Archipielago

El camino de Santiago —06

6. LA LEYENDA DEL PASSO HONROSO

By Mercedes G. Rojo

Serie: Leyendas del Camino de Santiago por tierras leonesas VI

Continuando camino por la provincia de León, y tras superar algunos parajes de interés paisajístico, entre otras cosas, quien peregrina por estas sendas llegará a otro emblemático punto del recorrido, uno que adquirió fama allá por la Edad Media también ligado a la historia del Camino. Se encuentra en el lugar que dio en llamarse Hospital de Órbigo, pues en él se hallaba un importante establecimiento de estas características que daba acogimiento y atención a quienes pasaban por este lugar.

El acontecimiento tiene lugar con esas gestas de caballeros tan extendidas en sus momento, en las que unos y otros se retaban, a menudo en favor de una dama. Lo sucedido en este lugar llegó a alcanzar tal fama histórica, navegando entre lo real y la leyenda, que tras mantenerse y transmitirse su relato siglo tras siglo, hace unos pocos años fue retomada por la localidad para pasar a convertir dicho hito en una fiesta con carácter de recreación histórica que cada año, en torno al primer fin de semana de junio, vuelve a llenar la villa de trajes y de ambiente medievales, donde las «justas» -entre otros elementos- vuelven a cobrar vida, para disfrute de propios y extraños.

Cartel informativo donde se narra la historia del Puente y el acontecimiento que dio lugar a su leyenda

Esta es la leyenda que da apoyo a estas celebraciones:

            Cuenta la leyenda que, en el siglo XV, el caballero leonés Don Suero de Quiñones visitó el castillo del rey Juan II de Castilla, acompañado de nueve guerreros provistos de sus armaduras. Con una argolla de hierro rodeando su cuello, Don Suero solicitó al rey que le permitiera cumplir el voto de amor propuesto a su amada, Leonor de Tovar, también leonesa. Dicho  voto consistía en que, todos los jueves, el caballero llevaría la argolla en su cuello, hasta que terminara un paso honroso de armas y peregrinara hacia Santiago de Compostela.

            Para celebrar este paso honroso, el caballero solicitó al rey que le permitiera situarse en el puente de Hospital de Órbigo, donde se batiría a duelo con cualquier caballero que quisiera cruzar, teniendo como apoyo a sus nueve guerreros pues el lugar era concurrido y muchos caballeros querrían enfrentarle. Tras conseguir la autorización del rey, se establecieron las reglas de dicho paso, que habría de durar un mes durante el cual el caballero y sus hombres habrían de romper trescientas lanzas en combate.

             Fueron llevados a cabo los encuentros entre el 10 de julio y el 9 de agosto de 1434, quince días antes y quince por detrás del día del patrón Santiago. Al finalizar dicho periodo, Don Suero y sus guerreros se dirigieron a Compostela, como estaba estipulado. En Santiago, el caballero depositó la argolla y una cinta azul que simbolizaba su amor por la dama en la que estaba escrito: Si no os place corresponderme, en verdad que no hay dicha para mí.

            Terminada la peregrinación regresó a León, donde contrajo matrimonio con su amada Leonor de Tovar, con la que vivió feliz y tuvo dos hijos. Este famoso caballero falleció a los veintidós años de dicha gesta, tras ser herido en combate por su rival Gutierre de Quijado.

El emblemático Puente de Órbigo, donde se desarrolló este fragmento de la historia, a día de hoy. Sigue siendo paso obligado de quienes peregrinan a Santiago.

(Esta leyenda forma parte de las recogidas y adaptadas para mi próxima novela Nunca llegarás a la Cruz de Fierro, ambientada en el Camino de Santiago a su paso por la provincia de León)

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