martes, abril 28 2026

Dibujos by Marcos B. Tanis

—¿No te parece algo extraño que Nicolás se encierre en su cuarto y se la pase dibujando?

            —Cariño, ¿qué es peor? ¿Qué se pase todo el día al teléfono? ¿Qué no tenga nada de qué hablar cuando se lo preguntamos?, déjalo ahí con sus cosas.

            —No quiero que actúes como si en verdad no te preocupe su comportamiento.

            —¿Entonces qué has visto de inusual en él?, dime, por favor —Manuela frunce el ceño, no puede luchar contra esa verdad.

            —Tengo una mala intuición… pero no sé cómo explicar.

            —Mira, hagamos un trato —Aníbal le extiende la mano para firmar un pacto de padres preocupados—, ante el primer episodio o síntoma que ves en él, lo llevamos al psicólogo.

            —Trato hecho —Manuela le presiona la mano como una caballera de la época romana. Ahí termina.

            Nicolás nació con ese don particular para crear dibujos tan perfectos y que parecía hecho por un caricaturista profesional. La mirada, los gestos, los trazos, las ropas, incluso ciertas anatomías hacía que, a simple vista, alguien podría imaginar la naturaleza malévola de sus creaciones.

                Sin embargo, no era él quien lo hacía, sino una voz en su cabeza que le decía cómo, sobre todo, cuál era el mensaje que quería dejar.

            Ya tenía varios bocetos hechos y una vez terminase el recado, los uniría para dejarlo como su biblia personal. Porque, pese a ser solo dibujos, por las noches él hacía lo más importante, escribir las conversaciones que tenían los personajes.

            Según el prólogo, el profeta, llamado Utriel, fue hecho de energía cósmica y no creado por un dios según la Iglesia Católica.

            Utriel es asexual, pero con rasgos de hombre; cuerpo atlético, de nariz puntiaguda y mentón cuadrado. El estándar de un humano modelo… perfecto.

            No nace como un niño entre animales ni por la ilusión de un ángel. Ya su creación surge a los 33 años, con la autonomía y la claridad en sus menesteres. Sobre todo, con un poder de; con solo mirar a su posible discípulo, este se ciñe a lo que Utriel disponga como su nuevo maestro.

            Poco a poco va formando un ejército de rebaños que entregan el mensaje y ofrecen una verdadera salvación. No muerte, ni resurrección. Juventud eterna, sin enfermedades y el dinero suficiente para vivir con dignidad en un mundo creado para iguales.

            Es fácil convencer al pueblo, pero el poder es real. Las personas empiezan a sentirse con la energía de sus épocas doradas, las canas desaparecen, al igual que las arrugas y el milagro ocurre frente a sus ojos. No hace falta redimirse ni ofrecer diezmos, mucho menos arrodillarse con contrición y pedir algo que nunca se concederá.

            —Hijo, ¿qué tal si vemos una película? —Aparece su madre.

            Nicolás cierra de golpe su historieta. No es tiempo aún de enseñar lo que no está terminado.

            —Por supuesto, mamá. ¿Hay palomitas de maíz?, ¿papá vendrá?

            —Sí, ¿Qué película quieres ver?, mientras lo eliges, preparo las palomitas.

            —Coco.

            —Está bien.

            Los tres se acomodan en el sofá y Nicolás sonríe, se entusiasma, también llora.  No ven nada de qué preocuparse. Los dos se tranquilizan. Tienen a un chico normal.

©2026 Marcos B. Tanis.


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo