martes, septiembre 22 2026

DETRÁS DE LA PUERTA by Anabel García

La puerta es un buen conductor del sonido. Fina apoya la oreja y las voces que llegan del otro lado quedan atrapados entre el grosor de la madera y sus poros, actuando como un pequeño altavoz que apenas altera el timbre del sonido de las palabras que escucha.

La primera vez fue un accidente, se había quedado encerrada en el cuartito almacén de su prima y por no hacerse notar escuchó el chaparrón de insultos e imprecaciones entre la pareja.

Después de aquello descubrió que era el modo más sencillo de enterarse de las cosas.

Desde que la habían traído del pueblo, con la excusa de ayudar a la familia con los hijos de su prima Didi, Fina había esperado que fuera otra cosa. Ayudaría en casa, correcto, pero también podía sacarse el curso de mecanografía, y salir al cine de vez en cuando, y conocer Madrid hasta dejar de abrir la boca, inconscientemente, por todo lo que le llamaba la atención. Pero las semanas pasaban y no llegaba ese instante de adaptación, ni para pagar la matrícula, según Didi, era demasiado cara y mejor esperar al año que siguiente en que su hijo menor empezaría a quitarse de en medio, sin los pañales, y sería más llevadero.

Y para colmo nunca contaban con ella, no la llevaban a ningún sitio, su presencia se reducía a hacer la compra, a planchar la ropa y limpiar vómitos y excrementos infantiles.

Desde detrás de la puerta Lina empezó a recopilar los trapos sucios de la familia, el número de veces que Didi y Camilo follaban, las veces en que lo hacía Camilo con una tal Chispa por teléfono, las peleas matinales, las vespertinas, los lloros de Didi en la bañera, las críticas continuas de su tía, la cata de comida y todas las retahílas sobre sus imperfecciones.

Desde detrás de la puerta el mundo quedó dividido en dos, el interior se convirtió en el escenario donde los personajes actuaban, y a su lado, estaba el patio de butacas, donde el espectador invisible los escuchaba sin darse cuenta de que eran un divertimento ajeno. A veces los papeles se intercambiaban y Fina, por probar, se morreó con Camilo, o descuidó sus tareas como el pañuelo rojo de Didi que se coló en el programa corto de la lavadora tiñendo toda la ropa de color rosa.

Algo de esto acabó por llamar la atención de su prima, su tía también colocó las manos en las caderas en gesto acusatorio, y con la voz aguda de una soprano desafinada, la sentaron en un taburete y la hicieron escuchar todas las quejas y lamentos.

– ¡Serás desagradecida! Te abro la puerta de mi casa. Te hemos dado cama, comida ¿Para esto? Vaya modo de aprovecharte de nuestra buena fe.

Fina no tuvo claro de que le acusaban exactamente, ¿Fue por lo uno o por lo otro?, pero le hizo gracia que utilizarán la palabra puerta. Era una frase hecha, pero en ese caso muy real, encajaba perfectamente con su situación. Didi la abrió y la cerró para dejarla siempre a un lado o al otro, pero nunca dentro de la misma habitación. ¿Sería por eso por lo que nunca pudo ponerse en su lugar? No le importó demasiado tener que irse. Por una vez estar detrás de una puerta significaba que había elegido la vía de escape.

El portazo hizo los honores, fue lo mismo a que cayera el telón, uno grande y pesado, de terciopelo color vino con flecos, y Fina salió de la obra con la boca firme, satisfecha y cerrada, admirando los altos edificios de la calle.

Además, no se marchó de vacío, en el interior del abrigo tenía el dinero suficiente para la matrícula del curso de mecanografía junto una maleta llena de ropa interior y blusas bien planchadas de color rosa.

Anabel 13_14May24


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo