Siempre me ha gustado esa frase, la de comparar la opinión que tienen algunas personas de sí mismas como si fueran la última Coca-Cola del desierto, y es verdad que uno se topa en la vida con personas así. Lo curioso en mi caso es que me gusta la frase pero no me gusta ese refresco, y ya sabe todo el mundo que lo mío es el café, y café hay para todos los gustos y a mansalvas, aunque no creo en eso de “café para todos”, en que valga lo mismo para todo el mundo.
Uno se equivoca en la vida y cree haber encontrado personas que son tan únicas como si fueran en ese último refresco en medio del desierto, un soplo de aire fresco, auténticas, que saben ver en ti lo que otros nunca habían visto, y entonces te sientes importante, quizás por primera vez,, y curiosamente pasas de ver a verte la última Coca-Cola del desierto a sentirte tú así, especial y único.
Hay mil maneras de hacer sentir a alguien especial, muchas ideas para demostrarle a una persona lo importante que es para ti, desde una mirada, un detalle, una caricia, una llamada, una tarde compartida, un café… hasta comprometer toda tu vida. Pero cuando lo que recibes son apenas unos segundos, migajas de su propia vida (esos momentos que alguna vez he llamado los “minutos de la basura”), lo que queda cuando se han volcado en los demás, y encima te quieren hacer creer especial, la cosa no cuela, o no al menos cuando ya pintas canas.
Quizás las personas que creen que son tan valiosas como esa última Coca-Cola del desierto siguen el ritmo de nuestra sociedad, la oferta y la demanda, la ley del mercado. Estos días cuando informaban en televisión sobre la epidemia de peste porcina me preguntaba el chico sobre la diferencia que había entre eso y el aceite, y por qué uno sube de precio y el otro baja, por qué la carne de cerdo estaba por los suelos de repente.
Le he explicado (lo mejor que he sabido) en qué consiste eso de la oferta y la demanda, y que cuando alguien no quiere comprar de algo los precios bajan, porque el que lo produce necesita de alguna manera recuperar parte del dinero y mejor cobrar poco que nada. En cambio, cuando hay mucha oferta todo pierde su valor, hay tanto que puedo ir a otro más barato y parecido, más fácil de lograr, más cerca de de mi, mientras que cuando hay demanda el precio se encarece. El precio, que no el valor, porque el valor de las cosas está por encima del que otorga el mercado, que pocas veces tiene en cuenta los procesos, el trabajo o el sacrificio. Y si hablamos de diferencia entre precio y valor de las cosas, con las personas ni te cuento lo diferente que es.
Eso me recuerda otra frase que me encanta: “cuando el plato tiene dueño de todo el mundo le entra hambre”. Es una frase que empleo mucho cuando se habla de celos, de fidelidad, y de cómo parece que hay personas que solo se ven atraídas por otros no cuando podrían y están libres, sino cuando ya no es el momento porque se comprometieron. Pero hay personas que quieren ser plato para demasiados comensales, y se muestran como en una carta de restaurante de élite, pero eso no da para saciar el hambre de vida que debería de colmar a cualquier persona. Son platos para mirar, no para alimentar el alma.
Yo reconozco que como por los ojos, y que cuando veo platos que me gustan voy a por ellos y necesito sentirme saciado. Todo me parece poco y quiero sentirme lleno, lleno de vida, lleno de esa persona a la que nada mas ver su cara hace que tenga ganas de comerte el plato entero y repetir. Y que acabe en postre (y café por supuesto, y el cigarrito de después). Lo malo es cuando hay demasiada gente que quiere ese mismo plato, y yo reconozco que no soy de compartir plato, ni de guardar colas para entrar en ninguna parte, ni siquiera para comer algo que deseo.
Y explicando eso de la oferta y la demanda me he dado cuenta de que no me gusta pertenecer a un mundo de mercado ni de mercadeo, de verduleros pregonando mercancías, por muy exóticas que estas sean, ni de platos maravillosos que me van a dejar con hambre porque la ración es testimonial. Que no me resigno a que todo rija por esa maldita oferta y demanda.
El chico al acabar ha cogido una Coca-Cola (por cierto, la última que quedaba) y se ha marchado, pero me he quedado fumando un rato más y pensando. Soy más de pensar que las cosas valen lo que valen por sí mismas, y siento que hay personas que saben apreciar el valor de las cosas sin poner precio, de valorar y abrazar sin reservas, sin mirar la cartera ni mucho menos el reloj. Ay…el valor.
Las cosas tienen un valor monetario, pero valor me recuerda a valentía, y lo opuesto a la valentía es el miedo. Y los miedosos nunca tienen fe en que alguien va a valorarle por lo que es, no llegan a creer que para ti el o ella es realmente especial y único, sin mensajes subliminales, sin perderse en la letra pequeña, o en letras rebuscadas con mil significados. Y como no confían, como no te creen, como siguen más pegados a sus miedos, se hacen de menos, no se valoran tampoco, y quieren un aplauso externo tan abrumador que les haga sentir diferentes. Así que acaban decorando los platos para que a ver si así, con muchos postores, sienten que ellos mismos tienen más valor, que son esa última Coca-Cola.
Creo que se engañan porque eso no es valentía sino esclavitud de la imagen de uno mismo que desea proyectar, pero que no es la que alguien que mira con ojos limpios llegó a captar. Y no hay mucho que uno pueda hacer, porque el valor que tú le diste se ve superado por el precio que otros le han puesto. Y entonces se vende, y no te queda más remedio que irte porque ahí “está todo el pescado vendido”.
Así que voy a terminarme el café, que sin duda es barato, y desde luego no va a ser el último, ni para mi ni para nadie, recordar lo que valoro y a quién valoro, y tratar de hacérselo saber de una forma tan clara que ya no quiera ni necesite que nadie más le diga lo maravillosa que es. Que se fie le baste este sencillo café, aunque no sea tan refinado como el de una cafetería de autor. Si vienes y quieres compartirlo para mí será un gesto que vale mucho más de lo que diga nadie. ¿Café?
@Manu 
@Imagen Pinterest
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.