domingo, octubre 4 2026

EL CASTIGO POR SER MUJER: LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA. Por Mara Amo

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Desde la Sección: CON VOZ Y VOTO. Escriben nuestras jóvenes

 

Nota de la editora: Este artículo fue escrito hace un par de años, apenas unos día antes del  6 de febrero, fecha en que se conmemora el Día por la erradicación de la mutilación genital femenina, una práctica aberrante a la que cada año se somete a miles y miles de niñas y jóvenes en el mundo, con graves consecuencias para su salud y su vida. Nuestra más joven colaboradora eligió este tema como motivo de reflexión para llamarnos la atención sobre tal circunstancia que incumple algunos de los derechos humanos más básicos, y que a día de hoy sigue estando presente en diversos países africanos, con riesgo de que otros involucionen y vuelvan a implantar esta cruel y discriminatoria práctica para las mujeres.

Raparles el pelo y obligarlas a ingerir aceite de ricino, para así humillarlas públicamente al pasearlas por el municipio a la vista de todos en deplorables circunstancias, era un castigo que solía aplicarse a las mujeres contrarias al régimen franquista, o incluso tan solo por ser esposas de hombres republicanos o anarquistas, durante los primeros años de la dictadura. Hoy en día, esa represión sexuada, que ya pertenece al pasado, nos escandaliza. Sin embargo, no somos conscientes de que esto sigue ocurriendo en algunas partes del mundo, pero ni siquiera por cuestiones ideológicas o políticas: por, simplemente, ser mujer.

Cuatro millones de niñas sufren el riesgo de ser mutiladas al año, según el UNFPA (Fondo de población de las Naciones Unidas). De hecho, aunque el dato real sea desconocido, se estima que alrededor de unos 200 millones de niñas y mujeres han sufrido la mutilación genital femenina. Consiste en la ablación parcial o total de los genitales externos que suele hacerse a las niñas en algún momento desde su nacimiento hasta aproximadamente los quince años. Hay varios tipos, dependiendo de qué parte se mutile, ya sea el clítoris o los labios mayores y menores, a veces incluso recolocándolos y cosiéndolos para estrechar la abertura vaginal.

Representación gráfica de los principales tipos de mutilación

Es una verdadera barbarie que desde nuestros cómodos derechos europeos consideramos lejana, pero la realidad es que esto se produce en unos 30 países –aunque sea legal en solo 5 de todos ellos–. Gran parte de los mismos pertenecen al continente africano –por ejemplo, se estima que el 90% de la población femenina de Guinea o Somalia ha sufrido algún tipo de ablación–, pero hay también regiones de Oriente Medio y Asia donde se practica. Las causas son varias, pero pueden resumirse en la pureza y el recato que las mujeres deben mantener, según estas sociedades, para contraer matrimonio. Esta práctica asegura que la mujer mantenga la virginidad antes de casarse y la fidelidad después, pues en algunas comunidades las mujeres mutiladas tienen más probabilidad de encontrar marido, además de que en ciertos lugares es un hecho casi universal que no se cuestiona. Y, aunque los textos cristianos y musulmanes no la respalden explícitamente, muchas personas los utilizan para justificarla.

En varios países africanos, la MGF es una tradición bastante extendida

Entonces, si no es la religión, ¿cuál es exactamente su origen? No está claro, pero se sabe que la circuncisión genital femenina es anterior al nacimiento del cristianismo y del islam. De hecho, algunos historiadores aseguran que algunas momias egipcias presentan rasgos de la MGF y que en el siglo V a. C. ya la practicaban los fenicios y otros pueblos, además de tribus africanas. Pero no hay que alejarse tanto en el tiempo para demostrar que la MGF ha estado presente en todas las épocas: en los años 50, se practicaba en Europa Occidental y en los Estados Unidos para “tratar” la histeria, la epilepsia, los desórdenes mentales, la ninfomanía…  

Esta práctica conlleva numerosas consecuencias, como el riesgo de contraer infecciones y virus como el VIH, problemas menstruales y sexuales y complicaciones en el parto, además de los muchos trastornos psicológicos –ansiedad y depresión, entre otros– que supone para la víctima. También, en la mayoría de los casos, se necesita intervención quirúrgica para contener las hemorragias o para prevenir la muerte, pues la mutilación genital femenina provoca unas 44.000 muertes tan solo en África. De hecho, según UNICEF, se está produciendo una medicalización de ello en 1 de cada 4 casos (aproximadamente 52 millones de mujeres): el procedimiento de la mutilación lo hace el personal sanitario, en un hospital, aunque la práctica sea ilegal en el país en concreto. Esto, aunque pueda parecerlo, no supone menos riesgos para la víctima, ya que también tiene una alta probabilidad de sufrir problemas de salud tanto a corto como a largo plazo, por mucho que se realice en un centro médico.

En el resto de los casos, la mutilación se produce en condiciones insalubres: normalmente son realizadas por personas mayores de la comunidad, mujeres en la mayoría de las ocasiones, o parteras, aunque también curanderos, herboristas, barberos, parientes… Para ello utilizan cuchillos, tijeras, bisturíes, cuchillas o trozos de cristal, sin anestésicos ni antisépticos para evitar el dolor o las infecciones. Es, sin duda alguna, una verdadera atrocidad. Y, por si fuese poco, en muchas comunidades a las víctimas suelen atarles las piernas para inmovilizárselas durante unos diez días para que la herida cicatrice. Todo ello provoca numerosos perjuicios para la salud y desemboca también en la intervención médica. De hecho, un estudio de la OMS realizado en 27 países donde se lleva a cabo esta práctica estima que los costos económicos al tratar las complicaciones de las mutilaciones asciende a unos 1.400 millones de dólares. 

En los últimos años, gran parte de la población de algunos de estos países se ha mostrado en contra, pero aún así esta cruel práctica continúa

Por tanto, hay factores sanitarios, políticos y económicos por los que la mutilación genital femenina debe erradicarse. Pero la razón principal es, por supuesto, que esta práctica constituye una violación de los derechos humanos. Es, en cierta manera, otro castigo sexuado más, un acto represivo contra las mujeres, alentado por instituciones machistas y sociedades patriarcales. Además, atenta contra los derechos de la infancia, ya que últimamente la mutilación se lleva a cabo en edades tempranas para que así las víctimas no puedan cuestionar la degradación que van a sufrir tanto física como psicológicamente.

En cierta manera, es nuestro deber como sociedad dar a conocer este suceso. En las sociedades donde se practica, la mutilación genital femenina es una tradición, por lo que la población no está concienciada y no alza la voz, ya que ni siquiera se contempla esa costumbre como un grave peligro, no solo para la salud sino también para la dignidad humana, y seguirá ocurriendo todo ello si no se llevan a cabo medidas, como las que desde 1997 proponen la OMS y UNICEF, entre otros, por las que se ha conseguido alcanzar la situación actual. Todas sus iniciativas, la creación de organismos contra la práctica y la aplicación de programas en las comunidades afectadas han contribuido a reducir las cifras, aún hoy exuberantes. Por tanto, podemos llegar a la conclusión de que hay que reforzar las acciones internacionales y, además, dar difusión a lo que ocurre, a través de manifestaciones, charlas en las aulas, artículos informativos… Todo ello en nombre de aquellas niñas y mujeres que no pueden rebelarse.

El 6 de febrero es el Día Internacional contra la MGF

De hecho, si las medidas internacionales de las organizaciones antes mencionadas no surten efecto o no llegan al objetivo final, se estima que en el 2030 la cifra de niñas en riesgo crecerá debido a los conflictos y el aumento de la pobreza y desigualdad. Esto también influye en los países europeos, pues una parte de la población inmigrante continúa con esta tradición a pesar de encontrarse en una sociedad occidental, que denuncia la MGF, aunque no lo suficiente. Nunca será suficiente hasta que no haya ni una sola niña que lo sufra y esa es una cuestión que nos incumbe a todos. Hablando de ello a nuestros familiares, amigos y personas cercanas contribuimos a que el problema sea real, pues al no afectar directamente a nuestra vida y a nuestro país no lo tenemos en cuenta, no estamos concienciados del sufrimiento y de la desigualdad que se están produciendo en muchas partes del mundo. Las nuevas generaciones, los jóvenes, tenemos el deber de luchar para que la mutilación genital femenina no perviva.


 
 

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Mercedes G. Rojo http://entrepalerasyencinas-mercedesgrojo.blogspot.com/

Ligada al mundo de la creación literaria y la animación, difusión y promoción cultural cuento con poesía, relatos y literatura infantil publicados en numerosas antologías, publicaciones corales y revistas y blogs especializados, habiendo recibido diversos premios a lo largo de mi recorrido. Actualmente colaboro como articulista en diferentes medios, con proyectos propios, siendo uno de mis afanes visibilizar la obra de las mujeres en el campo artístico. Entre mis publicaciones individuales cuenta, entre otras, con Días Impares, Pecado de omisión y varios títulos de álbumes ilustrados de la colección Hrias. y leyendas del gato maragato, además de algunas más que verán la luz próximamente.

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