lunes, agosto 31 2026

LATERNURA by Mayela Paramio Vidal

Vuelvo a sentir el olor a harina en la presencia cercana de mi abuela y su regazo blando y amoroso; los ojos esmeralda de mi madre con huellas de terror en sus pupilas al creer que me perdían teniéndome a su alcance y su abrazo seguro que constata que me abarca circular y completa. Incluso intuyo entre las sombras la bisabuela que no conocí pero que vigilaba mis edades entre las cortinas y visillos del tiempo. Conozco su pasado por las voces que me la transmitieron para preservar su memoria del olvido, ingrato compañero de viaje. Sé de su carácter fuerte en un tiempo de hombres, trabajadora incansable, ganaba ella el dinero que perdía su marido en envites de juego. Sé de su coraje al encajar los golpes cobardes de su cónyuge que rezuman orujo, que la marcan como propiedad suya y la tiñen de cárdeno. Me habla de su indeleble orgullo, que intacto, salvaguarda muy dentro, oculto a la violencia que albergan muchas noches. Y me dice estrechando mi mano: Rapaza, eu son filla dun tempo inxusto no que eu tiña que afrontar cal foi a miña sorte, dun tempo cada vez máis remoto. Vive libre.*

Y las manos se desvanecen todas al apretar las mías y en un abrazo largo quedamos madre e hija.

* Yo soy hija de unos años injustos en que había que apencar con lo tocado en suerte, de unos años cada vez más lejanos. Vive libre.


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