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Un traje de 200 dólares by Claudio Nigro

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Cuando un alumno está seco le llegan unas lineas de mi parte por un Whattsapp casi desconocido que decía:

Un traje de 200 dólares para reuniones de instituto que no quieres que se sepa que has tenido éxito -j re crivello

Parte 1 La Previa by Claudio Nigro

 ¿Que puede ser peor que compartir un día de trabajo con un grupo de decrépitos, escépticos, con metalidad del siglo XIX?

Tal vez como en mi caso, es vivir en un pueblo plagado de envidiosos, que con sólo mirarte sientes que te van empujando al andén de los fracasados.

Era un día como cualquiera, con la diferencia que en los últimos meses había conseguido una serie de aciertos profesionales que me estaban catapultando hacia la cima profesional.

Aquel 17 de diciembre del 2014, que como todos los años para ese período, se realizaban las reuniones anuales de cierre del instituto de actividades industriales, en el cual yo era miembro adjunto, con postulación para formar parte del directorio activo.

Obviamente, en esa época, era bastante jóven, con buena presencia física y académica, lo cual generaba cierta incomodidad a los miembros del directorio, que la suma de edad daría mas o menos unos 998 años (no crean que eran muchos miembros), seguramente habrán sido excelentes profesionales, pero mas ligados a la época de Da Vinci o los más jóvenes a las máquinas de vapor y el carbón.

Ese día amanecí un tanto ansioso porque seguramente quedaría en evidencía algo que mi mujer me recomendó ciento de veces no lo dejara expuesto a mis sucesivos aciertos profesionales que me encaramaban sin escalas al otorgamiento del título miembro directivo Honoris.

Para ese dia crucial, me compré un vislumbrante traje azul de Christian Dior de U$s200, una camisa blanca y corbata acorde.

Vestido para la ocasión, con un beso y bendiciones de mi amada esposa (y mil recomendaciones) me dispuse a salir de casa en dirección al tanque de tiburones (así lo llamaba),  era la hora de la chusma en puerta de sus cuevas , donde invernan y cuecen sus pociones de veneno, salen a barrer, todavía un tanto lagañosas y mal peinadas, no se cosas que se pierdan la primicia de algún evento importante y la premier de su contrincante de la vereda de enfrente y sólo les toque escuchar sin comentar. Mi esposa siempre dice que lo hacen para que la lengua no pierda agilidad perniciosa.

Pero bueno, no me quedaba otra que salir Justo en ese momento crucial convirtiéndote en el perfecto blanco móvil; me persigno e invoco a los santos protectores, por San Miguel de Ancárgel y me entrego a la buena fortuna.

Abro la puerta , salgo con mi impecable atuendo, traje azul de Christian Dior, camisa blanca, zapatos lustrosos negros y allá vamos

¡Mi Dios! Me siento arder en el infierno

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parte 2 El viaje

 

Me dirijo al carro velozmente, tratando de esquivar las miradas filosas de la chusma en puerta, ya a esa altura me sentía un X-Men!

Prácticamente me zambullí dentro del auto y partí de inmediato hacia el Instituto, mientras conducía, contestaba llamadas de trabajo e intentaba colocarme la corbata en forma correcta, sentí deseos de convertirme en un pulpo para poder hacer todo al mismo tiempo, de pronto lo inesperado , terribles retorcijones intestinales

¡Carajo! Los nervios estaban haciendo efectos letales; menos mal que mi querida esposa que es previsora en todo, colocó en mi bolsillo el kit de emergencias digestiva   (es que ella me conoce más que yo mismo): 1 pastilla de Buscapina + 1 de Estreptocarbotiazol…) y bloqueo casi instantáneo de posibles incontinencias intestinales

 

Parte 3 La Llegada

 

Llegué al Instituto pensando como debía ingresar a esa gran sala que poseía grandes ventanales de vidrio en el piso 23 de la zona de Catalinas de Bs As , todo recubierto en madera lustrosa, una gran mesa central con sillas tipo Luis XV como para unas 60 personas;  antes decidí pasar por el toilette para ajustar imagen y presencia.

Me miraba al espejo y simulaba gestos, verificaba estado de camisa, posición de la hebilla del cinturón (debe estar debidamente alineada al ombligo) y obviamente corbata, en esta ocasión elegí nudo corazón para que se sienta algo de impertinencia.

Pero las recomendaciones de mi asesora marital de imágenes me taladraban la cabeza una y otra vez ¿cómo disimular ante el gran cónclave de vejestorios que componían el directorio del Instituto mi posición exitosa?

Mientras me dirigía a la sala por esos pasillos interminables trataba de armar una estratégia de participación , en esa lucha dicotómica interna se sumaba un grave problema, que dada mi juventud era orgulloso y con pinceladas de sobérbia.

 

Parte 4 El desenlace

 

Ingrese a la Gran Sala, como les decía tenía grandes ventanales que se podía observar y disfrutar la Comarca del Río de la Plata.

En la mesa de madera lustrosa estaban sentados ya varios de los directivos que me observaron casi con fuego en las miradas, hasta me pareció ver a Satanás en la cabecera de la mesa.

La diferencia generacional en estos casos es cosa de “ los unos y los otros” , no hay arreglo posible.

Ya comenzada la reunión y mientras escuchaba cosas inverosímiles del siglo pasado, me quedé perdido en una imagen fantástica que observé a través de esa maravillosa ventana al cielo, era un ave que volaba dócilmente,  se dejaba llevar por los vientos del Este del Río de la Plata; que cosa fantástica – pensé en ese momento, ese viento hace todo por ella, la veía disfrutar de la libertad y de las caricias de aquella brisa, yo en cambio estaba del otro lado oliendo a viejo en una hermosa carcel de madera, hierros y hormigón.

De pronto cosas importantes inundaron mi cabeza, mis hijos, mi esposa , sus palabras sabias.

 

 

Así como el ave, me dejé llevar por esas imágenes sabiendo que tenía todavía todo un camino por recorrer junto a cosas importantes y que mi éxito sólo se lo debían ellos… mis afectos.

Mi presencia  se diluyó por completo en ese tanque de depredadores

En un momento, me preguntaron;

– ¿Ud que piensa ? – calculo que percibieron mi ausencia mental

Pero sólo atiné a contestar , con pequeña sonrisa en boca

– Estoy de acuerdo

Sentí que la magia de los sentimientos me había tocado por primera vez ; sin que ellos comprendieran nada; terminada la reunión me retiré con mis diplomas de honor en los bolsillos para que nada supieran.

 

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