
Hoy presentamos una nueva autora y colaboradora de MasticadoresdeLetras que reside en Ciudad de México. ¡Bienvenida Anne Kayve! j re crivello
La psiquiatra me mira fijamente, como esperando mi respuesta, pero yo no sé de qué está hablando, ya que es como si acabara de despertar de una ensoñación.
-¿Y bien, Cindy? ¿Ya me vas a decir qué es lo que sientes con respecto a lo que pasó aquella noche?
Sigo mirando mis pies descalzos y, después de asegurarme que siguen obedeciendo mis órdenes, los empiezo a balancear. Es como si el tiempo me tragara y me hiciera pequeña, pequeña e insignificante.
-¿Cindy?
Alzo la mirada lentamente y escruto su rostro perfecto, su bata impecable y sus zapatos manchados de sangre.
-¡Cindy! ¡Por Dios! ¡No tengo tiempo para tus tonterías! Te van a venir a examinar en menos de una semana y necesitas aprenderte todas las respuestas de memoria, si es que queremos que las cosas sigan como hasta ahora -Dice Linda mientras me zarandea para que despierte de mi sueño y aterrice, de nuevo, en la realidad. No sé en qué momento se acercó a mí, ella estaba lejos, lejos y ahora está cerca, cerca, un poco más cerca.
-Voy a repetir la pregunta y me vas a contestar con lo que ensayamos -Me ordena agarrando mi barbilla para que la mire a los ojos. Cuando ve que le estoy prestando atención, suelta: -Cindy Marths, ¿Cómo te sientes con respecto a lo que pasó esa noche?
-Confundida -Respondo automáticamente, como si las palabras surgieran sin mi permiso. Abro mucho los ojos, pues siento que ya no puedo controlar lo que está empezando a hacer mi cuerpo ni lo que dicen mis labios -Pero yo la maté.
-Bien -Me felicita la psiquiatra y me muestra sus zapatos llenos de sangre -¿Y cómo llegó esa sangre a tu doctora?
-Yo la embarré ahí para culparla.
-¡Perfecto! -Dice dando un brinquito de felicidad. Después, regresa a su escritorio, toma un frasquito con un líquido transparente y lo pone en una jeringa.
-Ahora, Cindy, es hora de seguir durmiendo -Anuncia y se acerca a mí.
Intento huir pero mi cuerpo no reacciona y a los pocos segundos que la aguja atraviesa mi piel, vuelvo a caer en la ensoñación que me va a llevar a mi perdición.
Anne Kayve
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