La vida se ha vuelto líquida, maleable. No hablo de eso que ocurre entre el sonido del despertador que quita tu cuerpo de la cama y el regreso a esas mismas sábanas, diez o doce horas después. Nadie comparte las postales de su ruina, las broncas con su jefe, el sueldo que no alcanza, los precios por las nubes, los desastres de los niños, ni la comida improvisada con sobrantes. ¡No, señor! Si en el espejo no encontramos la imagen del éxito es preciso fabricarla. No hay red que se resista a la construcción del mundo artificial. Convengamos que el mundo natural ha quedado oculto capa tras capa de cultura. Lo concedo. Es que, y seguro te pasa lo mismo, no puedo evitar la sensación que no es exactamente cultura aquello que media entre lo que sea que hay ahí fuera y nosotros. Parecemos aislados por plástico. Muy poco genuinos, bastante maltrechos y, especialmente, contaminantes. Se parecen a los grupos de whatsapp, ésos a los que pertenezco y tolero exclusivamente por mantenerlos silenciados.
Las cosas como son. ¿Hay tantas noticias para justificar la existencia de las cadenas informativas disponibles las 24 horas? ¡Claro que no! ¿Cómo se suple esa falta? Con la repetición, amigo mío. Y la repetición nos lleva a la consigna, al vacío del pensamiento, al adormecimiento de la conciencia, ¡al efecto propaganda! Nos quedamos sin vida y nos llenamos de eslóganes. Hay una receta para todo: cómo perdonar, amar, olvidar, guardar, hacer lugar, tener los mejores niños y ¡la paciencia explotada! Las mascotas no obedecen, el amor envejece, los niños son unos adolescentes irreverentes y todo se mofa de las buenas intenciones.
El arte imitaba a la vida. Gracias a las redes, o por su culpa, hemos alterado la frase. Ya lo dice el precepto matemático: el orden de los factores… Esta reflexión se me ha ido de las manos y de la métrica. Demasiado larga para posteo, para muro, para tuit. Sabe amarga, además. Voy a pegar y recortar. Haré un collage: la imagen de un animal, alguna frase optimista, políticamente correcta, un recuerdo nostálgico y saldré a la caza de mil likes.
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