(Francisco Bravo Cabrera, escuchando la Sonata no. 9 de Beethoven)
Bueno, quizá mejor te diría El arte y la vida o El artista y la vida, algo así creo que hubiera sido mejor titulo, pero no, el que le he puesto me gusta…
La vida, ¿Qué es la vida? José Saramago en su libro Todos los nombres dijo: “La vida es como los cuadros, conviene mirarlos cuatro pasos atrás”. Cuatro pasos… fenomenal.
El distinguido escritor, que yo admiro mucho, nos ha dicho a que se parece la vida, pero no nos ha dicho que cosa en si es la vida, ni porque la relaciona con los cuadros. Bueno, ¿Será que los cuadros son similares a la vida? Yo no lo creo y te voy a explicar por qué.
Los cuadros son representaciones. Nada de lo que se plasma sobre la tela, o la madera, o la superficie que use el pintor, es verdad. Acuérdate que nada en el arte es realidad. A lo más cerca que llega es a un reflejo, si lo hace bien el artista. Si te metes bien en el cuadro quizá verás en él algo que asocies con la vida real, nada más, jamás vas a encontrar la realidad, pero si tienes suerte, verás como el autor la ha visto. Un cuadro, como una peli, una obra de teatro o un ballet, miente. Finalmente, tampoco vayas tu a creerte que en el arte vas a encontrar sinceridad. Quizá el arte sea la cosa más cínica sobre la faz de la tierra. No lo dudes.
Y ¿Por qué te digo esto? Porque yo soy artista y no quiero que te tupan. Mi formación profesional y académica me enseñó que la realidad no es arte. El arte se nutre de la realidad; la usa, la adorna, o la ensucia, pero siempre la cambia, la modela y la ajusta a sus necesidades. El actor no siente lo que tú crees que está sintiendo cuando lo ves en el teatro o en una peli. Tampoco el pintor ni el poeta. Sí, todos utilizamos las emociones, pero como dijo el gran director y co-fundador del Teatro de Arte de Moscú, Konstantín Stanislavski “La emoción cruda (la humana) no es arte”. Jugamos con la emociones crudas, pero las que representamos son creaciones artísticas, punto.
Entonces, ¿Por qué dar cuatro pasos atrás? Francamente no lo sé. ¿Buscar mejor perspectiva? Quizá…
Pero bueno, ahora vamos a ver, ¿Qué es un artista? Los grandes maestros del renacimiento europeo no se consideraban artistas. Se consideraban artesanos. Eran hombres (y mujeres, si, no vayas a pensar que porque no las mencionen no existían) que habían aprendido bien su oficio y que algunos también se habían formado en otras disciplinas. Además, pintaban, no lo que querían, si no lo que le encargaban sus mecenas que eran la iglesia, la realeza, la nobleza y hasta cierto punto también la clase burguesa que comenzaba a surgir.
Puede que haya sido el propio Miguel Ángel el que primero se consideró artista, pero eso es debatible. La cosa es que los artesanos se fueron convirtiendo en artistas. Ya siendo artistas eligieron los temas que iban a pintar y la temática de sus cuadros pasó de escenas bíblicas y retratos de reyes a una cosa más casual, cotidiana y totalmente secular. El arte comenzó a cobrar valor y comenzaron los coleccionistas. Después vinieron los museos y con ellos se empezó a escribir la historia del arte. En 1793 se fundó el Museo del Louvre en Paris, en Madrid el Museo del Prado abrió sus puertas en 1819 y el Metropolitano de Nueva York en 1870.
Así fue cambiando la cosa. Vinieron las vanguardias del Siglo XX y el arte cogió por senderos antes impensables y los artistas empezaron a evolucionar. Pero ahora, después de los grandes hitos artísticos de genios como Picasso y Matisse, los artistas ya no saben qué hacer. Buscan experimentar, llamar la atención, chocar, alarmar, escandalizar y hasta ofender. También les gusta que la gente piense que son seres excepcionales con habilidades casi sobrenaturales. Pero tú ni te lo vayas a creer que son pamplinas.
Los artistas de hoy en día no somos genios ni vanguardistas. Ya todo está hecho, así que no pienses que para ser bueno el arte tiene que ser original porque no hay nada original ya en el arte. El buen artista, como dijo Picasso, imita, pero el artista brillante roba. Pero lo que ha robado lo transforma en algo mejor. Y te recuerdo que hacemos arte solo por una razón: ganarnos la vida. Nadie se mete en un atelier diez horas al día, pintando como un desenfrenado, por amor al arte. Lo hacemos porque queremos vender nuestras obras. Y si te hablan de la inspiración tampoco te lo creas. Es un mito, una tontería, un cuento de hadas, un engaña bobos. El artista pinta porque trabaja, y se dedica a su trabajo, no por inspiración de una musa con poderes mágicos, si no porque tiene hambre.
Chico, pensándolo bien mejor titulo hubiera sido El gran engaño…
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