By Escrito por María José Furió
Fotografía Begoña Rivas (Publicado en Jot Down)
Jana Leo (Madrid, 1965) es doctora en Filosofía y Letras, máster en Teoría del Arte y Estética por la Universidad Autónoma de Madrid y máster en Arquitectura por la Universidad de Princeton, en Estados Unidos. Fue profesora de proyectos y de conceptos avanzados en Arquitectura en la Universidad Cooper Union en Nueva York durante siete años. Es autora de El viaje sin distancia, Perversiones del tiempo, el espacio y el dinero ante el límite en la cultura contemporánea. En Violación Nueva York, traducido en 2017 a partir del original inglés Rape New York, publicado por Book Works, Londres, en 2009, y por Feminist Press, Nueva York, en 2011, dibuja el estado mental de una violación. Ha expuesto en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York y en ARCO y MNCARS en Madrid.
En 2008, creó la Fundación Mosis, Modelos y Sistemas; Arte y Ciudad. Su obra, enseña el funcionamiento del patrón y su impacto en los individuos. Leo documenta con imágenes y textos el estado emocional que discurre en paralelo a los hechos. Este paso de lo macro a lo micro, de lo factual a lo existencial es el «sello Jana Leo».Escrito por María José Furió
Fotografía Begoña Rivas
Nos encontramos en Madrid, en el piso donde suele aterrizar la escritora y artista cuando pasa por la capital. En esta entrevista, Jana Leo utiliza prácticamente siempre el tiempo presente, que parece concentrar todos los tiempos, el de la memoria del pasado de su familia en Madrid, el de sus años en Nueva York y el de esta tarde calurosa de junio de 2023 en que los conceptos se imbrican con las emociones de las que nacieron transformándose en pista de salida para nuevos proyectos.
Los hechos: «La violación ocurrió el 25 de enero de 2001 entre las 13:00 y las 15:00 en el apartamento 29 del 408 de la calle 129 Oeste, en Harlem. Los procedimientos legales por esta causa finalizaron el año 2007. Tanto el agresor como el casero de mi piso fueron declarados culpables y encarcelados; el primero, por violación; el segundo, por fraude». En esas fechas, Jana Leo y su pareja, ambos arquitectos, estaban becados en la Universidad de Princeton pero residían en Harlem, un barrio que podían permitirse.
¿Cómo fue el proceso de publicar el libro?
Nos llevó siete años publicar Violación Nueva York en España. Anagrama estuvo a punto en 2008 y finalmente no lo cogió porque en Anagrama había una persona que leía inglés, le mandé el manuscrito en inglés sin corregir… y contestó: «Esto es buenísimo», pero después me dijo: «No me dan permiso». Estamos hablando de 2007, fue de los primeros que mandé porque a mí me gusta mucho lo que hacían. No me daban el sí y ya la primera edición fue esta de Book Works, en Londres. Lo mandé a un concurso de novela y se publicó como novela experimental. Luego Feminist Press no quiso publicarlo sin la edición británica, porque estaba demasiado cerca de casa…
¿Cómo que «demasiado cerca de casa»?
Esto ocurre en Nueva York y no lo quisieron publicar…
Hay rechazo a publicar sobre violaciones…
Solo hay una filósofa, no me acuerdo de su nombre, que estaba buscando el libro, la violaron, la dejaron inconsciente, y escribió su historia con comentarios. Estaba de vacaciones con su marido en una casa de campo, un campesino la violó mientras estaba de paseo y cuando habla de la violación no hace un tratado filosófico sobre la violación, sino un recorrido histórico del proceso, del juicio, contando un poco todos los obstáculos.
Es muy interesante tu trabajo interdisciplinar y cómo has conseguido conjugar el testimonio con la reflexión, sacando partido de tu formación de arquitecta…
Sí, fíjate que lo que hice después de la violación es empezar a documentarlo. Yo soy fotógrafa, tenía mi cámara fotográfica aquí cuando pasó… Entonces, lo primero que hice una vez el violador… el atacante, se marchó de mi casa fue tomar esas fotografías de cómo ha quedado. Son las fotografías de las sábanas en la cama en la que ha ocurrido. Después, una vez salgo del edificio, empiezo a pensar por dónde ha entrado, si por abajo o por arriba. Yo he entrado por la puerta del portal y ya estaba él, evidentemente, no sé si ha entrado desde abajo o desde arriba pero, desde luego, ha venido de arriba. Entonces, esta es la puerta de mi casa, cojo y hago una foto de la escalera, y voy hasta arriba diciéndome bueno, esta persona ha venido de aquí, este es su recorrido.
El del terrado…
Exacto.
Lo que cuentas recuerda a un pasaje de El agente de la Continental de Daniel Hammet. Hay una asalto en una casa en el San Francisco de los años 30. El detective describe el recorrido de un asaltante para introducirse en una casa: «Ha entrado por la azotea, que suele estar abierta, ha bajado por aquí». Desde los años 30 los delincuentes utilizan esa forma de acceder a las viviendas.
Esta puerta que tenemos aquí [muestra la foto de la puerta por donde entró el violador a su casa] no cumple el cambio del Código de Edificación de los años 30, porque debería tener una de estas puertas de emergencia, de tal manera que cuando tú empujas sonaría para que no abras la puerta. Y que tengas una llave, por si quieres salir. Pero esta no la tenía. Y luego, otra cosa que cambió fue el reparto de Correos. Fíjate que es muy diferente de España, porque en Estados Unidos el cartero tiene una llave maestra de cada edificio. Cada edificio tiene que dejársela de tal manera que el cartero no llama diciendo «correos». Entra por sí mismo.
Pero esto puede ser peligroso, ¿no?
No, porque es un funcionario y además el correo se considera documentación privada, está muy controlado. Eso por un lado, y por otro no sé si os acordáis de la película El cartero siempre llama dos veces. En aquel momento llamaba dos veces para marcar que era él, pero el nivel de delincuencia por la gente que se presentaba diciendo ser el cartero era tan bestia que… estamos hablando de los años 30… que lo tuvieron que cambiar.
En aquel momento, tú estás en un lugar donde no deberías estar…
La manera como yo lo entiendo es que las violaciones ocurren de forma habitual en un barrio como el que yo vivía, en Harlem, de la población que vivía allí contra la población que vive allí. Antes ya habían violado a otra mujer…
Cuando te ocurre a ti, que tienes una serie de recursos analíticos y de estudios, puedes desmontar lo que de otro modo se procura esconder diciendo «son cosas que pasan» y así está acotado al gueto. Se relaciona con lo que estaba estudiando tu novio de aquella época: el porcentaje de posibilidades de que los chicos de raza negra vayan a la cárcel. El negocio de la cárcel privada.
Exactamente. El negocio de las cárceles y el negocio detrás de los alquileres de la renta estabilizada. ¡Es la explotación de los pobres! Tengo un libro ahora que se llama Poor by America, o sea América te hace pobre o Empobrecido por América. La ciudad de Nueva York, la misma ciudad, ha creado el sistema para que la violación se dé. La ciudad te viola. Esta foto [muestra una imagen del libro, un plano de detalle de lo que parece un trozo informe de piel rosada] me la entregaron una vez pedí toda la documentación. Normalmente esto no se ve. Esto es un útero después de una violación, tiene morados. A la hora de distinguir si algo es violación o no está el «me duele, me duele mucho». Realmente duele de forma horrible. Esto es la prueba, un polaroid que toman los médicos cuando yo voy, el típico kit de violación. Esta foto no está publicada más que en este libro (RNY Affective and legal documents). He intentado publicarla de cualquier manera porque me parece muy importante que se muestren las señales de la violencia. Porque siempre tratan de la violación como si fuese algo psicológico, una histeria, y no, si a mí me das con un palo en la cabeza, dejas un morado, si me golpeas con tu pene, me dejas también un morado…
Tú empezaste con un máster, auspiciada por una gran figura, es decir todo muy prometedor, y de pronto… esto. ¿En qué medida esta experiencia cambia tu proyecto?
Cambia mi vida totalmente. Mira, este panorama de libros [los que ha dispuesto sobre la mesa] salvo este, que en cierto modo ya estaba terminado antes, El viaje sin distancia, que era mi tesis doctoral, sobre la fotografía. Trata de la fotografía y el instante en relación a la muerte y a la presencia. Analizaba el cambio que estaba ocurriendo de lo analógico a lo digital. Digamos que yo estaba entonces vislumbrando todo el cambio que venía… La separación de la realidad. Y estaba observando la función que tenía la fotografía de validar la vida, de validar la realidad y la alegría, como forma de tapar la muerte. Era mi tesis, tienes que vivir dos veces, a través de la imagen para evidenciar el miedo a la muerte. Yo siempre estaba reflexionando sobre la muerte.
¿Y de dónde viene esa fascinación?
Es uno de los temas importantísimos, lo que pasa es que es un tema tabú. Creo que cuando estás hablando de fotografía en algún momento tienes que hablar de la muerte.
Sí, es lo que dice Barthes…
¡Claro! Es un instante que intenta decir que tú estás ahí. Que estás vivo, solo necesitas de la afirmación en tanto que eres consciente de tu muerte, es decir, digamos que ese era mi planteamiento de entrada. Luego fue cambiando con el tema de la arquitectura, pero se reconduce de alguna manera y vuelve a otro tema que yo ya había tratado, el de la «domestofobia», que ya había tratado por conciencia de problemas que considero muy serios y que tampoco se abordan. Es el tema de la violencia doméstica y no solo de la violencia doméstica. Mira, yo cuando tenía trece años estaba escribiendo una crítica sobre la familia, la propiedad privada y el Estado.
¡A los trece años!
¡Sí! ¿Y por qué? Porque era muy consciente, yo vivía en una familia de emigrantes que vienen desde el pueblo a la ciudad de Madrid y, ahora me doy cuenta de eso, en ese momento yo escribía de forma automática, pero escribía sobre la alienación respecto del medio, porque me daba cuenta de que mi familia realmente estaba fuera de sitio…
Había además esa historia de resistencia de tus padres al desalojo…
Sí, bueno, mis padres primero niegan la realidad cuando yo les explico esto. Mi madre me dice: «¿por qué no te has defendido? ¡No lo entiendo!».
Sí, con una pistola delante…
Imagínate, alguien que dice esto te está dando una pista de su estado mental, que es de inmadurez.
Está negando el peligro que has corrido.
Exactamente.
Esto pasa mucho con las madres.
Sí, es muy normal. Pero ellos están insertos en un entorno que es el de la posguerra española, el miedo de la dictadura. En el pueblo de mi padre mataron a veinticuatro personas, y a los niños los llevaban en un castillejo a ser asesinados… O sea, todo esto es su contexto…
Y el subconsciente crea un silencio.
Sí, lo malo que ocurre no se puede nombrar, mi reacción a eso es nombrar todo aquello que yo veo, lo nombro a través de la escritura. Empiezo a escribir. Todo aquello que no se puede nombrar lo empiezo a mirar, en silencio, en libros, en libretas, de cualquier manera como una forma de escritura automática, y me empiezo a dar cuenta realmente porque, claro, yo soy pequeña cuando muere Franco, pero la vivo directamente, ahora tengo cincuenta y siete, nací en el 65, aquí en Madrid era muy exagerado… Se notaba muchísimo, era el sereno que venía por la noche, no podías ir por la calle, la dictadura estaba muy presente. Cuando tengo doce o trece años me empiezo a dar cuenta y entonces lo vivo.
¡Mi padre era un sindicalista! Y en el trabajo, bueno, iba a los piquetes, era un ejemplo, en fin, pero era más bien dictador en la casa, y él no podía aceptar lo negativo. Y mi madre tampoco. Las cosas no se hablaban. Si algo pasaba, había que callar. Creo que mi reacción fue empezar a tener mucho miedo de la violencia. Empiezo a leer acerca de la muerte todo lo que puedo en la biblioteca, porque tengo miedo a la muerte. Tengo miedo a la violencia porque es algo de lo que no se habla pero se ve. Ves por la calle a la policía llevándose a gente, porque han robado, ves que han robado en un tienda, comida, y hay un tiro por la espalda, que lo he visto con mis propios ojos. La delincuencia de San Blas era muy fuerte. Digamos que este era mi entorno.
Dices que le dispararon por la espalda por robar comida. El tío negro que entró en tu casa y que luego participó en un robo con tiroteo… forma parte de lo mismo, ¿no?
Claro. Yo inmediatamente me doy cuenta de que esa persona es peligrosa, que tiene capacidad de matar. Luego se verifica lo que pienso porque la policía le captura cuando ha disparado a alguien. Pero me doy cuenta de entrada. Hay un momento en que la pistola está encima de la mesa, la podía haber cogido, ¡claro que no tiene sentido que la coja, porque no sé usarla! Se puede volver en mi contra, pero además me doy cuenta de que esta persona nunca me está mirando a los ojos.
La impresión que da es que es un tío que está viviendo una fantasía… Que tú para él no eres del todo real.
Exactamente.
¡Además, rubia! ¿Qué más se puede pedir?
Sí, sí. Y él era más joven que yo. Él tendría diecinueve y yo en ese momento tendría treinta y tres años. Entonces me doy cuenta de que él está como cuando estás mirando dentro de ti, y luego veo que está en un estado de alienación profunda, por la manera en que me habla, que es casi como un robot. No me habla… Es decir, cuando tiene que subir la voz la sube, cuando no, la baja, pero no hay entonación emocional, luego se va relajando y empieza a tenerla. Me doy cuenta de que está viviendo un estado de alienación… Yo lo empiezo a asociar en aquel momento con que había visto sombras los días anteriores, había oído ruidos. Empiezo a pensar que esto no es un acto casual de alguien que ha venido de la calle sino que está planeado… Pero, bueno, creo que esa es una de las cosas que te pueden ocurrir en una situación así, te puedes quedar primero congelada pero luego, como ves que la persona no se va, y tienes cierto conocimiento sobre un tipo de población alienada porque era mi pan de cada día… Por supuesto sin esos niveles, porque no hay el elemento racial, el que tú dices, un negro y una rubia, además yo estoy en su barrio, que es Harlem, que se está gentrificando, ¿no? Se acaba de vender a Columbia University toda la zona que rodeaba la 129, que a día de hoy ya se ha construido…
Es una amenaza.
Es una amenaza para él, con lo cual se siente empoderado. Él tiene derecho a tomar mi cuerpo, lo entiende como algo que en cierto modo se defiende del invasor. Todo mi esfuerzo entonces es probar por un lado que yo soy la muñeca que él quiere, que entienda que puedo estar de su lado; por ejemplo, tengo mi carnet de piscina, yo también voy a la piscina popular, vale dos dólares, sé lo que estás haciendo, sé cómo vivir de esta manera, soy una trabajadora temporal. Yo estoy ahí por un lado como jugando a intentar ganar terreno e intentar ver hacia dónde va y que me vea como un colega, y por otro lado tampoco quiero romper su fantasía…
Claro, porque la realidad puede ser un golpe.
Porque puedo morir si rompo su fantasía.
En las relaciones sexuales hay una exigencia de performance en los hombres, que te preguntas cómo la va a conseguir un chaval de dieciocho años como el que te violó. La actividad sexual también es un factor de salud, es decir se dan una serie de elementos (necesidades) que parece que el mercado los resuelve y en realidad no.
De hecho, cuento con detalle cómo a él no se le llega a poner dura, luego ya se le pone dura pero al principio le cuesta, entonces me la intenta meter por el culo. Ahí yo estoy diciendo «Dios mío de mi alma, esto va a ser mucho peor», porque si te violan por el culo, ya olvídate. Pero él no se llega a excitar porque está con su fantasía de un lado y con la pistola del otro.
Está creando una situación de poder.
Y se le ve que es una persona impotente, porque las que hemos tenido actividad sexual regular enseguida vemos cuando el tío es impotente. Y tiene problemas, y se le nota ¡vamos! en cómo maniobra y entonces te dices «ay, madre mía, solo me falta que no se le ponga…» ¡porque es peor! Porque se va a poner más nervioso…
Porque te pegará.
[Jana pasa a recordar un caso de incesto que conoce de cerca y las consecuencias para la mujer. Al denunciar el abuso intrafamiliar, muchas mujeres sufren el rechazo de los familiares, ostracismo y un empobrecimiento material. La separación, que puede implicar cambiar de lugar de residencia, añade el desarraigo al rencor de la familia que encuentra ventaja en el silencio. En contrapartida, la denunciante tiene la seguridad de haber ganado en salud mental, N de R.].
Me llama la atención lo de las mujeres que te piden que las acompañes a comisaría. Es decir, que tu testimonio ha tenido mucho impacto.
No sé si mucho, pero si lo he podido hacer lo he hecho.
Y la parte de tesis académica, ¿has estado conforme con el enfoque?
Ha sido muy conflictivo. Porque también te hablo de menciones. No es que la tesis sea directamente sobre el tema. Y en algunos casos ha habido plagios de páginas enteras. Sobre todo porque, de todo lo que digo hay una cosa revolucionaria y es que yo creo que el violador está buscando, cuando viola, su casa. No era algo que había leído antes, me di cuenta por la experiencia. No era una idea de tesis.
Además lo dices muy pronto.
Yo me di cuenta de que estaba buscando casa. En mí estaba buscando su casa, en mi vientre estaba buscando su casa.
Bueno, es lo que procura el sexo, ¿no?
Sí, sí, pero ni siquiera él a sí mismo se permitía decirlo. Pero yo me di cuenta porque luego hubo un momento como de bienestar.
Suyo.
Como de dulzura ¡suyo!
Tú decías que es un chico que además de ser muy joven está muy alienado en la expresión de sus necesidades. Aparte, ser negro lo complica todo un poco más. Que ni siquiera sabe qué quiere de verdad.
Su deseo de casa era más fuerte que la supervivencia. Porque si no, me habría matado. De hecho, yo te digo que sigo con miedo, porque sigo viviendo en Harlem. En otra casa, pero sigo viviendo en Harlem.
Cuando vas a Nueva York, vas a ese barrio.
Sí, sí, sí.
¿Porque es el que te puedes permitir?
Exacto. Y no solo por eso, acabé viviendo allí porque era un barrio que había elegido porque tenía muchos parques, y con el tiempo volví a alquilar una casa con mucho mejores condiciones, en un edificio impecable en el que todo está perfecto, con buen rollo…
Bueno, igual también tienes el típico miedo de alguien que ha conseguido algo bueno en la vida.
Sí, pero esta persona ya ha debido salir de la cárcel y en cualquier momento puede volver, porque en algún momento su sensación de bienestar, de haber estado en el cuerpo de alguien, con la fantasía de ser bienvenido, era más importante para él que su supervivencia. Porque si no, me habría matado. Yo estuve con este hombre dos horas y pico… con el sol dándonos en la cara hablando… Evidentemente, yo lo podía reconocer. Solo le quedaba una opción, matarme. [Alza la voz]: ¡La otra era pensar que mi pánico me iba a impedir denunciar! Cuando lo interrogaron la primera frase que le dijo al detective fue: I knew I should kill her!
¡La tenía que haber matado!
Claro.
De esta frase no me acordaba.
No la he puesto en el libro. Me daba demasiado miedo, pensé «no lo voy a poner». Que no lo he oído, no me lo dijo a mí, lo dijo durante la entrevista cuando le comunicaron eso.
¡Pero eso igual es un farol! Porque él sabe lo que se jugaba si te hubiera matado.
Porque luego le preguntaron: «¿es eso lo que has dicho?». Y dijo: «no, no, lo dije porque…». A él le empiezan a mostrar pruebas, entonces se da cuenta de que lo han pillado y dice: «sí, you got me, you got me». Pero luego se lo dicen porque le van a aumentar la pena y entonces él negocia porque le iban a dar cadena perpetua. Y si dice eso, «I should kill her», significa que existe la amenaza de que vuelva contra ti y entonces le ponían cadena perpetua. ¡Esa frase es cadena perpetua! Él entonces dijo «nooo, fue una cosa temperamental, no la voy a matar, entiendo que lo que he hecho está mal». Veinte años son suficientes…
¡¿Veinte años?! ¿Y dices que ya habrá salido?
Sí, ha salido, claro.
Una de las cosas que me inquieta es a lo que podemos llegar en una vida; cómo llegas a familiarizarte con una persona así, a pensar por él, a pensar en él más allá de tu propio interés.
Más allá, y además era una cosa que me fastidiaba mucho, porque es que de repente se me habían olvidado los buenos polvazos que había echado en mi vida… ¡Y lo que me quedaba era esto! Yo intentando concentrarme en aquella vez, pensando «concéntrate por favor… ¡Concéntrate como puedas!». Uno de los problemas es que me venía a la memoria este tema… en vez de los otros. Y de hecho hice un proyecto llamado Memoria congelada.
Probablemente, hablando de la alienación, la única manera que tiene de relacionarse sea a través de un abanico muy reducido de posibilidades, y la mayoría pasan por la violencia.
Sí, mira, te voy a enseñar otro libro, que acabo de terminar, es significativo… Es un archivo visual de ciento cuarenta y una mujeres asesinadas en la Comunidad de Madrid por sus parejas hombres.
¿Desde cuándo hasta cuándo?
1999-2020. Veintiún años. Todo el libro consiste en un dibujo y una historia. La historia está debajo y hay una serie de datos. Los dibujos son míos, las historias también, la base de datos es de Sergio Tombesi. Cuando empecé a hacer esto, había algo que no conocía y era el carácter masculino. Después de esta investigación de ciento cuarenta y un casos, me he dado cuenta de lo que por supuesto ya sabemos: el trasfondo cultural de machismo, de control de la mujer, de apropiación de ella, de tratamiento como objeto, etc. Pero hay otra parte que tiene que ver, a lo que vamos, al momento en que el violador está en mi casa, el presunto violador en su momento, él no sabe comunicarse con la realidad. Es absolutamente incapaz de expresarse, su capacidad de bregar con la realidad es muy limitada, su lenguaje es muy reducido y es el lenguaje de la violencia. Se le ve con el arma y él está haciendo así [imita el gesto de hacerla girar con un dedo en el gatillo, dando vueltas]. La pistola también se puede dar la vuelta e ir contra él, ese es el lenguaje que él maneja. Me di cuenta haciendo este estudio de que gran parte de los asesinos no son asesinos porque sean sádicos, son asesinos porque son absolutamente incapaces de relacionarse con sus sentimientos y de canalizar sus emociones de manera no violenta. Esto es algo que no se trata nunca al hablar de la violencia contra las mujeres.
Del control de la frustración.
Es necesario educar el elemento de frustración para que haya un canal de expresión. Yo no lo sabía, es consecuencia de los dos años y medio trabajando en el estudio de cada caso, análisis de él, análisis de ella y mi conclusión es muy sencilla: no saben bregar con la frustración. A todos nos cuesta, pero las mujeres tenemos más capacidad de verbalizar, más capacidad de distanciar y de parar…
A la mujer lo habitual es que se la victimice…
En cambio, del hombre se espera que actúe de manera violenta, que no se deprima, que no llore, lo mismo que la mujer no tiene herramientas para pelear, aunque debería tenerlas, el hombre debería tener herramientas para solventar la frustración. Si careces de herramientas para canalizar la violencia… vas a explotar. Ese modo de comportamiento lo va a utilizar para todo, porque además te acostumbras a que la otra persona reaccione echándose hacia atrás, porque a las mujeres se nos ha aleccionado para que no gritemos, usemos un nivel de voz tranquilo…
¿Cómo esta experiencia ha cambiado la dirección de tus proyectos en su conjunto?
Al principio, todo mi pensamiento iba dirigido a meterme en la cabeza de él para localizarle. Realmente no lo encuentro yo, lo encuentra un detective, gracias al ADN. Gracias al ADN se hace un cruce, porque se ha introducido un cambio en la legislación de Estados Unidos en que se hace un cruce y empiezan con delincuentes habituales, como este, que ha disparado a otro en la calle, un tipo de delincuencia habitual mientras que la violación está considerada especial. Empiezan entonces a cruzar el ADN con cualquier agresión mayor. Ahí es cuando este hombre aparece y dicen: «Ya está, este hombre ha cometido una violación». Eso ocurre solo en el momento en que sacan del congelador el kit de violación, gracias a Alan Sandomir, que es el que lucha. Es un detective que afirma que mientras no seamos capaces de llevar los cruces de ADN a las delincuencias habituales, no vamos a resolver los casos fríos (cold cases) más graves. Evidentemente. Yo no lo descubro, ya me habría gustado, pero sí hago el esfuerzo de meterme en su cabeza, para protegerme, porque yo sigo viviendo allí. Me niego a irme. Luego me voy, pero durante un tiempo me niego a irme, digamos que busco a una persona que quiera coger el apartamento, una pareja de hombres porque creo no van a correr riesgo, y no me decido a irme del todo.
Así que estoy intentando meterme en la psicología de él, es mi primer paso. Una vez que él está en la cárcel, el segundo paso es ver qué voy a hacer. Porque soy consciente de que es una persona que no tenía medios, que es muy pobre y yo lo estoy metiendo en la cárcel. Y yo soy blanca, pobre, pero privilegiada. Empiezo a investigar las consecuencias que le esperan a él y es en ese momento cuando preparo mi discurso con la petición para que la pena disminuya, no que aumente. Intento manejar mi propia rabia, este señor me ha cambiado la vida, ha sido un cambio fisiológico…
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