GERMAINE TAILLEFERRE: FEMINIDAD Y ROMANTICISMO. Por Marta Muñiz Rueda

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(Desde la sección: Mujeres en la Música, de Masticadores FEM)

Germaine Tailleferre es, desde luego, una compositora que pertenece totalmente al siglo XX, con sus guerras y sus cambios y con la inmigración de muchos europeos a Estados Unidos. Tailleferre fue una de esas inmigrantes capaz de aunar lo más diverso y singular de ambas orillas atlánticas.

Compuso música para orquesta, operetas, conciertos, sonatas, ballets, música de cámara, piezas para piano e incluso música para películas. Una artista libre y optimista que produjo alrededor de 170 obras a lo largo de toda su vida, incluso a sus 89 años nos sorprendió con el “Concerto de la fidelidad”. Perteneció al célebre Groupe des Six desde su fundación en 1920. Germaine Tailleferre estudió con Maurice Ravel, “su mentor y amigo”, que la animó a acercarse al estilo neoclásico, aunque ella siempre haya coqueteado con el post-romanticismo.

Durante mucho tiempo se consideró que la obra de Tailleferre se reducía a una serie de obras para piano, compuestas en el periodo de entreguerras, y que su carrera de compositora se acababa en la Segunda Guerra Mundial. Así se olvidaba que, además de esas pequeñas piezas, son importantes y merecedoras de ser recordadas sus piezas de cámara, dos conciertos para piano, tres estudios para piano y orquesta, un concierto para violín, su destacado Concerto grosso pour deux pianos, huit voix solistes, quatuor de saxophones et orchestre, cuatro ballets, cuatro óperas, dos operetas, muchas «mélodies», y eso sin contar las numerosas obras para conjuntos de cámara o grandes orquestas como el espléndido Concerto pour deux guitares et orchestre, recientemente recobrado y grabado en 2004 en Alemania por Chris Bilobram y Christina Altmann. La mayoría de sus obras mayores fueron escritas entre 1945 y su muerte en 1983. Hasta hace muy poco gran parte de su obra permanecía inédita y solo recientemente se ha podido conocer ampliamente y se ha comenzado a situar a la autora en el lugar que se merece.

La joven Germaine se inició al piano con su madre y comenzó desde muy pequeña a componer algunas obras. A pesar de la oposición de su padre, en 1904 entró en el Conservatorio de París, bajo la dirección de Eva Sautereau-Meyer, en las clase de piano y de solfeo. Como pianista prodigio, con una memoria asombrosa, comenzó ganando un primer premio de solfeo. Este éxito disminuyó la oposición de su padre que le autorizó a continuar sus estudios, eso sí, sin garantizarle su financiación. Una cierta toma de conciencia de sí misma, así como un pequeño deseo de venganza, le hicieron cambiar el doblemente arriesgado apellido de Taillefesse por Tailleferre.

En 1913, Tailleferre comenzó a frecuentar el entorno artístico de Montmartre y también el de Montparnasse. Conoció a Guillaume Apollinaire, Marie Laurencin, Paul Fort, Fernand Léger y al escultor Emmanuel Centore, que más tarde se casó con Jeanne, su hermana. En 1913 ganó en el Conservatorio el primer premio de Contrapunto y Armonía y, en 1915, también el primer premio de Fuga.

Su círculo de amigos se ensanchó. En 1917, conoció a Picasso y a Modigliani, y en el taller de uno de ellos tuvo lugar el 15 de enero de 1918 el primer concierto de los «Nouveaux Jeunes», concierto en el que tomaron parte Francis Poulenc y Louis Durey. En el programa, dos de sus obras: Jeux de plein air y la Sonatine pour quatuor à cordes (que más adelante será el Quatuor à cordes, con el añadido de un tercer movimiento).

Les Six

Se debe al crítico musical Henri Collet la invención del nombre Les Six, en recuerdo del Grupo de los cinco rusos. Dos artículos publicados en 1920 en el diario «Comœdia», fueron el origen de la denominación desde ese momento del célebre grupo. Aunque las actividades del grupo fueron muy pocas, sus integrantes fueron amigos hasta el final de sus días. El espíritu de Les Six sobrevivió a sus miembros de tal modo que, aún veinte años después de la muerte del último de ellos, sus hijos y amigos continuaron frecuentándose.

Influencias y encuentros

La Première Sonate pour violon et piano de Tailleferre fue escrita para Jacques Thibaud, célebre violinista del que llegó a ser buena amiga. La estrenó en París en 1922, acompañado por Alfred Cortot. En 1923 tuvo gran éxito su ballet Le Marchand d’oiseaux con los Ballets Suecos (su mayor éxito, ya que fue programado más de trescientas veces durante tres temporadas y cuya obertura fue reestrenada por Serge Diaghilev para los entreactos de los Ballets Rusos). La Princesa Edmond de Polignac le encargó un Concerto pour piano en el mismo estilo neoclásico del ballet Le Marchand d’oiseaux, que fue estrenado con gran éxito por Alfred Cortot. La influencia neoclásica de Stravinski se compaginó con las de Fauré y Ravel, y fue perceptible en su obra hasta finales de la década de 1920.

Por esta época, Tailleferre comenzó a pasar mucho tiempo con Maurice Ravel en la casa que éste tenía en Montfort-l’Amaury. Se habían conocido en San Juan de Luz cerca de Biarritz entre 1919 y 1920. Ravel promovía las obras de Tailleferre y la animó a preparar el concurso del Prix de Rome. La relación entre Tailleferre y Ravel fue simplemente artística, ya que Ravel se interesaba por los jóvenes compositores y les daba consejos, tanto de escritura como de orquestación. Estas visitas, habitualmente seguidas de largos paseos alrededor de Montfort, terminaban siempre con largas y exhaustas horas al piano. Acabaron misteriosamente en 1930, y Tailleferre no volvió a ver a Ravel, rehuyendo siempre, incluso ante sus íntimos, dar una explicación.

En 1926, Tailleferre se casó con el caricaturista americano Ralph Barton y se instaló en Manhattan. Se unió al círculo de amigos de su marido y conoció a Charles Chaplin. Durante este periodo compuso su Concertino pour harpe, que dedicó a su marido, pero Barton no estaba a gusto a la sombra del éxito de su mujer, y para ella no fue fácil componer durante este periodo. En 1927, y a petición de Barton, la pareja regresó a Francia. Tailleferre recibió el encargo de Paul Claudel de componer una música para su oda en honor del científico Marcellin Berthelot. Completó también el ballet La Nouvelle Cythère, programado para la temporada de 1929 de los Ballets Rusos y que fue anulado por la temprana muerte de Diaghilev.

En 1929 fracasó su matrimonio con Ralph Barton, que se suicidó algunos meses después de su regreso a América. Sus Six chansons françaises son, sin duda, una reacción a su divorcio. Utilizó textos de los siglos XV al XVIII que hablan de la condición femenina y cada pieza está dedicada a una de sus amigas: son uno de los raros ejemplos de feminismo en la obra de Tailleferre.

Durante el año 1931, el principal proyecto de Tailleferre fue su ópera cómica Zoulaina (que no fue jamás montada y de la que no existe más que un manuscrito, y la famosa Obertura, que es una de las obras más tocadas de Tailleferre). El 4 de junio de 1931 nació en Boulogne, su única hija, Françoise. Un año más tarde, en 1932, se casó con el reputado jurista francés Jean Lageat, padre de su hija. Una vez más, el matrimonio representó un obstáculo en su carrera de compositora, ya que su nuevo marido no la apoyó más que el anterior. A pesar de ello, Tailleferre permaneció muy activa.

A principios de 1942, Tailleferre completó sus Trois Études pour piano et orchestre dedicados a Marguerite Long. La ocupación alemana la llevó a emprender, con su hermana, la travesía hacia los Estados Unidos; llegaron a España, después a Portugal, y desde ahí embarcaron. Pasaron los años de guerra en Filadelfia. Compuso poco durante este periodo, ocupándose sobre todo de su hija, pero tuvo tiempo para escribir un Ave María para voces de mujeres a cappella estrenado en el «Swarthmore College», que se ha perdido.

Volvió a Francia en 1946 y se reinstaló en Grasse, cerca de Niza. Su relación con Lageat se fue deteriorando, pero la pareja siguió casada. Su primera obra importante desde su regreso fue el ballet Paris-Magie, estrenado en el Opéra-Comique en 1949.

En 1955, finalmente Lageat y Tailleferre se divorciaron y su hija Françoise le dio una nieta, Elvire. Ese mismo año, Tailleferre escribió una serie de cinco pequeñas óperas.

En 1957, en un breve periodo de experimentación con el dodecafonismo, compuso su ópera La Petite sirène. Durante los años 60 siguió componiendo mucha música para películas, así como un Concerto pour deux guitares, un Hommage à Rameau para dos pianos y dos percusionistas. Con Bernard Lefort —barítono que llegó a ser director de la Opera de París—, formó un dúo con el que hizo giras por toda Europa. El mismo Lefort fue, hasta la muerte de Tailleferre, uno de sus amigos más fieles.

A los 84 años, aceptó ser acompañante para niños en la «École alsacienne», una de las más célebres escuelas privadas de París. Este puesto le aportó un pequeño complemento al retiro, y le permitió acabar una última serie de obras, como la Sonate pour deux pianos. Su última obra importante fue un encargo del Ministerio de Cultura.

A sus 89 años escribió el Concerto de la fidelité para voces agudas y orquesta —la reescritura parte de una obra anterior, que será orquestada por Désiré Dondeyne—. Tailleferre compuso hasta sus últimos días, y murió el 7 de noviembre de 1983 en París. Fue enterrada en el cementerio comunal de Quincy-Voisins cerca de Meaux.


Marta Muñiz Rueda (Gijón, 1970) es escritora y músico. Ha publicado libros de poesía (El otoño es nuestro, Libro de la delicadeza), la novela Tiempo de cerezas, y los libros de cuentos 13 cuentos dementes y Anna y las estrellas. Desde pequeña su vida ha estado ligada al aprendizaje y la enseñanza del piano y la composición, ya que todas las mujeres de su familia han estudiado interpretación. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo y titulada profesional de piano por los Conservatorios de Gijón y León. Como compositora puso música a poemas y textos de Miguel de Cervantes y Lope de Vega en la obra ‘Duelo de ingenios’, actuando a dúo con la soprano Ana Clara Vera Merino, estrenándose con gran éxito en la Biblioteca Pública de León. También es autora de cuatro obras de teatro musical infantil en la compañía de la que forma parte, ‘Moraleja de la candileja’. Ha participado en numerosos eventos artísticos, antologías, revistas culturales y es columnista de opinión del diario de información general La Nueva Crónica.


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Mercedes G. Rojo http://entrepalerasyencinas-mercedesgrojo.blogspot.com/

Ligada al mundo de la creación literaria y la animación, difusión y promoción cultural cuento con poesía, relatos y literatura infantil publicados en numerosas antologías, publicaciones corales y revistas y blogs especializados, habiendo recibido diversos premios a lo largo de mi recorrido. Actualmente colaboro como articulista en diferentes medios, con proyectos propios, siendo uno de mis afanes visibilizar la obra de las mujeres en el campo artístico. Entre mis publicaciones individuales cuenta, entre otras, con Días Impares, Pecado de omisión y varios títulos de álbumes ilustrados de la colección Hrias. y leyendas del gato maragato, además de algunas más que verán la luz próximamente.

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