–Disculpe. ¿Mr. Eliot?
Mr. Eliot asintió, sin dejar de mirar las páginas del periódico donde figuraba su propia pieza de crítica literaria, que ya había leído un par de veces. Llevaba un purito en el bolsillo superior de la americana y el olor de la colonia que lo peinaba podría olerse hasta desde fuera del vagón, pensó el viajero, mientras ocultaba también sus airpods.
–Usted no me conocerá, claro, pero yo lo conozco a usted bastante bien.
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