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17 de noviembre de 2022: “Dia mundial de la filosofía”


No quiero dejar pasar este día, tercer jueves del mes de noviembre, sin hacer precisamente lo que el día significa, una reflexión. ¿No es demasiado presuntuoso celebrar un día mundial de la filosofía? Todo el mundo, todo el orbe preocupado por la filosofía. Y ¿qué es la filosofía? Diré sin más pretensiones que la filosofía consiste en el ansia de saber con el que
nacemos y que continúa dentro de nosotros si no lo ahogamos o nos avergonzamos de él. La filosofía está implicada, encarnada en la vida cotidiana de las personas.
Descendemos a la cruda realidad y son pocas las personas que conocen este día tan señalado y menos aún qué es eso de “filosofía”. Y tampoco les preocupa. Se vive muy bien sin la filosofía. ¿O no? La filosofía que engendró y dio cobijo a todo lo que conocemos como saber, ha ido quedándose casi vacía, pues sus hijos han crecido, no han sentido la necesidad de continuar arropados y viven su propia vida de una forma autónoma. Y parece que viven muy a gusto, mientras todo va bien. Pero la vida es compleja y nos ofrece vaivenes, cambia, se transforma y en ocasiones no nos sentimos preparados para asumir estos cambios. Los hijos a veces recurren a la experiencia de los padres. ¿Necesita hoy la sociedad, necesitamos todos hoy la ayuda de la madre filosofía para afrontar los problemas que encontramos en nuestro vivir?
Los seres humanos intentamos comprender, dar “sentido” a nuestra vida y al mundo que nos rodea. Sentimos la necesidad de volver la mirada hacía la filosofía y preguntarnos quiénes somos, hacia dónde vamos o adónde nos llevan, qué es el bien y qué debemos hacer. Necesitamos saber para caminar, pararnos a reflexionar acerca de cómo vivir y qué valores
debemos poner en juego.
“La filosofía es una escuela de libertad ya que no sólo elabora instrumentos intelectuales que permiten analizar y comprender conceptos fundamentales como la justicia, la dignidad y la libertad, sino que además crea capacidades para pensar y emitir juicios con independencia, incrementa la capacidad crítica para entender y cuestionar el mundo y sus problemas, y fomenta la reflexión sobre valores y principios” dice la UNESCO.
Incluye también construir, cuidar, proteger, y por lo tanto valorar. ¡Amigos, amigas! Escuchad lo que os digo: La filosofía es algo precioso. ¿Por qué es preciosa la filosofía? Porque lo precioso es algo raro, escaso y tal vez único, incomparable e irreemplazable. ¿No nos gustaría gozar de algo precioso en nuestras vidas? ¿Lo hemos conseguido? ¿Qué debemos hacer para
que siga existiendo? Si no lo tenemos podemos descubrirlo, crearlo, inventarlo.
La filosofía ayuda a vivir la democracia, no como una mera forma política, sino personificada en un marco de condiciones sociales e institucionales que facilitan la deliberación libre entre ciudadanos iguales y representada en un conjunto de condiciones e instituciones que fomentan la participación, la asociación y la libre expresión.
Una sociedad democrática, libre y solidaria tiene relaciones de comunicación, no de adiestramiento y menos aún de imposición. Necesita ciudadanos capaces de pensar por sí mismos en un proceso solidario y cooperativo de debate. La filosofía lleva en su ADN este compromiso social y político. En su práctica de diálogo no sólo busca personas que piensen bien, sino personas que lleguen a ser “buenos” ciudadanos, ciudadanos y ciudadanas críticos y responsables, capaces de participar de forma reflexiva, activa y razonable en la vida social, aptos para construir una vida mejor. El ethos democrático requiere extirpar de su seno las relaciones de fuerza y tener la voluntad de sustituirlas por el consenso, por el diálogo interpersonal e
internacional para superar los conflictos.
Una de las instituciones encargadas de la formación de los nuevos ciudadanos en la práctica democrática es la escuela. Una escuela social no restringe el lenguaje para coartar la libertad de pensar por sí mismo y la creatividad; no convierte a los estudiantes en masa manipulable, sino que promueve la autonomía, la deliberación, la razonabilidad y el diálogo en
comunidad. Somos palabra. “La palabra es el hogar del ser”, afirma Heidegger, y constituye nuestro vínculo con los otros añadimos nosotros. Tal vez pensamos que es necesaria una preparación más sólida, una educación moral en la que nosotros no seamos espectadores de lo que otros dicen, sino que seamos los sujetos de esa moral con capacidad de someter a examen
lo que otros nos van transmitiendo y de descubrir solidariamente el sentido del mundo y de la sociedad en la que vivimos.
Cultivar una razonabilidad o racionalidad plural, abierta, dialógica, significa sustituir los impulsos irreflexivos por el cuestionamiento, la indagación, la reflexión, y reemplazar la violencia por la argumentación. Despertar al ser humano y sacarlo de su imbecilidad existencial y su idiotismo político, de la ciega credulidad que nutre fanatismos, de la simplona aceptación de la catástrofe civilizatoria en curso, para que pueda ahondar en el desarrollo de una racionalidad axiológica (valores de igualdad, justicia y libertad) y democrática, poner en práctica la imaginación creativa de alternativas y utopías viables, y vivir con la sabiduría prudencial, como el ciudadano que exige toda democracia auténtica.
Los filósofos evalúan y examinan constantemente sus propias presuposiciones, cuestionan lo que otras personas habitualmente dan por sentado. Nosotros cuestionamos todo, el “pienso luego existo”, primera verdad cartesiana, o el “existo luego pienso” de Ortega. Superamos los paradigmas solipsistas, sabemos que el bien y la verdad no pueden hallarse en
soledad, y defendemos que solo se llega a la verdad desde la intersubjetividad, desde la comunicación intelectual o afectiva entre las personas, desde el diálogo. El crecimiento personal solo es posible en interrelación con los otros, en la comunicación, en el acto del habla y de la escucha. Compartimos el siguiente axioma: Cuando dos o más personas entran en contacto, «no
es posible no comunicar”.
La filosofía invita a desarrollar el pensamiento crítico, el pensamiento creativo y el pensamiento cuidadoso, a armonizar percepción, emoción y pensamiento. No puede dejar de sopesar cuánto hay de emoción en el proceso de pensar. “Razonabilidad, creatividad y cuidado caminan unidos. Cada uno de estos comportamientos es una forma de investigación. Juntos no solo suman sus resultados, sino que los multiplican”.
“Si un pensamiento no satisface los tres criterios de crítico, creativo y cuidadoso, no puede ser considerado un pensamiento excelente”. “El pensamiento cuidadoso es una fusión entre el pensamiento cognitivo y el emocional, que se expresa a sí mismo a través de actividades como la apreciación, la estima, el respeto, el cuidado, la empatía, la compasión y la valoración”.
Lipman.
La filosofía no es oscura, sino que en ocasiones algunos filósofos usan palabras complicadas. Nosotros seguimos a Ortega cuando nos dice: “la claridad es la cortesía del filósofo”.

José María Calvo de Andrés, doctor en filosofía
Fundador del Ateneo Escurialense

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