Comienza la cuenta atrás…
Cinco, cuatro, tres, dos, uno…Se abren las puertas. Una avalancha de gente recorre el pasillo central. Cómo si fuera el último día de la existencia se agolpan unos contra otros dándose codazos, pistones y hasta zancadillas. Todo es válido para llegar antes al cajón de las ofertas de duración: 1 hora.
Camisas, pantalones, blusas floreadas, bragas, tangas , sujetadores a precios ínfimos, precios gancho para llamar a la clientela. Una mano alcanza un sujetador a un euro, pero…otra mano tira desde el otro lado del cajón por la misma prenda. De pronto, vuela un zapato de tacón de aguja impactando en la cara de la mujer que viera aquella pieza en primer lugar. Ante semejante agresión y mientras sangra por la nariz le da un golpe de bastón en los mismos dientes postizos que se mezclan con toda la mercancía expuesta. A los demás nada parece importar esta guerra, van a lo suyo, a encontrar la mejor prenda al mejor precio, incluso si es dos tallas menos de las que precisa. El objetivo, comprar barato.
Al fin la mujer del bastón se hace con el sujetador sin tiras y dos tallas de copa más grande que la que usa. Ésta camisa es mía, la vi yo primero dice un hombre haciéndose hueco entre la marabunta. Nooo, esa es mía dice otro mientras la prenda se queda sin mangas arrancadas de cuajo por los dos contendientes. ¿Ésto no tiene precio? Pregunta una joven levantando el el aire la dentadura postiza perdida por la mujer que hizo volar el zapato momentos antes. Es mía, grito ella. ¿Cómo suya? La vi yo, pero no tiene precio.. Así durante una hora en varios cajones enormes repartidos por la planta baja del centro comercial. De nuevo la cuenta atrás, se termina la oferta..tres, dos uno.., se hacen hueco los servicios de seguridad para dejar que los empleados cambien las promociones.
Casi sin dar tiempo a que ambos se retiren, decenas de manos se cruzan y entrelazan buscando gangas. Dos hombres jóvenes se pelean por adjudicarse unos gayumbos de rayas a un precio barato. Por las plantas superiores los clientes llenan cada espacio pero paseando de manera pausada. La
cafetería se llena en la planta sótano, es el momento del relax, de la calma casi total. Los camareros toman nota de las comandas y sirven lo antes que pueden, mientras en la planta baja continúa el descontrol, las batallas por unos calcetines, por unos zapatos del 45 para alguien que
calza un 38.
Me gustan éstos azules, decía una mujer mientras intentaba calzarse unos de tacón claramente más pequeños que su pié. En el mostrador de reclamaciones se encontraron frente a frente la joven que buscando unas bragas rosa había encontrado la dentadura postiza y la señora que la había perdido en el rifi rafe con la del bastón que había dejado ya de sangrar por la nariz.
A ver joven, cálmese le decía la jefa del departamento: Ésta dentadura no está en venta, nosotros aquí sólo vendemos ropa y zapatos. Pero yo la encontré en el cajón y lo que está en él tiene que estar en venta, insistía foribunda la joven que no sobre pasaba en mucho los quince años.
Tres vigilantes de seguridad se acercaron por qué temían un encontronazo entre las dos mujeres. Al
verlos, la quinceañera se calmó un poco y dijo: está bien, le permito que se la pruebe, si le sirve se la lleva al fin y al cabo no creo que le sirviera a mí bisabuelo, sentenció ésta al final.
@Carlos Cubeiro
@Imagen Pinterest
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