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Aclarando el término «feminazi»

LOS MIÉRCOLES DE MASTICADORES-FEM

Por Pedro J. Villanueva (Sección: Con firma masculina)

Miércoles, 30 de noviembre. 2022

NOTA DE LA EDITORA: Y aún con los ecos del 25 N zumbándonos en los oídos, y con él dicho término utilizado como arma arrojadiza desde algunos ámbitos políticos que a menudo contagian a la opinión pública (afortunadamente solo a una parte de ella, aunque en este caso siempre resulte excesiva), aprovechamos para completar el artículo que de nuestra compañera Ángeles Fernangómez (con ampliación al de Manuel Casal) rescatábamos el pasado miércoles, con el de nuestro compañero Pedro J. Villanueva. No, y no es casual que haya elegido los trabajos de dos compañeros. A ver si de una vez por todas nos vamos convenciendo de que el verdadero feminismo no es una cuestión exclusiva de mujeres, sino de personas, de seres humanos, más allá de su sexo o género que, por cierto, son también aspectos diferentes. En su momento, el artículo fue publicado en dos partes. En este momento -y aunque pueda resultarnos un poco más largo de lo habitual- lo reproducimos al completo, con el fin de que no perdáis tiempo buscando segundas partes.

(Nota de la editora: En la historia de los seres humanos, sea cual sea su naturaleza -ya sea por raza, sexo, cultura,…, o cualquier otra variante que quisiéramos tener en cuenta- y la época a la que nos remitamos, siempre ha habido luces y sombras. En este blog tratamos de descubrir las luces proyectadas por tantas mujeres que han pasado por la historia y que se nos han ocultado durante tanto tiempo. Pero también ha habido otras cuya sombra aún se cierne sobre el destino de muchas personas. En este caso no podíamos mirar hacia otro lado, y más cuando responden a un término que repetidamente se utiliza como arma arrojadiza contra cualquier mujer que lucha por los derechos propios y los de las demás. Y es que a cada cual lo suyo y con el lenguaje, mucho ojo, tal como nos cuenta Pedro J. Villanueva en este ilustrativo artículo, que hemos divido en dos porque creo sinceramente que su contenido merece la pena ser conocido. El término al que el artículo se refiere es totalmente injusto en la habitual utilización que hoy en día se hace del mismo, aunque refleja a la perfección la condición de las mujeres a las que sí podría aplicárseles el mismo, como podemos ver a continuación. Os lo recomiendo fehacientemente porque los atropellos y las injusticias que se cometen contra la humanidad pueden ser potestad de cualquier tipo de persona (incluidas las mujeres) y es justo reconocerlo. Pero que no nos metan en el mismo saco a cuantas verdaderamente luchamos por nuestros derechos, por no es ni real ni justo)

Tal como como relata el filósofo Byung-Chul, vamos de la sociedad de los locos a la sociedad de los cansados, ciudadanos devorados por su propio ego. Cada día se premia más el analfabetismo cultural y menos la reflexión y el razonamiento lógico de las cosas.

Somos una sociedad que tenemos por hábito, la mala costumbre, de denominar cualquier suceso que sea contrario a nuestra opinión de forma estereotipada y alejado de la realidad. La memoria y el intelecto se hace de Historia, y, si bien es cierto que la libertad de expresión es un Derecho Fundamental en nuestra joven Democracia, debe ir precedido del Derecho a razonar en libertad. No debemos dejarnos llevar por opiniones de otros y hacerlas nuestras, sin antes discernir si es correcta o no esa afirmación, o, por el contrario, está segada de incongruencias.

El término feminazi, es otro de estos apelativos propios de nuestro presente y que usamos sin ton ni son.

El ejemplo perfecto para entender este asunto, lo he encontrado en las redes, ese gran mundo virtual plagado de incorrecciones y defectos que asumimos como propios. En uno de los videos, mamá pata es seguida dirección a la charca por sus patitos, que siguen los pasos de su estela ansiosos de aprender. En un momento dado, cambian a mamá pata por una aspiradora de marca conocida, que comienza a dar tumbos y trazar círculos tal y como está programada. Los patitos, firmes en su convicción de seguir a su madre, reconocen a la aspiradora como a su mami, y la siguen provocando las risas de los que son testigos de su ignorancia ¿Y si en vez de una aspiradora hubiésemos colocado a un caimán o una serpiente pitón? Creo que todos sabemos la respuesta.

Foto obtenida de internet

Actualmente, colocamos denominaciones históricas como: fascista, comunista, franquista o estalinista…a personas o grupos a la menor ocasión. El término feminazi, es otro de estos apelativos propios de nuestro presente y que usamos sin ton ni son. Pero ¿qué hay de real en esta significación de feminazi?

Podríamos dedicar cuadernos y ensayos interminables sobre el Nazismo, sobre Hitler, sobre el Fascismo…pero yo les propongo otra cosa ¿qué les parece si buscamos feminazis de andar por casa, en la base de las cosas, en lo más simple? Vayamos a buscar a estas feminazis, como parte esencial del proyecto de limpieza racial, en los mismos campos de exterminio y en uno de los menos conocidos: El campo KL Lublin, más conocido como Majdanek. En este campo, el 3 de noviembre de 1943, tuvo lugar la mayor ejecución de civiles durante la Segunda guerra Mundial, 18.000 fusilados en tan solo unas horas: La operación Festival de la Cosecha-Aktion Erntfest.

Como en otras ideologías, la mujer en el nazismo quedó relegada a los últimos puestos de poder, y destinada únicamente a su función reproductora y asistencial. El Nazismo, creó los cuerpos femeninos necesarios para sus objetivos, solapando la opinión de las mujeres con su discurso atractivo, y dotó de simbología todo aquello que les afectaba para que pareciesen importantes en el propósito nacionalsocialista de conseguir una raza Aria y un III Reich perfecto.  Uno de los proyectos más importante para los nazis, en el que el papel de la mujer era fundamental, fue Lebensborn-Fuente de vida. Esta organización proveía de hogares de maternidad y asistencia financiera a las esposas de los miembros de las SS y a madres solteras; asimismo, administraba orfanatos y programas para dar en adopción a los niños, muchos de ellos robados durante la ocupación de territorios; solo en Polonia se habla de 150.000 niños robados.

Foto obtenida de internet.

Para llevar a cabo estos planes, y por supuesto, para participar en la selección y exterminio de la judería femenina y de niños, hicieron falta mujeres a pie de campo, mujeres alemanas adiestradas con anterioridad en campos especiales de ordenación como el de Ravensbrück; auténticas Feminazis.

Dos de estas mujeres, amigas y guardias en el campo de Majdanek, fueron juzgadas en los juicios de Düsseldorf (Alemania) en 1981. He querido exponer sus vidas (vuela pluma), especialmente después de las matanzas del campo llevadas a cabo en 1943, y como intentaron eludir la acción de la justicia pasando desapercibidas como dos simples amas de casa y amantes de sus familias.

Estas dos mujeres, si son Feminazis, y, por lo tanto, quede claro de una vez por todas el significado real del término.

Espero que sus estómagos aguanten mejor que el mío el relato de sus vidas, vidas que tuve que documentar, así como la de otros, para mi novela que saldrá a la luz en el mes de mayo y les invito a leer.

Hildegard Martha Luise, Krwawa Brygida. Brígida la maldita, la sanguinaria.

Hildegard Martha Luise, Krwawa Brygida. Brígida la maldita, la sanguinaria.

El día 3 de septiembre de 1943 tuvo que dejar Majdanek debido a un embarazo, embarazo del que nunca se hizo cargo su amante, y también guardia del campo, el SS Emil Laurich (conocido como el Ángel de la Muerte) ya que estaba casado, y Martha Hildegard lo desconocía.

Seis meses después de abandonar Majdanek, fue contratada de nuevo como superintendente de las SS y fue empleada en subcampos del campo de concentración de Auschwitz. Desde enero de 1945 trabajó en otro campo, esta vez en Tirol del Sur, donde fueron encarcelados combatientes de la resistencia italiana y personas perseguidas racialmente; continuaba haciendo lo que mejor se le daba —Asesinar inocentes.

Unos meses más tarde reaparece en Berlín, empleada como enfermera en un hospital estadounidense, obviamente tratando de ocultar su pasado nazi. En marzo del año siguiente, fue arrestada por la policía local mientras visitaba Austria y extraditada a Polonia un año después.

Allí, fue condenada en este primer juicio a 10 años de prisión.

Cuando salió de prisión, su vida cotidiana era menos la de una Mata Hari disfrazada, y más la de una mujer y madre de 36 años que tuvo que iniciar una nueva vida. Con la ayuda de los estadounidenses, con los que estaba trabajando en ese momento, logró llevar a casa a sus hijos desde Berlín Oriental. El idilio familiar recién fundado duró poco tiempo.

Los años siguientes no fueron fáciles para ella. Primero trabajó para el ejército estadounidense en Heidelberg, encontró trabajo en un albergue juvenil, un centro de rehabilitación, una fábrica de juguetes y finalmente como empleada de limpieza en un burdel de Heidelberg. El 24 de agosto de 1973 fue arrestada nuevamente después de disfrutar de diecisiete años de libertad. A esto siguió un año de prisión preventiva, del que tuvo que ser liberada antes de tiempo debido, al parecer, a graves ataques bronquiales y de asma.

El pasado la alcanzó de nuevo cuando se anunció la apertura de los procedimientos de Düsseldorf.

Desde noviembre de 1975, Hildegard Làchert pasó cinco años y medio varias veces a la semana en la sala 111 del Tribunal Regional de Düsseldorf, digiriendo los relatos de víctimas, testigos o sus familias, respecto de su crueldad y asesinatos. Fue nuevamente detenida el 13 de junio de 1979 porque, debido a sus buenas conexiones con la derecha radical, había riesgo de fuga.

(Continuará…)

ACLARANDO EL TÉRMINO «FEMINAZI». 2ª Parte

Hablábamos en el capítulo anterior de Hildegard Martha Luise, Krwawa Brygida (Brígida la maldita, la sanguinaria), que fue la acusada de la que más se habló durante los juicios de Düsseldorf (Alemania, 1981). Las descripciones detalladas de su comportamiento en Majdanek, dadas por sobrevivientes de todo el mundo en el estrado de los testigos, conmocionaron y consternaron, pero también despertaron interés en esta mujer ¿Qué tipo de persona es esa? Esta pregunta, probablemente fue hecha por todos los que escucharon las acusaciones siniestras contra Hildegard Làchert.

Hildegard Martha Luise, Krwawa Brygida. Brígida la maldita, la sanguinaria.

Huyó de todo esto mostrando aburrimiento y fingiendo enfermedades, mientras su alma obtenía la absolución necesaria yendo a rezar todas las mañanas antes del juicio a la capilla.

A veces eran sus bronquios, a veces su asma, a veces la circulación, la presión arterial alta, a veces el corazón…, las excusas perfectas para no estar presente en las causas judiciales, pero, finalmente, sufrió de verdad una enfermedad cutánea insoportable, en la que su piel crecía de tamaño formando costras que emanaban pus y sangre. Al final del juicio, estas repugnantes pústulas cubrieron todo su cuerpo, y apenas permitiéndole dormir, sentarse o acostarse correctamente. En la prisión de mujeres de Mülheim, caminaba descalza y tan solo llevaba puesto un camisón ancho porque cada pieza de tela que se le pegaba, arrancaba las postillas y le ocasionaba grandes dolores. A veces llegaba a las sesiones del Tribunal envuelta en gasa de arriba abajo; la encarnación de una persona que, aunque no le atormenta su conciencia, tenía su propio castigo en el cuerpo.

«Le está reventando la piel» dijo una vez uno de los psiquiatras que la trataban.

Le gustaba simular debilidad, se quejaba siempre que era posible. El 17 de enero de 1980, de repente se presentó en la audiencia principal y se quejó de problemas circulatorios; le dolía el corazón. El médico presente en la sala del tribunal la examinó y encontró que su falta de salud era extremadamente cuestionable. Aun así, la llevaron al Hospital de Marien en una ambulancia, pero pronto la enviaron de regreso a la sala del Tribunal, al que accedió por su propio pie; los médicos no habían encontrado nada.

Una de las ocasiones, por supuesto, tuvo todos los motivos fundados para volver a quejarse. Fue en noviembre de 1978, cuando Norman Finkelstein, hijo de una ex reclusa de un campo de concentración y que había viajado desde Nueva York, no pudo soportar ver a la torturadora de su madre sentada tranquilamente ante él. Después de que otra de las testigos, Mary Finkelstein, pálida y temblorosa, hubiera descrito las atrocidades que había cometido esta mujer a la corte, Norman se abalanzó sobre la ex guardia del campo de concentración y la golpeó. Hildegard Làchert, lesionada, tuvo que ser atendida en una clínica y estuvo enferma varios días.

El Ministerio Público inició este juicio con quince imputaciones relacionadas con Bloody Brygida a principios de 1981, y los fiscales exigieron la pena máxima para ella; ocho veces la cadena perpetua.

Innumerables testimonios coincidían en que había lanzado a un perro pastor alemán sobre una mujer polaca embarazada (la supuesta favorita de su amante) a la que mató bajo los vítores de la asesina nazi, hasta que el feto salió de su vientre. Otros relataron que había torturado cruelmente a un recluso con sus botas y el látigo, reforzado con trozos de hierro en las puntas, hasta matarlo por ansia de sangre; que las mujeres judías que parecían incapaces de trabajar eran golpeadas hasta la extenuación. Muchas declaraciones relataban que se reía de los prisioneros que eran enviados a las cámaras para ser gaseados. Los testigos retrataron como fue especialmente violenta con los niños que venían del gueto de Varsovia —en parte con el látigo, en parte con patadas— y como los arrojaba posteriormente como objetos de carga a los camiones de trasporte; se dice que disfrutaba especialmente persiguiendo a las madres que querían salvar a sus hijos con látigo en mano.

El 3 En junio de 1981 se dictó el veredicto, un veredicto que sorprendió a muchos observadores. Los tres jueces profesionales y dos jueces legos solo encontraron que, Hildegard Làchert, debía ser condenada únicamente por sus actos en dos puntos esenciales: por la selección de mujeres judías para ser gaseadas en mayo de 1943 y por su participación en el traslado de niños y bebés judíos que posteriormente fueron asesinados en el campo mansión de Felin.

Las penas individuales de siete y nueve años previstas a tal efecto se redujeron a una pena privativa de libertad total de doce años de prisión.

Làchert, no fue condenada por asesinato—como había exigido el fiscal—sino solo por colaborar en estos actos. Las preguntas sobre cómo podría producirse tal veredicto después de tantos testimonios inequívocos, no fueron respondidas por la suposición del Tribunal de que las acciones de Làchert podrían atribuirse a «un primitivismo espiritual e intelectual considerable y deficiencias de carácter». Por eso no fue condenada por asesinato, sino simplemente como colaboradora de asesinato.

Luego todo terminó, toda la emoción, el temblor antes del juicio, su enfermedad de la piel que empeoraba constantemente. Martha Hildegard Làchert exhaló un suspiro de alivio y pronunció la útil presunción ante los compañeros de prisión: «No puedo haber sido ese monstruo después de todo”.

No tuvo tanta suerte la que fuese su vecina de celda, Hermine Ryan-Braunsteiner.

Durante mucho tiempo en la cárcel, las dos estuvieron unidas por algo parecido a una amistad nacida de una historia común. Pero desde el juicio se separaron; la fríamente distante Hermine Ryan-Braunsteiner no podía entender que Làchert, saliese mejor parada que ella de la Corte de Penal.

La otrora Bloody Brygida, vivió la vida de un prisionera anciana y experimentada en la prisión de Mülheim. Después de haber entrenado en Polonia (diez años de prisión) rápidamente se adaptó a la monótona vida tras las rejas. Se argumentó que incluso recibía dinero de Silent Help, una organización que se ocupaba de los criminales nazis convictos.

Rara vez recibió visitas, tan sólo de la organización «ayuda silenciosa», y de vez en cuando de un pastor protestante.

Fallece en Berlín a los 75 años.

Hermine Ryan-Braunsteiner, La yegua de Majdanek, durante el juicio.

Hermine Ryan-Braunsteiner, La yegua de Majdanek.

Permaneció en Majdanek hasta mediados de enero de 1944, después de lo cual fue ascendida a supervisora jefa de catorce mujeres de las SS en la fábrica de munición de Genthin. Desde allí, cuando se acercó el Ejército Rojo, huyó junto a otros hombres de las SS.

En otoño de 1945 está de vuelta con su madre, que vivía en el sector estadounidense de Viena. Poco tiempo después fue arrestada por primera vez, y entregada a las autoridades británicas por la policía austriaca, pero liberada un año después. Arrestada de nuevo en 1948, fue condenada en noviembre de 1949 a tres años de prisión por el Tribunal de Distrito de Asuntos Penales de Viena, porque en el campo de Ravensbrück había «tratado a los prisioneros con un violento desprecio por la humanidad». Por otro lado, fue absuelta «en ausencia de pruebas concluyentes de culpabilidad» de los cargos de torturar a los reclusos de Majdanek.

Se acredita su detención preventiva pero pronto es liberada nuevamente. A partir de entonces, su vida es tranquila. Tiene que ganar dinero, trabaja aquí y allá. En verano en un hotel en Villach Wòrthersee, y en invierno hace labores de comercial. A mediados de los cincuenta, conoce a su futuro esposo, emigra a Canadá y luego a Estados Unidos, desapareciendo en la vida cotidiana de una esposa y ama de casa normal.

Cuando comenzó el juicio, el 25 de noviembre de 1975, ella era la única de las quince mujeres y hombres acusados ​​bajo custodia. El 8 de abril de 1976 fue puesta en libertad bajo fianza de 17 dólares estadounidenses, a pesar de la fuerte protesta del fiscal.

En mayo de 1981 Hermine Ryan-Braunsteiner afirmó en su declaración final: «—No he matado a nadie— y aseguró al Tribunal Superior que ella era sólo una pequeña rueda en la máquina —Tendré que preguntarme el resto de mi vida, porque el destino me convirtió en un eslabón de una cadena, de la cual yo era demasiado insignificante para romperla y cuyo curso no pude detener».

Hermine Ryan-Braunsteiner recibe una pena de cadena perpetua, por el asesinato y selecciones de prisioneros, por los cuales la coacusada Hildegard Làchert solo fue condenada por complicidad.

Se pudo demostrar que Hermine Braunsteiner, la Yegua de Majdanek, participó activamente en el asesinato de alrededor de un centenar de niños y varias madres.

El Tribunal había demostrado su «ambición personal» que la llevó a cumplir las órdenes de una manera particularmente brutal y bestial «sólo para ascender en la jerarquía de las supervisoras» y así avanzar en su carrera. Según los jueces, ella “contribuyó ardientemente al asesinato ordenado por interés egoísta”.

Su esposo la visitó regularmente en prisión, esperando que en algún momento se descubriese el gran malentendido que había enviado a su esposa a la cárcel.

Complicaciones relacionadas con la diabetes, incluyendo la amputación de una pierna, la llevaron a ser excarcelada de la prisión femenina de Mülheimer en 1996. Hermine Braunsteiner murió el 19 de abril de 1999 en Bochum, Alemania.


*Pedro Villanueva (Cerredo -Asturias-,1976) es politólogo, comunicador y promotor cultural.

Patrono de la Fundación Foro Jovellanos, pertenece también a la Junta de Gobierno del Colegio de Politólogos de Castilla y León, y es miembro de la directiva de Día de la Romanidad y colaborador habitual en diversos medios de comunicación del Bierzo, donde reside, aunque él mismo es asturiano de nacimiento.

Además de El Festival de la Cosecha, anteriormente, ha publicado el ensayo Historia del Hospicio Real de Asturias, así como dos novelas juveniles: El principio, raíces celtas, y La huella de Roma. Es autor también de textos académicos y divulgativos, así como de numerosas colaboraciones en prensa.

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