Llueve a ambos lados de la ventana
de distinta manera, sin embargo,
con distinto ruido entre los dientes,
haciendo hincapié en distintos soles
que se nublan, con miradas furtivas,
dejando la esperanza hacia otro lado
en claro despertar que aún no se alumbra.
Llueve
con la desigualdad habitual sobre los charcos,
con la profusión de palabras húmedas
que inundan las gargantas,
dejando los sonidos robados
en un sueño.
Nada se aparece igual detrás de esas cortinas
donde se derriten unas manos,
donde todo cambia su color y su materia,
como las piedras, las piedras que son
lágrimas continuas de la arena.
Ya no hay diferencia entre un mar y un desierto.
Acaso una vela puede creerse nube
y dejar que el viento la robe.
Me tendrás que llorar infinidad de veces,
para sentir que llueves a ambos lados de mí;
a ambos lados de mí, de mi piel que te espera
como ese fruto maduro que se deshace en la boca
y dibuja la flor que no ha dejado de ser.
@José María Ysmer
@Imagen Pinterest
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