribo de las Torres Gemelas y la crisis financiera de Lehman Brothers y Madoff, denunciando el sufrimento de las clases marginadas por falta de recursos, por xenofobia o racismo.

            A medida que vamos avanzando en la lectura, detectamos en la descripción de algunos personajes que desfilan por el Retablo emotivos pellizcos de neorrealismo italiano, heredado seguramente de su maestro Roberto Rossellini –Roma città aperta.

            Hay poemas auténticamente emotivos y enternecedores, como el poema IV. I like your shirt!, donde relata su encuentro con la niña Lucinda Leonor. También el poema VII, God Bless you!, en el que describe sus viajes en metro y como en uno de ellos creyó perder su pluma que previamente le había solicitado una mujer negra.

El poeta no cesa de caminar, pero cuando se cansa dibuja laberintos de colores y líneas espirales en los que engasta versos. En otro momento, mira al cielo y contempla nubes verdes doradas, nubes de arena, viento dorado…; después mira hacia abajo y ve arena verde, arena dorada verde, gélidas aguas del embarcadero, túneles oscuros…

Espirales y laberintos con versos engastados
Espirales y laberintos con versos engastados

Simbología

Son numerosos los textos en los que la simbología aparece encarnada en el relato. Es el caso del pitagorismo reiterativo, incorporado a los números y a las figuras geométricas. En el ya citado poema VII, el número siete preside la reflexión del autor, que se inicia con las siete paradas del metro antes de llegar a su destino; continúa con los siete círculos celestes, las siete vacas gordas y las siete espigas delgadas de los sueños del faraón; sigue con los siete sabios de Grecia, los siete vicios capitales, los siete colores, los siete días de la semana, las siete notas musicales… para terminar con las siete colinas de la ciudad de Roma y las siete parábolas del Reino de los Cielos.

            Ese pitagorismo se detecta igualmente en la explicación que aporta el autor al origen del diseño geométrico de las calles y plazas neoyorquinas, así como en la planificación urbanística que sigue el ejemplo del Imperio Romano, cardo y decumano: “…atraviesan paseos numerados / cardo y decumano, de antiguos hados…/” (poema VIII). El pitagorismo le sirve también de explicación para justificar la etimología de la letra «s», con la que comienza la palabra «square» (cuadrado), la figura más replicada de las plazas de Nueva York. Incluso invita al pitagorismo como testimonio de su propia vida: 3 hijos, 9 (cuadrado de 3) nietos, aunque ahora mismo ya son 12 (múltiplo de 3) nietos. Ese pitagorismo lo utiliza una persona que se envuelve en 3 culturas (catalana, italiana y norteamericana).

            Otro elemento reiterativo en el Retablo es el color. Especialmente el color verde, exageradamente repetivivo en el primer poema (Skylines). Cada vez que viajaba en metro “coloreaba con varias tonalidades” cada parada, que en los primeros años fueron siete antes de finalizar el recorrido hasta Union Square.  En el poema III, después de afirmar el “verdor del cementerio”, se pregunta “¿de qué color es la tierra… ¿de qué color es el cielo?”. En el poema IV, se enorgullece de su camisa favorita “con un estampado de flores grises, rojas y negras” cuando la niña Lucinda le dice que le gusta su camisa (I like your shirt). En el poema IX (Harlem, ¡despierta!) escribe que “de repente un trombonista / de cualquier raza o color / toca un compàs de amatista /…”. En el poema IX, “…las puertas bien pintadas  / con los siete colores del arco iris,…”

            Tampoco se olvida el vate visitante de los grandes poetas y escritores relacionados con la ciudad neoyorquina, en especial con el barrio de Harlem: Borges, W. H. Auden, W. Emily Elizabeth Dickinson, Walt Whitman, Edgar Allan Poe, García Lorca… Ni olvida a músicos y compositores como Harry Belafonte, Louis Armstrong, Edward K. Ellington, Etheridge Knight…

Estilo y recursos

Valentí Gómez-Oliver es un auténtico maestro de la metáfora y un magnífico prestidigitador de los contrastes: “torre iluminada por sombras” (poema VIII); “vieja novedad”, “donde la verdad y la mentira se confunden” (poema I); “iluminado y sombrío el high line” (poema II); “calles o personas que van parar, morir o nacer de nuevo en ella” (poema IV). “día y noche, cientos y miles… combate de la pobreza y de la riqueza”; “obesos flacos” (poema VIII).

Un recurso utilizado por el autor consiste en eliminar la puntuación en algunos de sus poemas, imitando a escritores como José Saramago o James Joyce. Saramago prescinde de la puntuación porque, en su opinión, cuando hablamos actuamos como si estuviésemos creando música, y tanto la música como la palabra hablada se hacen con sonidos y con pausa. Y James Joyce practica esa misma técnica en el último capítulo de su Ulises. Este estilo se utilizó como recurso en la poesía de comienzos del siglo XX; actualmente se utiliza más en la prosa.

Dibujos del autor

Gratitud

Valentí crea con la belleza y la perfección de la palabra escrita un maridaje armónico en este poemario entre dos lenguas siempre bien llevadas, lo que representa un éxito literario incuestionable, incluso político. Que un catalán de semejante brillo se sume a la difusión de la cultura gallega bien merece tenerse en cuenta en el día de la galleguidad. Toda mi gratitud a este gran poeta y excelente amigo. Benvingut a Galícia, amic.

(original en gallego publicado en BadalNovas, 17 de mayo de 2022)

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