Termina Cartas desde Europa de Félix Molina, lo hemos publicado durante 20 semanas. Y hemos disfrutado de su recorrido por tantos autores. Félix nos sorprenderá de nuevo: Ahora con “Cartas desde España” como cada miércoles
J re crivello
Fundador de Masticadores
Y… Carta 20: Cesare Pavese by Félix Molina
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi
a la mujer que conduce el topolino se le antoja un helado y tú ya anticipas la crema entre sus labios, la vida que sigue fluyendo pese a ti
questa morte che ci accompagna
y tú acompañando con los ojos a la niña que arrastra su cuerda por la calle, sobre la plancha hirviendo de las aceras
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola,
un grido taciuto, un silenzio.
y tú buscando a alguien más en la plaza que rodea al hotel, tú buscando el último paquete de cigarrillos, la última caja de somníferos, la última luz de este verano que por fin no va a acabar
Cosí li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio.
así me ves con la corbata olvidada en un cajón, despeinado, robado de todos, tuyo al fin, muerte
O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.
la mujer que termina su helado, la niña sigue combando sus horas, más cerca incluso, el recepcionista revisa las habitaciones para ver quien más las ha dejado este domingo, había otro fumador debajo de esta cornisa, que mira también a la mujer y a la niña, quizá todo pulule, de alguna forma, en otros hoteles, en otras ciudades
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Incluso para mí, que miro.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Esta ese murmullo de lo que acaba, posado sobre todo, el topolino abandona la plaza en dirección prohibida, la niña se agarra al brazo del fumador de más abajo, que era su padre, el recepcionista que cada vez está más cerca, ya puedo oír su silbido, no sé si un aria o esa canción napolitana tan pegadiza, tú aún puedes recogerlo todo, echarte el pelo para atrás, ponerte la chaqueta, saludar a los viandantes y regresar a alguna playa de Liguria, para que todo vuelva a empezar, todo aún no es silencio, aunque cierres los ojos, la mujer toca el claxon a la niña y al fumador, abre la mínima puerta que los acoge, el recepcionista ya no silba, ahora tararea, está justo en la habitación de enfrente, se calla
Scenderemo nel gorgo muti.
Cesare Pavese (1908-1950), poeta de tan solo dos libros —uno de ellos contiene el poema que glosa a su manera esta troquelación— y prosista de algunos de los volúmenes más bellos escritos en lengua italiana (El diablo sobre las colinas, El bello verano), es el autor sobre todo de una personalidad hermética, entretenida en una búsqueda casi platónica de la verdad, la belleza y (quizá) la bondad que acabó con su vida. Ante la imperfección, Pavese se refugió con maestría en el estilo, y para nuestra fortuna lo fue derramando en cuantos libros pudo, haciendo incluso de sus diarios (El oficio de vivir) uno de los más brillantes ensayos sobre la lucidez en medio de la desesperanza. Filólogo inglés, Fue también traductor al italiano de lo mejor de la literatura norteamericana (Melville, Faulkner). Acostumbrado a la muerte, el episodio del Hotel Roma de Turín que troquela este final de Cartas desde Europa se queda para sus lectores en mera anécdota.

Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours