Con la fuerza de los vientos,
con la fuerza de los mares,
con la fuerza del alma herida
convertida en huracanes.
Así entrará en vuestra casa,
penetrará enojada la vida;
y enfurecida atravesará
puertas y ventanas temidas.
Quédense quietos y sumisos,
doblegará los egos abusivos.
Caminen muy despacio…,
por ese orbe desconocido.
Donde la anoche se oculta,
donde el silencio solloza,
donde no existen miradas.
¡Dónde el pesar destroza!
Allí se irán todos de aquí;
mas tú, mi apreciado ser,
comienza a vivir porque ya
nunca más volverás a gemir.
Ángela Rosco López
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