martes, septiembre 1 2026

La obsesión del instante by Beatriz Osornio Morales

Los dos habemos de tratar el asunto del instante; a los dos nos concierne. Tú y yo, perfectos desconocidos, tenemos en común ese gramo ingrávido de obsesión que es el instante. Estamos en sus manos tiránicas y maternales que apenas alcanzan a ser, en esa vaga existencia de tan breve inmensidad para los mortales.

El cliché de la comparación del nimio instante con el grano de arena, se excede en proporciones de peso y de tiempo. Mas aún, para ti es una tortura el instante, su aprehención; un imposible que sabe lo que somos, qué molesto. Un guijarro molestaría menos. El grano de arena es imperceptible, mucho más insignificante y más solo en apariencia, pero ¿cuántos instantes contiene el grano de arena? Un sin fin de existencias.

Tú y yo existimos al unísono en un mismo instante, tú y yo, incontables tú y yo alrededor del globo, en el viento, en la atmósfera, en las estrellas que parece que nos atestiguan, más allá de lo insondable, de lo conocible para el hombre. Todo en un solo instante compacto existe. Eso es a lo que yo llamaría el grano de un tiempo fino, la bocanada de humo de un dios que exhala, y es, ante los ojos, para extinguirse en los ojos pero sin dejar de ser, el instante sigue latente y tú y yo, perfectos desconocidos hemos de corroborar.

El grano de arena toma años, siglos para ser lo que es, es rico en instantes. Le sobra tiempo, tiene apenas peso y es ingrávido en duración, se va pronto y nos vamos con él. Ya sea a lo que un destello ilumina, o al vasto territorio desconocido del presente, donde mientras tú y yo respiramos placidamente, otros tú y yos, son mutilados en vida, decapitados, calcinados, muertos y esparcidos como objetos de amenaza. Y no lo sabemos, pero eso que pasa sin darnos cuenta en otras partes, también es el instante. Nos dolerá por partes cuando sepamos que sucedió a esta hora mientras… y no nos dábamos cuenta que ya dolía.

El instante es una herida oculta, un beso, el nacimiento de un hijo, una puñalada, y te creo, es una tortura gigante, una locura en plenitud manifestada.


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