Le han dicho que hasta lo que el cuerpo aguante, y teniendo en cuenta como se puso en la comilona de las fiestas del pueblo el verano pasado, la cosa pinta mal. Francamente mal.
Puede que su cuerpo ya lo sepa y ha sido su conciencia, tras la visita al médico, y el resultado de la resonancia, que se lo ha tenido que repetir unas cuantas veces para entender la mierda de situación. Los ojos rojos de Marilia, las preguntas de Jesús al médico, porque él aún no ha querido comprenderlo y se niega y quiere que le digan que él tiene razón, han sido el añadido devastador.
Pero él es un tipo pragmático ¿o no? Al pan pan y al vino vino, que no le jodan con tecnicismos ni nombres de tratamientos.
Así que antes de que le rodeen con un edredón asfixiante y miradas de compasión, tiene que hacer una revisión individual, escaparse de todos y todo. Así que en cuanto han llegado a casa, delante del portal les ha dicho que necesita aire, solo, sin compañía, solo ¿Entendido? y que le esperen, que en un rato va.
«¿Pero a dónde vas?»
Mejor no les responde, el sarcasmo hace bolas y bolas por diferentes partes de su cuerpo.
Compra un cuaderno en el chino, tiene un unicornio, y el bolígrafo es de color verde, es el primero que ha visto y no está para buscar otros tonos más acordes con su estado de ánimo.
Busca un lugar con gente. Que haya movimiento ajeno, vidilla de la calle y acaba en un parque lleno de niños pequeños enloquecidos y bancos a rebosar de madres y abuelos.
¿Se había sentado antes en un banco de esos? Porque haciendo un poco de memoria no acompañó mucho a Marilia cuando le toco a los suyos y luego…Simplemente no formaba parte de su geografía vital.
Ostias, vital, vaya palabrita. Dos sílabas, dos sonidos cortos y directos que parecen resumir mucho, aunque en su caso no haya subido al Kilimanjaro, ni descubierto unas ruinas romanas o la vacuna de una enfermedad rara. VITAL. Carcajada limpia. De esas, en cambio, ha tenido unas cuantas.
Unos niños están muy cerca de él, en el suelo pintándolo con tizas, rayos que van y vienen, líneas serpiente y látigo, mientras hablan sin parar en un idioma rápido y extranjero: «Niñolés«, según lo bautiza tras concentrarse unos minutos y tratar de traducirlo.
Abre el cuaderno del unicornio, se guarda la tapa del bolígrafo en el bolsillo y acerca la punta al papel, y lo aleja y lo acerca y lo aleja, según la angustia le aprieta las cuerdas vocales.
Si es que…No hay manual para esto. Una guía, unas recomendaciones de usar y tirar. «¿No hay nada, cuerpo? ¿Ahora es hasta que tú digas?». Vaya modo de trabajar en equipo.
Se acerca y se aleja. Se acerca y se aleja, se…Empieza con la lista de la compra y de ahí se puede meter en otros temas.
Suavizante, pero del de color azul que huele mejor.
Unas costillas de cerdo para el horno.
Pimientos verdes para el sofrito.
Cerveza ¡Qué cojones! Doce latas y en el próximo partido voy a beber todas las que me apetezca. Salud de mierda.
Papel de cocina, aunque Marilia me dice que no hace falta, aunque siempre se traigo igual, y que no sabe dónde poner los rollos…Tal vez, sin saberlo, tengo complejo de momia.
Volar lejos porque de momento ir hasta las Canarias no puede entenderse así. La luna para empezar es una buena idea, y la falta de gravedad seguro que me sienta bien. Allá arriba las lágrimas y la sangre forman gotitas flotantes. La enfermedad puede que haga lo mismo.
No preocuparse por la hora. Qué si es tarde, qué si es pronto. Ahora sí que me da igual. Tirar el despertador por la ventana. Y colarse en las casas de los demás y pedirles lo mismo. Y salir en la tele tirando despertadores. Sino te despiertan tampoco hay que ir a dormir.
Levanta la vista y los niños de tiza se arrastran por delante de él. Unas supuestas flores torcidas; y grandes, dibujadas en su imparable necesidad de decoración de exteriores. Alegres, despreocupados, eufóricos y rabiosos en su ahora o nunca, porque ellos son un cóctel que rebosa actualidad ¿Cómo sabe uno de esos? No se acuerda ¿Cómo eran exactamente?
Quiero una bebida de esas, con una aceituna, y servido en un vaso azul semitransparente para que parezca que es de ese color.
Y un masaje con una mano de veinte dedos. Así se me quita la vergüenza. Al venir de todas las direcciones no hay opción, los sentidos estarán concentrados en una única caricia. Eso sería maravilloso elegir una sensación en estado puro.
Y una bolsa de pipas saladas. Varias, porque como me mencionen la palabra dieta, y el exceso de sal, les voy a ofrecer una bolsa de pipas y…
Carcajadas. Carcajadas. Lástima que no tenga una cinta casete con las grabaciones de alguna de ellas. Aún estoy a tiempo, aunque es posible que no suenen igual o al contrario, estás serán únicas, aforismos finales de un cuerpo que aguanta.
Una niña tiza está a su lado. Tiene los dedos, y parte de la cara de rosa, amarillo y azul. En niñolés le pide que le enseñe el cuaderno. Ha visto el unicornio de la tapa de abajo, es lo que tiene tenerlos a su alrededor y no haberse dado cuenta antes.
Tira de su manga y al descubrir sus párrafos verdes parece desilusionarse.
-No es lo que esperabas ¿eh? Pues vete acostumbrando.
La niña hace un mohín y le enseña una tiza violeta. Su alma de artista pide espacio para expresarse.
Mueve páginas y se lo ofrece.
-Dedícame algo con firma incluida ¿Vale?
La cría canturrea un hit niñolés, asiente y se afana con velocidad en sus deditos tiza.
Trazos que van y vienen. Justo lo que él siente.
-Elenaaaa no molestes al señor.
Él levanta la mano hacia la madre. No molesta, pero la niña termina y con un gesto enérgico se despide y se va corriendo hacia la mujer, dejándole a cambio el trocito de tiza sobre el cuaderno.
En cuanto ellas se van se da cuenta que el parque se ha vaciado. Sin avisarle, el sonido y las pisadas han huido de golpe. El sol parece ir tomando la misma dirección, hacia la luna seguramente, donde la ausencia de gravedad lo cura todo, y el suelo está edulcorado con dibujos infantiles. Se sube en el banco, y desde esa pequeña altura ganada el mural tiene una nueva perspectiva. Grande, abstracta como la vida misma.
Me quiero quedar aquí. Planetas y tormentas de colores. Círculos, líneas entrecruzadas. Ir y volver, ir y volver, ir y volver…
Baja del banco y se pone a cuatro patas sobre el suelo y con la tiza violeta extiende el tríptico con formas geométricas, con rayos y centellas de adulto. Los unicornios no son lo suyo, pero si las carcajadas a modo tebeo. JAJAJA.
-Pero ¿Qué hace ahí?
No se molesta ni en darse la vuelta a mirar. La luz escasea y hay que aprovechar.
-Dejadme en paz. Estaré aquí hasta lo que el cuerpo aguante.
Anabel 7-8Mar25.10Apr2025
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