La escritora Rosa Marina González Quevedo, nos deja una reseña de la novela de Felicitas Rebaque, Requiem por mi mano ausente
Publicada en 2022 por Entre Libros Editorial, Réquiem por mi mano ausente es la más reciente novela de Felicitas Rebaque. Se trata de una historia en la que pasiones y misterio, intriga y sensaciones, música y vida nocturna acaparan irremediablemente la atención del lector. En sus páginas, nos colocamos de inmediato en el campo de batalla existencial de un talentoso pianista, quien está emocionalmente desgarrado por la corrosiva acción de su ego pisoteado por las circunstancias.
Nos encontramos en la París bohemia de un tiempo presente. En ella, la música deviene protagonista activa en el acordeón del excéntrico Kaminsky y el piano —tocado solo con la mano derecha— de Lawrence Patterson. Este, habiendo perdido la fe en el éxito del que gozaba otrora y, además, la maravillosa oportunidad de triunfar en la Filarmónica de New York, se regodea en empapar sus noches en whisky y dolor en el cafetín L’Oiseau Noir de Girard, local de moda enclavado en un rincón de la París que nunca duerme. Y allí, junto a Kaminsky, a Girard y a su fiel y apasionada Liza, vive muriendo en su desventurosa suerte. La música, sin embargo, representa para él un álbum de recuerdos y el canal de supervivencia. Así, a los oídos del ávido lector que escucha con los ojos que leen y siente con el corazón que palpita, Réquiem por mi mano ausente hace renacer el cancionero de Édith Piaf y de otros intérpretes de conocidas piezas populares, pero no solo eso: Tomaso Albioni, Chopin, Verdi y otros grandes de la música clásica también reviven en las páginas de este libro.
Historia narrada en primera persona a cargo del propio Lawrence Patterson, protagonista central. Desde un preámbulo en retrospectiva, la narración salta hacia el pasado recuperando cada detalle de lo sucedido: el fatal accidente y el fin de la vie en rose para un artista que creía haber tocado el cielo con sus manos. Y una vez conocido el porqué de su desdicha, la narración salta de nuevo al presente y se queda ahí, firme, pues la vida continúa siempre hacia adelante. Lawrence lo sabe, sí. Sabe que, por alguna razón desconocida, debe vivir…
Y es que en Réquiem… todo vive. Vive la música. Viven también las sensaciones: el sonido de la lluvia, el frío de la ducha, la humedad de las paredes, los vapores del sueño del alcohol, el sabor de la nicotina… Y él, Lawrence Patterson, vive envuelto en su intimidad dividida entre la embriaguez del crudo erotismo (Francesca) y el amor romántico disuelto en la distancia (Katrina). Sumergido en su tragedia, con su mano izquierda ausente, solo el piano puede llevarlo fuera del atroz presente; el piano y el recuerdo de una vieja canción que su madre le cantaba cuando era niño; canción que lo que lo ha movido a volver a tocar con la única mano capaz de hacerlo: la derecha. Nos dice Lawrence: «Puede llamarse como quiera: embrujo, sugestión…, pero sentí posarse en mi mano el ruiseñor que tantas noches volaba desde la voz de mi madre» (p. 52). ¿Podrá la magia de la música rescatar del limbo su mano izquierda ausente?, es esta la interrogante que quizá se planteará el lector desde los primeros capítulos.
La trama, sin embargo, no queda como entretejido de puntos a un primer nivel: de repente, el ser existencial de un Yo que solo aspira a la Nada (Lawrence Patterson) será arrastrado por alguien que lo inspira e invita a asumir la vida tal y como es: su vida da un vuelco cuando entra en ella el personaje de Aniol Leszek Kaminsky (mi opinión personal: el más fuerte de todos los personajes de la novela, tanto por su complejidad como por lo que representa a lo largo de la trama). Y es que a la complicada y multiforme historia del personaje Kaminsky (polaco, homosexual, músico, bohemio, pintor, gran amigo, capaz de atraer de inmediato la atención de quienes lo redean, etcétera) va unido un contexto histórico-político muy especial: los sitemas dictatoriales del otrora campo socialista europeo. Así, desentreñando la historia personal del personaje Kaminsky, se desarrollan temas como el de la emigración política, la Guerra Fría, el antisemitismo, la persecución a los homosexuales y las prácticas psiquiátricas que se aplicaban a estos; en general, el tema de la represión y la violación de derechos humanos en países comunistas de la Europa del Este (específicamente mencionados Polonia y Checoslovaquia, haciéndose alusión a las revueltas estudiantiles y de intelectuales acaecidas en la primavera de 1968).
Réquiem por mi mano ausente es una historia de amor y desamor, de éxitos y derrotas, de lucha existencial y de supervivencia emocional ya no solo por parte de Lawrence, sino de otros personajes que están a su lado (por ejemplo, Liza y el propio Kaminsky de quien hemos ya hablado). Todo parece indicar que estamos ante una novela romántica con matices históricos. Pero, al improviso, al lector le sorprende un enredo de género policíaco. Aparecen nuevos personajes que de inmediato comienzan a ganar terreno: el inspector Cloutier, la agente Marina Brouchant con su particular dureza de espíritu y Didier Dubois, periodista dedicado a investigar para los servicios de inteligencia. Sobreviene, pues, un posible crimen ligado al espionaje y contraespionaje políticos… En resumen, todo ello ha hecho que Réquiem por mi mano ausente, en más de una ocasión, haya sido clasificada como novela negra.
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