Recuerdo los días camino al colegio:
nunca iba de la mano de nadie.
Con apenas 11 años, mi hermana
lideraba el camino. Recuerdo perderme un día,
por quedarme atrás, de vuelta, por un camino
que no hacíamos a menudo.
Al día siguiente, volvíamos a recorrer el camino,
una al lado de la otra. Ni en los días más pesados,
le pedí que cargara mi mochila.
Sigo siendo torpe y lenta
y nada tiene que ver ser de extrarradio,
bajita o cabezota, excepto yo misma.
Apenas reconozco una dirección
por la que no he ido antes. Incluso
me equivoco, cuando no son caminos familiares.
Y tampoco pido que nadie cargue nada por mí.
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