El mérito es una luz que alumbra al ego, un faro que, en lugar de guiar, quema la sangre que recorre el cuerpo, la calienta tanto que la endurece, la vuelve insensible. En su búsqueda frenética, el hombre se desvive por alcanzar laureles que prometen un valor fugaz.
Camina sobre caminos de espinas y fuego, convencido de que cada aplauso, trofeo o papel es una escalera hacia un cielo que nunca será suyo. Pero cuando finalmente se detiene frente al espejo, el tiempo ya le ha arrebatado la oportunidad de reconocerse. Lo que encuentra es un rostro extraño, ajeno, desgastado por una batalla que él mismo se impuso, una guerra silenciosa hecha con manos que sangran.
Tanto luchó, tanto entregó, que olvidó su esencia, su raíz, su verbo, su mar.
@Jessica Sánchez texto
@Imagen Pinterest
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