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EL REINO DEL SOL by Anabel García

Imagen tomada de Pinterest

Una vez escuchó que hay un momento mágico, cuando la noche y el día se dan la mano, y se separan en el alba. Un momento azul lo describen. Cuando el primer rayo de luz se cuela en el horizonte zigzagueando, conquistando sombras y tiñendo de dorado las primeras esquinas. El justo instante en que los elfos, los sueños, y otras criaturas transparentes, se tiñen de azul antes de que el reino del sol los hace desaparecer hasta la siguiente noche.

Lina lleva años intentando capturar esos minutos con escaso éxito.

Primero intentó engañar al sueño tratando de adelantar la hora de levantarse o retrasar la de acostarse, pero por muchos intentos, al final acababa siempre dormida en el momento decisivo. Los despertadores tampoco funcionaron, las veces que estuvo más cerca sus párpados volvían a engañarla. Dejó cámaras de vídeo, pero o bien se acababa la batería antes o las imágenes se emborronaron en líneas superpuestas que impedían cualquier registro documental.

Decidió no bajar nunca las persianas de su habitación, manía que sigue manteniendo, así desde la cama tendría la oportunidad de capturar ese primer rayo entre los edificios. Pero igualmente el momento azul se le escapaba, cambiaba de horario según los meses y las estaciones, a veces dibujaba en la espalda de Lina una sonrisa tibia antes de que ella tuviera tiempo a darse la vuelta o  justo cuando un velo de nubes negras ocultaba cualquier opción de atisbarlo.

Lina lleva una larga temporada lejos de casa. Lejos de muchas cosas para pensar en ello. Entre turnos de trabajo cambiantes, uniformes que tienen los puños de las mangas desgastadas, a veces vuelve a recordar el empeño que tuvo por capturar el nacimiento del alba, otras simplemente se deja llevar. Comparte cafés que le queman la lengua y se siente melancólica por la gente que no ha vuelto a ver, por el idioma que aún tropieza en la boca.

 Se acuerda de cuando empezó a buscar ese cuento infantil. De los veranos en el edificio donde vivía de pequeña. Se podía subir a la azotea, y corrían, esquivaban las cuerdas de los tenderetes de la ropa, tiraban y capturaban pinzas, saltaban a la comba, usando los restos de la cuerda recién arreglada del segundo B…Y sin darse cuenta Lina recuperó un momento, una sensación que creyó le habían narrado.

Aquella noche de fiesta, con fuegos artificiales, que inauguraron un tropel de niños saltando y jugando en la azotea. Lina, y unos pocos más aguantaron despiertos toda la noche, emborrachados de azúcar y risas…y azul. No sabe cómo ha podido pasar ¿Lo había olvidado? Ni porque estaba apartado en ese espacio tan pequeño y escondido, en el fondo del vasito de café reciclable que está bebiendo.

En el edificio en el que está ahora de alquiler también hay una azotea. Nunca había subido hasta ahora. En realidad, no sabía ni que se podía acceder, pero ahí está, en ese territorio extraterrestre, excepto por los excrementos de los pájaros del suelo gris, las antenas parabólicas y las torretas cuadradas de ladrillo y cemento como extremidades en desuso.

Lina viene acompañada de una bufanda larga y grande, un táper de fideos recalentados y un termo de café, con su vaso reciclable, para esperar lo que sea necesario.

A veces lo única solución es no dormir. No separar la mirada del horizonte. 

Lina sabe que hay un momento mágico, cuando la noche y el día se dan la mano, y se separan en el alba. Un momento azul. Y así está ahora mismo teñida de azul. Con los ojos bien abiertos y con las manos extendidas, hacia arriba, se vuelve dorada unos segundos antes de sonreír a la llegada del Reino de sol.

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