Rien ne va plus
Este poema no es sobre El jugador,
sobre Polina y sus labios de fresa marchitándose,
sobre los ramos de flores que nunca oliera Blanche,
sobre la bola que hace de la ruleta
un Versalles de mesa sin soles y sin lunas,
entre las horas abonadas al rojo o al negro
o a los días y a las noches de pares e impares,
al fluir de los táleros, los rublos, los florines
de nobles sin más pasión que el juego
de no vivir.
Este poema abarca
las veintiséis jornadas en que
Dostoyevski,
ya fuera con batín,
con abrigo o con chaqueta de paño,
dictaba la novela
a Anna Grigórievna,
primero mecanógrafa
y algo después esposa.
Al final los dos se acostumbraron:
el uno al otro y los dos
a mirar por la ventana
las calles sinuosas, golpeadas por el viento,
mecidas por las primeras nieves,
y a ver ahí el rostro sereno pese a todo de Alexei
susurrándoles algo que no entienden.
@Félix Molina, la prosa en verso. 2023.

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