Entrechocaron las miradas,
se vieron, y descubrieron
el más puro odio, nada más.
Ella aguanta por ellos,
está luchando por ellos
hasta que no pueda más.
Cobijada en ese tan conocido
rincón de la cocina,
entre la mesa y el fogón.
donde tantas veces se escondió,
donde él no alcanza a tocarla,
se esconde de los puños brutales.
Suelo que es regado, más bien bañado
por lágrimas crispadas de impotencia
y de sentencia de muerte.
Es golpeada casi a diario,
ultrajada, vejada.
En ese rincón oculto
donde casi nunca llega él,
abrazada a sus rodillas,
espera.
Ni siquiera quiere mirar
ni sentir, ni vivir,
sino fuera por ellos.
El malnacido se ha dormido,
ella deja de llorar.
Mañana acechará otra vez,
tal vez no le dé tiempo
a guarecerse en su rincón.
Tal vez la golpee mañana
¡quién sabe si más!
Otra vez le dará alcance y
son su puño en su garganta
ya no podrá ni llorar.
Sólo aguanta por ellos.
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