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TAROT by Verónica Boletta

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Una humedad blanda lo sacó del letargo. El sueño duró diez minutos, varios horas o siglos de vida. Era imposible medir el tiempo con instrumentos ordinarios. Estaba sumergido entre la vigilia y el descanso reparador. Lejos, muy lejos, unos ladridos lo apremiaban. Una respiración se agitaba junto a su boca. Mmmmm… —se desperezó con los ojos aún cerrados. La cama es demasiado dura y el servicio de habitación, deficiente. La próxima vez que planee un fin de semana romántico reservaré en otro hotel. Buscó la espalda de Mina para arrebujarse. Intentó acoplar la nariz al hueco de su nuca. Quería estirar músculos y languidez aferrado a su cuerpo.  En su lugar encontró una mata de pelos, un movimiento diminuto y constante a su lado.

La humedad blanda desparramó saliva en su rostro. Asco. Abrió los ojos enormemente sorprendido. Los cerró a tiempo para evitar una nueva embestida de la lengua de Corso. Pasó las manos por el rostro secándose el cariño del can. Estiró los miembros abandonando la posición fetal. Sentado sobre las baldosas frías de un garaje desierto intentó recordar los momentos previos a su sueño. No estoy en un hotel. Por eso la atención es mala. ¡No hay atención!

Recordó, o eso creyó, artículos variados, una venta casera e improvisada en aquel garaje. Si la hubo —dubitativo, desconfiaba de sus recuerdos— no quedaban restos de ella. El portón, abierto de par en par, le proporcionaba  el espectáculo de la acera sin transeúntes. Este pueblo me da mala espina. ¿Dónde estamos, Corso? No me respondas en Salsipuedes. Dime, amigo mío, ¿tu fino olfato huele el Mal?

Corso alternaba ladridos, lamidas y corridas tras una pelota de goma. Como un autómata, reconstruyendo los pasos previos al desvanecimiento, Lucas buscó en su bolsillo una foto antigua.  Estudiaría el rostro de la retratada, esa Mina desconocida le enviaba mensajes desde la cartulina. Indagaría en su historia. Preguntaría a los lugareños. Le pareció un buen tema de conversación. Tener una excusa para la charla le infundió ánimo.

Sintió cómo se helaba la sangre en sus venas al contemplar el objeto extraído del bolsillo. Un naipe poderoso capaz de doblegar a reyes y reinas, el as de corazones,  reemplazaba aquella foto.

 

Taller de Escritura FlemingLAB

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