domingo, abril 12 2026

Josefina Blanco.- La sombra de Valle Inclán por Maripau González Bodeguero

Nacida en León en 1878 y fallecida en 1957 fue una actriz que acabaría por dejar de brillar. La carrera de Josefina se fue consolidando desde 1902 con “Alma y vida” de Benito Pérez Galdós, en el Teatro Español.

Josefina Blanco Tejerina fue una niña prodigio que cuando conoció a Ramón era valorada y admirada, pero se enamoró de él, catorce años mayor, y es que se mezcla o confunde el sentimiento de amor con el de admiración.

Josefina abandonó su carrera de actriz al casarse, para ser «una persona invisible”, porque si bien cierta admiración hacia el otro hay en el amor, como decía Almudena Grandes, en este caso la diferencia de edad y la personalidad del literato, eran barreras insalvables. Ramón era un consagrado escritor, laureado y ovacionado, y quiero pensar que el corazón de Josefina anuló a su razón. Se definía como una sombra de su «eximio esposo». Se conocieron poco antes de estrenarse “La comida de las fieras (1898) ‒de Jacinto Benavente‒, donde ella actuaba, y él también, ella con poco más de veinte primaveras y ya reconocida. Se casaron en 1907.

Siendo él el infiel, tiempo después, harta de los celos de Ramón y de sentirse desamparada porque él la abandonó y alejó de sus hijos, decidió solicitar la separación legal, acogiéndose a la Ley del Divorcio, que se aprobara en la Segunda república española, en 1932, tras un intenso debate parlamentario impulsado por la que sería su abogada, Clara Campoamor: “Aquí donde me ve, soy para todo el mundo una mujer invisible, cuando no una demente, por culpa de mi marido ‒comentó Josefina‒. Toda vez que busco solución a un problema que él me causa, pretendo una justicia o procuro organizar razonablemente mi vida y la de mis hijos, ante mis quejas y mis pretensiones, todos exclaman: «¡Cosas de Valle-Inclán!», y me dan la espalda.

Llevo ya más de un cuarto de siglo conviviendo con el Hombre, después con el Genio y ahora, durante demasiado tiempo, con la Máscara. ¿Se puede imaginar la fortaleza que es necesaria para enfrentarse a esa tríada?”, confesaba, siendo el punto de partida de una novela sobre esta mujer
extraordinaria, escrita por Isabel Lizarraga, cuyo título es “Valle-Inclán y su pleito de amor”, publicada por Espuela de Plata-Renacimiento hace un año, cuando se conmemoró la obra “Luces de bohemiana”. Esta novela, muy recomendable, trata de la existencia y vida de quien es la sombra de una ilustre, brillante y magistral pareja. En este caso, escritor. En la novela el desenmascaramiento es brutal.

A los cincuenta y tres años ella se sentía vacía, y muy sola, siendo solitaria y sintiéndose herida por un pasado de fachada ficticia. Estaba cansada del esfuerzo de un corredor de fondo luchando por salir de la sombra, para ver cómo, poco a poco, la máscara no correspondía a la personalidad real de
Ramón. Lo vio como un ser, egoísta con querencia para que todos cumplieran sus deseos excéntricos. Por supuesto, quién creería su versión, pues nadie.

Eran famosas las boutades en las tertulias de café («¡Cosas de Valle-Inclán!»), y él la etiquetó de loca.
En 1917 la entrevistó Margarita Nelken y ahí mostró la cara real del literato. Pero aún mostrando admiración, curiosamente, y se declaraba insignificante ante él. Con amargura, porque aún estaban juntos y ella se mostraba sumisa y dócil. Parecía una pareja feliz, uno manda y otro obedece, la unión perfecta, pero bajo esa agua de estanque había un volcán.

En 1932, Clara Campoamor había de encontrar causas suficientes para justificar la demanda de separación. Parece ser que se reunieron tres veces para diseñar la estrategia, y ahí es cuando Josefina explica la turbulenta historia de sus relaciones con Valle-Inclán, en el clima de tensión permanente
con ratos de placidez escasos. Acabó por convencer a Clara de que la represente en el pleito, el primer caso tras aprobarse la ley. Ambas mujeres pioneras y valientes por igual. Josefina no estaba loca, como decía Ramón, pero sí anulada. Luchadoras ambas, la historia reconoció a Clara como mujer
de gran personalidad e inteligencia, pero Josefina no tuvo esa suerte. El tema amoroso para Ramón siguió un proceso un tanto rocambolesco. Tuvo una fallida aventura con una joven, cómo no, y él fue quien solicitó el divorcio de Josefina. Quiso el destino que no llegara a vivir para obtenerlo y poder…
¿casarse de nuevo? Pocos días antes de la vita, prevista el 14 de diciembre de 1935, tras los tres años de separación que marcaba la ley, él estaba muy enfermo, y moría en enero de 1936.

Lo que es la vida.

@Maripau González Bodeguero

@Pintura gentileza de Francisco Bravo Cabrera

https://www.paintinginvalencia.com/


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