martes, septiembre 1 2026

MAL AGÜERO. Un cuento de Mirta Graciela Itchart

Aúlla el perro.

Cerró la puerta para no escucharlo. Cerró bien fuerte

Candelario hizo como que no la oía. Levantó el vaso de vino y se lo tomó de un trago.

-Aúlla el Chiquito -repitió ella-, mal agüero….

-Vaya con esas cosas, vieja, ¡déjese de joder!

-Aúlla nomás.

Teresa revolvía el guiso y rezaba a la virgencita. Por algo el perro estaba au- llando. En la cocina se escuchaba clarito y le ponía los pelos de punta.

-¡Vamos vieja, tráigame la comida y no murmure!

-¡Ya voy! ¡Ya voy! -contestó con fastidio. Aúlla el Chiquito, mal aguero… Lo miró fijamente y repitió:

-¡Mal agüero…!

Él golpeó el vaso sobre la mesa y gritó:

-¡Cállese! ¡A ese perro lo voy a matar de una buena vez! Candelario se le- vantó furioso y tomó la cuchilla. Entonces Teresa, con los ojos puestos en el hombre, con cierta lentitud, alzó la olla con el guiso hirviendo y se lo derramó sobre la cabeza.

Él trastabilló y cayó pesadamente, debatiéndose en el dolor.

Cuando Candelario dejó de gritar, Teresa sacó la cuchilla que lo atravesaba. La dejó sobre la mesada..

-Aúlla el perro… -murmuró con una sonrisa.


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