viernes, septiembre 4 2026

Huracanes internos – by Vecca Preetz

Un pequeño remolino capta mi atención.
Estoy en medio de mi cuarto. Las ventanas, cerradas.
No hay viento que lo explique.

Me acerco.
A cada paso, el remolino absorbe algo desde mi interior —
algo sin nombre que yo no sabía que tenía.

Crece.

Una sensación sorda ocupa la boca del estómago.
Trastabillo. Quiero huir.
Pero el remolino no atrapa: elige.
Me elige.
Y me envuelve.

Toma velocidad.
Giro adentro.
Me mareo.
Vomito.
Grito.

El remolino se expande. Derriba las paredes, estalla los vidrios, arranca las puertas de sus goznes. Se alimenta como un monstruo que lleva demasiado tiempo con hambre: tritura todo en mordiscos voraces, descarnados, sin pausa.

Yo sigo en medio.
Lo que escupe me lastima.
Aprieto con fuerza los oídos.
Cierro los ojos.

En cuanto me sienta segura, saltaré.

Escucho el crujir de las paredes cediendo.
La fuerza viene de adentro. Siempre viene de adentro.
Estas tormentas siempre las esperamos desde afuera.

Escombros. Hierros. Basura acumulada que no resta —
que suma.
Las raíces de un árbol.
El árbol entero.
Pasan, y al pasar arrancan parte de mi piel
que había quedado enganchada en una rama quebrada.
Sin que yo pudiera hacer nada.

Rojo.

Se suma el rojo a este núcleo gris.
Giro y giro y giro.
Casi sin poder reconocerme.

Grito.
Pero el caos ensordece.

Quizás no hay manos. Quizás no están extendidas.

Veo, en gotas enormes, cómo se desangra mi cuerpo.
Lacerado por tantos escombros.
Miro hacia arriba —hacia la apertura del núcleo—
y no hay sol.
Creí que habría sol.
Vi en alguna película que en el ojo del huracán hay luz.

Mentira.

Solo cabezas. Corazones. Partes de humanos y de animales.
Fragmentos de lo que aparentaba ser invencible
y hoy son restos pequeños, sin peso.

El núcleo me trae gris y sangre.
En cascada.

Es inconcebible respirar dentro de un remolino que gira vertiginoso.
Como es inconcebible ver, en medio de ese giro,
los movimientos lentos de mi cuerpo que se despedaza:

silencioso, al grito mudo de un abrazo ausente,

suplicante.

 


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