Hubo una mañana que te desnude sin sacarte la ropa, y te escribí para volverte loca mientras vos me robabas las hojas y luego te arranqué el corazón con mis dos manos y me lo comí con los ojos.
Y te quedaste con mi nombre apretado en los labios de tus besos y las piernas ya no te servían para caminar y de ahora en más solo ensayas vuelos diferentes sin decir nunca adonde vas porque tu cabeza ya no piensa ni razona, solo quiere olvidar la extraña forma en que nos conocimos porque yo fui la sorpresa que no esperabas, lo que en tu mente y tú vida creías que no tenía lugar, las palabras que ya no puedes escribir, los lugares adonde vuelves para visitar los espacios vacíos de las mesas olvidadas, para volver a ver mi sonrisa que te llama, las manos juntas volando en la ventana, la noche que se derrumba en silencio con un ejército de espíritus seguidores, de sombras tristes que te nombran.
El terror de abrir la puerta y cruzar la línea divisoria que te ama, de lo que pudo ser y ya no es nada.
@Jesús María Cello.
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