Como es bien sabido, el «Manifiesto Comunista» (1848) de Marx y Engels comienza con aquella famosa frase: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Venía a mi memoria esta expresión al echar una ojeada a los periódicos en estas últimas semanas, porque me parecía que en la Europa actual hay dos fantasmas que la recorren. El primero es el del miedo a un resurgimiento del fascismo, que tan relevante fue precisamente hace ahora un siglo; el otro es el del temor a la Inteligencia Artificial, que aparece casi todos los días en los medios de comunicación.
El punto que quiero destacar es el del miedo que paraliza a tantas personas, al creerse impotentes, al sentirse manejadas por unas fuerzas inexorables que no entienden, cuyo alcance les supera y que escapan a su dominio. La prensa, al convertirse en altavoz de ambos miedos, no hace probablemente más que potenciarlos.
Pero, me parece a mí que lo que está detrás de ambos fantasmas es realmente el miedo al ejercicio valiente y responsable de la libertad personal, a la libre acción de las personas que no están dispuestas a dejarse dominar por el Estado o por las máquinas. La clave está en la libertad de las personas, de las familias, de los pequeños grupos, de todos aquellos que no quieren dejarse engañar por esos fantasmas tan aireados —quizás interesadamente— por los políticos y los medios de comunicación.
Un buen amigo mío me enseñaba el viernes la cubierta del libro «Why I Write» [Por qué escribo] de George Orwell (1946). Bajo el título aparece una frase que resume en parte su contenido: «El lenguaje político está diseñado para que las mentiras suenen verdaderas […] y para dar una apariencia de solidez al puro viento». Han pasado casi ochenta años y aquellas palabras no han perdido actualidad.
Estoy persuadido de que el verdadero fantasma que recorre Europa hoy en día es el miedo a la libertad personal. Los enemigos no son las máquinas o el Estado, sino la cobardía de quienes renuncian a pensar por su cuenta y a actuar con responsabilidad. Se trata de asumir el protagonismo de la acción social sin transferir la responsabilidad de las decisiones a quienes llevan las riendas de los gobiernos o a los algoritmos de la Inteligencia Artificial. Si defendemos la libertad personal y social, podemos cambiar el mundo.
Barcelona, 27 de enero 2024.
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* Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía en la Universidad de Navarra, España (jnubiola@unav.es).
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Coincido contigo Jaime, hay que defender y extender la libertad personal como el verdadero patrimonio que tenemos Saludos Juan