Mantengamos esa llama encendida,
riámonos por los dibujos que forman las nubes,
tomémonos de la mano mientras caminamos,
juguemos crucigramas en la cama.
Levantémonos al despuntar el alba,
y preparemos el café por la mañana,
mientras tú untas la mermelada al pan,
yo llevo las tazas, los utensilios y el azúcar.
Por las noches amémonos en la penumbra,
que tus besos acaricien mi alma,
que tu gemido, ausculte mis recuerdos,
para luego arrebujarnos con el abrigo de nuestras pieles.
Seamos como dos árboles caídos.
tiesos en este bosque de sábanas y almohadas,
cuando sus hojas rasgan nuestras pieles,
formando cicatrices que escocen los ayeres.
Por las mañanas el sol penetra entre cristales, insatisfecho.
el viento se tensa por el tiempo,
mientras las paredes se humedecen y
las puertas y ventanas chirrían sentimientos.
Ciudades, países, mares, ahora nos separan,
para colmo, una miríada de recuerdos hoy se ha manifestado,
pidiéndome que lo exorcice,
de mi mente, de mi alma.
Ya no puedo querer y no tenerte,
porque cuando deseé, te tuve,
y te perdí cuando te quise,
o cuando creí que lo hice.
El azar es a veces demasiado caprichoso,
porque ahora que estás lejos, te busco,
y cuando te tuve conmigo,
me perdí.
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