viernes, julio 17 2026

ENAM – capítulo 6

Portada de la novela Enam de Cristina R. Yebra

Enam. Capítulo 6 por Cristina R. Yebra

La autora nos comparte un nuevo capítulo de su novela. Leer este nuevo capítulo de Enam invita a adentrarse en la novela.

La doctora Syn llegó al Pusat más temprano de lo habitual. Esa mañana volvería a reunirse con el Comité de Evaluación y por la tarde iría a casa de Aglaya y Laka.

Entró en el despacho y colocó en el perchero la bolsa con el regalo de cumpleaños y su bolso. El chal se lo dejó puesto. Aún hacía fresco. Después se acercó a la cocina y preparó un té aromático de especias y un desayuno a base de cereales, frutos secos y frutas deshidratadas con leche vegetal y una cucharada de cacao.

Cuando terminó, lo recogió todo y fue hasta el escritorio.

Se reclinó en el sillón y se quedó así un rato, con la taza de té entre las manos. Pensaba en sus amigas. Su gusto por el té de especias era una influencia de Aglaya y Laka. Tenía ganas de ir a la cita prevista. Le vendría bien distraerse un poco. Se incorporó y preparó una corta y sencilla presentación para la visita de esa mañana. El resto del tiempo lo dedicó al informe.

Minutos antes del encuentro con el comité, pensó en la actividad inédita. «Tendré que hablar de ello al equipo ―dijo para sí―. Debo aclarar que mi investigación tiene una carencia, un vacío».

 

La directora llegó a la sala de reuniones. Dentro la esperaban las dos mujeres y el hombre. La estancia estaba amueblada con una mesa alargada y varios sillones alrededor. Un reloj de pared marcaba las nueve y media.

Después de los saludos, la doctora Syn indicó que tomaran asiento. Accionó un interruptor y las persianas automáticas empezaron a bajar. También activó la climatización de la sala. Luego encendió el equipo audiovisual y la habitación quedó tan solo iluminada por la luz procedente de una pantalla interactiva.

Un suave y casi imperceptible hilo musical se oía de fondo.

La directora colocó el pelfg en una de las bases de la mesa de reuniones y proyectó la presentación en la pantalla. La diapositiva de la portada mostraba el edificio circular del Centro con su característico jardín vertical. El título de la presentación era «Fundamento de la investigación que sostiene el nuevo modelo del Pusat». La divisa del sistema Enam aparecía debajo de la imagen: «Tiga Puluh Tiga: una sociedad individualizada no separada del tejido universal». Y en la esquina inferior derecha se podía leer: «Dra. Parvati Syn». Por último, debajo del nombre constaba el lugar y la fecha: «Tiga Belas, 4 de octubre del año 69».

La doctora Syn se sirvió un vaso de agua, tomó un sorbo y dijo:

―Antes de empezar, me gustaría hacer una breve introducción acerca del número de internos y las especialidades que sustentan el Pusat.

Los miembros del comité prepararon los pelfg.

―En relación con el número de sujetos ―explicó la directora―, aunque he registrado una gran cantidad de datos en los distintos centros de la península, no podemos perder la perspectiva de que el número de ingresados es mucho menor que el equivalente al número de presos en la Edad Kuno. Es decir, en nuestra nación, el número de internos por habitante está por debajo del uno por mil o, dicho de otro modo, Península del Sol tiene tan solo cuarenta y cuatro ingresados por cada cien mil habitantes.

La doctora Syn gesticulaba con un perfecto control del cuerpo y de las manos.

―¿Dirías, entonces, que el Pusat es un centro penitenciario?

La directora miró contrariada al evaluador.

―Oh, no. He hecho ese símil solo para que os hagáis una idea, pero en nada tiene que ver el Pusat con una cárcel o con un centro penitenciario de la época pasada de la nación. ―La doctora Syn esperó unos instantes y, ante el silencio del grupo, continuó con la explicación―: En cuanto a las disciplinas que lo integran, la técnica que desarrollo no solo se basa en las especialidades más experimentales, sino también en las ramas humanísticas y en determinadas prácticas de corrientes espirituales, como se mostró en la primera visita. Partimos de una completa relación de la persona consigo misma y con el entorno. De este modo, estudiamos el ecosistema humano.

Los evaluadores tomaban notas en los pelfg.

―¿Hay alguna pregunta más?

Nadie comentó nada.

―Después de esta introducción ―prosiguió la directora―, enfocaré esta breve exposición de conceptos teóricos según los epígrafes que tengo previsto incluir en el informe final. De acuerdo con esta estructura, me centraré en los apartados segundo, tercero y cuarto, dejando fuera los epígrafes menos relevantes para el cometido de esta visita. Siendo estos, el primero, el quinto y el sexto, titulados, respectivamente: «El ser humano como una función biológica», «Actividades y disciplinas aplicadas a cada nivel de estudio» y «Conclusiones y desarrollos futuros». También incluiré una reflexión final a modo de epílogo. Pues bien, aclarado esto, y empezando por el segundo epígrafe, «Lo salvaje contra lo sensible», mencionaré que mi investigación desarrolla y complementa la teoría de Aglaya Sarasvati, una de nuestras ilustres pensadoras y una figura imprescindible dentro del movimiento que surgió como reacción al Gran Incendio. En este momento, es la actual coordinadora de la Escuela y, entre otros, ostenta el cargo de consejera en la Asamblea.

Los rostros de los miembros del equipo daban señales de orgullo y satisfacción ante las referencias a la fundadora.

La doctora Syn dio paso a la primera diapositiva de la exposición. A continuación, dijo:

―Me refiero a la «teoría del individuo sensible frente al salvaje» que la pensadora expone en su tratado filosófico Humanos sensibles y salvajes. Y aunque se estudia en la Escuela, me gustaría repasar los conceptos específicos que conciernen a mi investigación. ―La directora señaló la presentación y marcó con el lápiz táctil una de las expresiones que aparecían―. Sarasvati acuña el término de «expansividad humana» para referirse a nuestra imperiosa necesidad de crecimiento. Partiendo de esta idea, y considerando la propuesta originaria de los fundadores, donde Tiga Puluh Tiga sería la máxima expresión del sistema Enam, la pensadora propone alcanzar la mejor versión del ser humano focalizando esa necesidad de crecimiento en la sensibilidad de la persona.

»En este sentido, sugiere que desde el propio sistema se fomente la capacidad del individuo para entender y sentir tanto a los demás como al ecosistema del que forma parte.

Los miembros del comité no dejaban de tomar apuntes.

―Y centrándonos en el fundamento de la teoría ―prosiguió la doctora Syn―, la fundadora habla de las consecuencias tan diferentes en el estilo de vida de una sociedad según qué clase de rasgos sea predominante entre las personas que la conforman. Sobre esta base, distingue dos tipos principales de rasgos: los salvajes y los sensibles. Según aclara, los caracteres salvajes suelen ser más agresivos y menos susceptibles de domesticación; mientras que los sensibles son más dóciles y aptos para la domesticación.

»De acuerdo con esto, Sarasvati destaca el papel de las personas de naturaleza más domesticada, dócil y sensible a la hora de propiciar una vida mejor.

La presidenta intervino y manifestó:

―Esa es la idea que subyace en la actuación de los fundadores después de la catástrofe del Gran Incendio. Me refiero a cómo jóvenes de condición sensible buscaron la forma de redirigir la expansividad humana hacia otras cotas más saludables.

La directora asintió y esbozó una sonrisa. Unos hoyuelos aparecieron en sus mejillas. Se aclaró la garganta y, siguiendo con la explicación, dijo:

―Pues bien, complementando la teoría de Sarasvati, el estilo de vida no solo es un elemento pasivo, sino que juega un papel activo. Es decir, al mismo tiempo, este condiciona la presencia de unos rasgos u otros entre las personas de una comunidad.

»De hecho, estas ideas sobre la genética y el ambiente ya se habían tratado en la Edad Kuno. En la actualidad, este conocimiento se aplica de manera consciente y planificada a los ecosistemas humanos. Por un lado, nuestro modelo de sociedad permite que proliferen los rasgos dóciles y sensibles y, por otro, se ocupa de quienes dificultan la buena convivencia en la comunidad.

»En definitiva, si entendemos la domesticación como una mejora de la especie, el Pusat es el mecanismo que tiene nuestro sistema para conseguir este propósito. Por eso, entre los diversos aspectos de la conducta humana que dificultan las relaciones personales y profesionales, elegí los tres que me parecieron más conflictivos: la pereza, la rebeldía y la violencia.

La doctora Syn miró al grupo y dijo:

―¿Hay alguna pregunta?

―Sí —respondió la presidenta—. ¿Por qué escogiste esos tres en particular? ―Y enseguida añadió―: Hay otros rasgos de comportamiento que afectan a la convivencia.

La directora tocó la pantalla y se proyectó una nueva diapositiva titulada «Individuos conflictivos». Las tres áreas de estudio del Centro aparecían en líneas consecutivas.

―Entiendo lo que dices ―contestó la doctora Syn―. Y debido a eso el sistema Enam cuenta con una institución encargada de resolver los litigios de índole general. Sin embargo, el Pusat aporta un enfoque más específico, que será tratado con mayor detalle en el tercer epígrafe del informe referido a los «Individuos conflictivos». Para el caso que nos ocupa en esta visita, y en respuesta a tu pregunta, escogí estos tres aspectos porque cada uno de ellos dificulta la convivencia en un sentido: la pereza por su nivel de estancamiento, la rebeldía porque altera el equilibrio y, por último, la violencia por el peligro que entraña la agresividad descontrolada.

―Pero, en el caso de la rebeldía ―intervino la evaluadora de voz feminizada―, ¿no es contradictorio?

―¿En qué sentido? ―preguntó la directora.

―Quiero decir que, según está enfocada en tu investigación, no solo es un problema, sino parte de la solución al ser un motor de transformación del sistema.

―Cierto. La rebeldía es, a su vez, imprescindible en cualquier sociedad humana. Gracias por tu apreciación.

―Doctora ―dijo el hombre―, ¿cuál es el fundamento de la técnica que desarrollas?

―La técnica que desarrollo se basa en la plasticidad cerebral.

El evaluador tomó nota en el pelfg.

―Si conforme a esta capacidad biológica ―intervino la presidenta― se consigue transformar la conducta de quienes dificultan la convivencia, ¿cuál dirías que es tu premisa?

―Bien, aunque los ingresados del Pusat son sujetos diferentes y únicos, parto de la hipótesis de que todos ellos son susceptibles de domesticación. Sin embargo, volviendo a la teoría de Sarasvati, si nos centramos en las personas que presentan rasgos más salvajes, debo reconocer que no todas responden al programa de actividades del Centro.

La presidenta tomó unas notas y preguntó:

―¿En qué área de estudio hay más individuos con estos rasgos?

La directora tomó un sorbo de agua y, a continuación, respondió:

―Los sujetos con una naturaleza más salvaje se dan, sobre todo, dentro del tercer nivel. Utilizamos el término «individuos irrecuperables» con los ingresados que nunca vuelven a incorporarse a la comunidad.

―¿Te refieres a las granjas?

―Así es ―contestó la doctora Syn.

Un profundo silencio se hizo en la sala. Solo se oía el tenue hilo musical. Ninguno de los miembros del equipo dio muestras de querer seguir hablando de ese tema y la directora se sintió aliviada. El tema de los individuos irrecuperables era una de sus mayores frustraciones como investigadora. Mientras la presidenta y el hombre tomaban notas, la evaluadora de voz feminizada preguntó:

―Doctora, ¿cómo definirías tu técnica?

La directora agradeció la intervención de la mujer y dio paso a la siguiente diapositiva. Echó un vistazo rápido al contenido. Ya habían tratado varios de los epígrafes que figuraban en la proyección.

―Desde un punto de vista científico ―explicó―, es un método basado en la observación, el experimento y el análisis. Buscamos resultados concluyentes y aplicables al mayor número de internos. Y, desde un punto de vista más amplio, es una investigación teórico-experimental cuya finalidad es conseguir un método de contención para mantener la estabilidad del sistema Enam.

La mujer asentía a la vez que tomaba apuntes.

―¿Dirías que ese es el objetivo último?

―Sí ―respondió la directora y consultó la hora en el reloj de la sala. Marcaba las diez menos cinco. Luego dio paso a la siguiente diapositiva―. Cerraré esta presentación…

―Disculpa, doctora ―interrumpió el evaluador―, ¿cómo se incentiva la transformación de los sujetos más problemáticos?

Esta señaló la diapositiva con una media sonrisa. En ella figuraba un epígrafe titulado «¿Cómo promover el cambio en los individuos conflictivos?». Debajo aparecían de nuevo las tres áreas de estudio del Pusat.

―Como decía ―retomó la directora la palabra―, cerraré esta presentación con unas nociones del epígrafe cuarto del informe que presentaré a la Asamblea.

―Como sabes ―intervino la presidenta―, con la revisión de ese documento se cerrará el proceso de evaluación de tu investigación.

―Cierto, justo lo he empezado estos días. Pues bien ―continuó la doctora Syn―, la transformación en estas personas no siempre es fácil. Como expliqué, un incentivo muy potente es recuperar el nombre sagrado, pero, incluso así, requiere entrenamiento, paciencia y voluntad de cambio. Además, en determinados casos, es necesario complementar la técnica con una medicación que regule los desajustes bioquímicos del sujeto.

―¿Se podría afirmar, entonces, que el Pusat es un centro médico?

La pregunta del hombre disgustó a la directora.

―No, de ninguna manera. El tratamiento lo prescribe el médico personal del interno. Si el sujeto, por ejemplo, necesitara ser atendido en un hospital, dejaría el Pusat por un tiempo.

Nadie del equipo de valoración replicó, de modo que la doctora Syn prosiguió:

―A continuación, señalaré lo más relevante de cada área de estudio. En primer lugar, descartando que la pereza esté causada por algún tipo de enfermedad, en el Centro se trabaja este aspecto con el hecho de no tener un propósito, una meta o un proyecto real en el presente. Y diré, sin extenderme mucho, que parto de la premisa de que ser conscientes de la transitoriedad nos permite vivir alertas. Sin embargo, en ocasiones, olvidamos la certeza de que somos seres efímeros. Y es ahí cuando suele aparecer la pereza. En estos casos, hay que reavivar el interés por el día a día y recuperar la evidencia de que tarde o temprano dejaremos de existir.

»En cuanto a la rebeldía ―indicó, a la vez que subrayaba la palabra con el lápiz táctil―, la cuestión está en qué es lo que ansían estas personas que no les deja aceptar sin más lo que tienen y conocen. Yo me atrevería a responder que todo está relacionado con la perdurabilidad. Es decir, salvo que una catástrofe de cualquier índole nos extinga, somos infinitos como especie y finitos como individuos. En este sentido, los seres vivos cargamos con la semilla de la infinitud. Y en ciertas personas, esto genera una ansiedad difícil de mitigar, al formar parte de lo que somos a un nivel estructural.

Los miembros del comité tomaban notas con avidez. Parecían dispuestos a recoger todas y cada una de las palabras de la directora. Esta se acercó a la mesa y, dirigiéndose al grupo, dijo:

―¿Queréis hacer alguna pregunta?

Las dos mujeres y el hombre negaron con la cabeza.

―En cuanto a la violencia, solo apuntaré que en el ser humano tiene diversos orígenes. En determinados casos, como he mencionado, es necesario administrar algún tipo de medicación que ayude a los sujetos a relajarse. Así evitamos que se hagan daño a sí mismos o a cualquier otra persona. La medicación, como ya aclaré, siempre se administra bajo la supervisión del especialista del interno.

»Por último, no quisiera terminar sin añadir que mi investigación tiene una laguna en esta área de estudio. Me refiero a la «violencia inducida».

―¿Qué quieres decir con eso? ―preguntó la presidenta.

―Que no he encontrado ningún ingresado en mi investigación que manifieste este tipo de violencia. Y no es de extrañar, dado que el modelo Tiga Puluh Tiga no induce a la violencia en ninguna de las esferas que lo conforman. En la Edad Kuno, por ejemplo, sí era más frecuente. No obstante, si se diera el caso, dispongo de un método, todavía inédito, que analiza la violencia inducida en el sujeto.

La presidenta del equipo tomó nota en el pelfg.

―En cierto modo ―planteó―, tu técnica está incompleta.

―Así es, faltan datos a este respecto.

―¿Y qué hay de los miembros de la Suara?

La doctora Syn experimentó una sensación de incomodidad. El evaluador ya mencionó a la organización en la primera visita. Aquel día había evitado responder dando a entender que no era el momento de tratar ese tema. Ahora, en un marco más teórico, debía considerar la cuestión.

―¿Ninguno de ellos presenta este tipo de violencia? ―insistió el hombre.

―No, ninguno de ellos ―contestó la directora.

―¿Y a qué crees que se debe el comportamiento incendiario de estos sujetos? Si, como dices, desde el sistema no se induce a la violencia, ¿cuál es el origen de sus actos?

Las palabras del hombre resonaban dentro de la doctora Syn. ¿Por qué la Suara surgió décadas después de la fundación del sistema Enam?, se preguntaba. Quizá hubiera tenido sentido al principio, pero no tiempo después. En el estilo de vida Tiga Puluh Tiga no existía el descontento social. Sin embargo, toda la población, incluida ella, sabía que el discurso de la Suara era el de «lo salvaje contra lo sensible», una realidad del pasado que Aglaya había recogido en su teoría. Muy a su pesar, no tenía respuesta a la pregunta del evaluador.

―Bueno, ya está bien por hoy ―intervino rápidamente la presidenta―. No podemos pretender que la directora del Centro tenga todas las respuestas. ―Se incorporó del asiento y el resto del equipo la siguió―. Doctora, con esta visita se cierra una parte de la evaluación de la técnica en la que trabajas. Si necesitaras de nuestra presencia en el Pusat, para valorar cualquier otro aspecto de tu investigación, no dudes en contactar con nosotros.

La directora asintió y se despidió del comité.

 

De vuelta a su despacho, la doctora Syn recibió una llamada en el pelfg.

―Hola, Etain ―respondió.

Escuchaba a su colaboradora con paciencia.

―No te preocupes. Sigo muy ocupada, pero, de igual modo, pararé a almorzar y así podrás contarme la experiencia de tu primer día sin tutelar.

Había notado cierto nerviosismo en la voz de la muchacha. «Seguro que duda de estar a la altura de la tarea que le he encomendado», pensó.

Eran las diez y media cuando retomó su trabajo con el informe. Disponía de tiempo suficiente para terminar de esbozar el contenido antes de acudir a la cita con su ayudante.


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