En muchas ocasiones, los monstruos son una faceta de un humano que se transforma, una representación de cualquier miedo, o tienen un característico enlace con las mujeres, caso de las brujas, los monstruos griegos femeninos, el espíritu del zorro oriental o la cecaelia japonesa, entre otros. De los anteriores, es interesante pararse en la mitología greco-latina, en sus muchísimas bestias femeninas y la historia tras ellas.
En diversos estudios sobre la monstruosidad femenina, se indica que antiguamente, se describía a la mujer como un peligro para el hombre, algo que hoy entendemos como misoginia. Tal cosa hunde sus raíces en la creencia de que la mujer es inferior al hombre en todos los planos: espiritual, físico y hasta sexual. Ya Platón aludía a la naturaleza femenina como una especie de “purgatorio”, que hacía sufrir a los hombres. Pero por si esto fuera poco, hay otra idea que goza de la misma funesta tradición, relacionada en parte con la misoginia, que es la llamada «ginecofobia». Esta se caracteriza por entender que la mujer tiene unos apetitos malignos y puede llevar la perdición a los hombres. Se caracteriza por una mezcla de temor-odio, al ver en la mujer un ser terrible. Esta realidad no puede dejarse de lado cuando uno se acerca a los mitos antiguos, cuyo protagonista es lo femenino. En ellos, de un modo u otro aparece esta visión algo delirante en cuanto a los «poderes de las mujeres». Por estas razones, muchas de las bestias míticas en la tradición grecolatina tienen naturaleza femenina.
En el trabajo Monstruos femeninos en la mitología griega, de la profesora Teresa Mayor, se indica que “Los monstruos que aparecen en la mitología griega pueden encarnar la desmesura, la barbarie, lo primitivo, la “hybris”… Muchos de ellos son seres de naturaleza “ctónica”, hijos de Gea. Abundan los monstruos femeninos porque las mujeres descienden de Pandora, la culpable de todos los males que acechan a la Humanidad: Escila, la Gorgona Medusa, Gelo, la Esfinge griega, las Harpías, las Sirenas, Caribdis… Incluso la bella Helena se considerará una funesta Erinia en la Ilíada. Ella misma se despreciará y se autodenominará “Cara de perra”, “kynopis”, porque su extraordinaria belleza tiene un poder mortífero bajo el que ejercen su funesto ejercicio destructor el Ares más asesino y Eris, la Discordia.”
De Pandora o Eris hablamos anteriormente en otro artículo de esta casa, titulado “Las madres del mal”: https://masticadoresfem.wordpress.com/2022/07/01/las-madres-del-mal/
En dicho artículo, explorábamos que tanto Pandora como Eris, además de otras protagonistas de otras tradiciones míticas, podían tener una lectura distinta, no tan machista. Esto también lo podemos aplicar a ciertos monstruos como Medusa, la Gorgona con la cabeza repleta de serpientes. Medusa era en realidad, en el mito, una sacerdotisa de Atenea que es violentada en su templo, y la diosa en vez de ayudarla, se lo toma como una afrenta y la convierte en el monstruo que es conocido como “Gorgona”. La serpiente, también muy asociada a la mujer, representa lo malo, lo caótico, la seducción que termina mal y más tarde, con el cristianismo, se perfila en algo muy concreto, que es el pecado. Las sirenas, ya sabemos, eran mujeres-pájaro que atraían fatalmente con su canto, atacando después a los marineros. Las erinias o furias, por su parte, eran personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. La venganza o la ira también eran cualidades muy unidas a lo femenino, que aún hoy perduran.
Como vemos, todo depende del significado que le demos, y la mitología, por muy apasionante que resulte, tiene marcados tintes machistas que son precisos apuntar.
Mercedes Fisteus
Escritora, (Villablino, León, 1995).
.Jurista y escritora, se inició en el camino de la literatura atesorando algunos premios infantiles y debutando con su novela Dentro de dos años, premiada en el certamen Ateneo Joven de Sevilla del año 2019. Desde entonces, ha seguido dedicada a la labor de escribir, tarea que compagina con la impartición de cursos centrados en las leyes laborales y el emprendimiento rural, la literatura, las leyendas, la tradición oral y la figura de las brujas en el imaginario popular, seres que ya trató en su citada novela.
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