Adam and the Ant.
- ¡¡¡Chitón!!!- gritó con fuerza Elías-. Sois todos unas locas insoportables, inaguantables…- dijo mientras se levantaba del butacón en el que estaba-, y la peor de todas eres tú, querido Kike- espetó con desprecio en la cara de su novio-. Quieres ir de Nuevo Romántico, pero no pasas de ser un esperpento residual del Glam. Me voy a la toilette a ver si os olvido durante un rato…mariconas.- Colofón perfecto a otra de sus muchas demostraciones de desprecio hacia sus amigos. Él era la reina y ellos sus fieles seguidores.
Le vieron marchar hacia el fondo del pub, hacia el claro oscuro de la zona de baños. Delgado y largo como una anguila cimbreó entre la gente que estaba bailando en la penumbra de la pista, sin tocarlos, evitando un roce que lo contaminase de mediocridad. El resto se quedó en aquella esquina del local, la zona de mesas y butacas, sentados y mirándose los unos a los otros sin saber que decir.
Kike mantuvo la mirada fija en el suelo. El silencio en el grupo se alargaba en la espera de la vuelta de Elías. Entonces Marcos, que estaba a su lado, puso la mano con disimulo sobre la suya y la apretó suavemente. Sintió que el otro respondía, que durante un segundo sus dedos se entrelazaban. Protegido por el sombrero Fedora, Enrique, sin levantar la cabeza, lo miró con desesperanza. “A veces uno no sabe por qué elige el camino del dolor, con lo fácil que puede ser caminar sin penas. Así es la vida”, le había dicho Marcos, tras una larga conversación entre ambos hacía tiempo. Aquel día se habían confesado su atracción mutua, comido a besos y por su puesto llorado, ambos tenían novio y uno de ellos jamás dejaría al suyo.
Elías volvió brincando por el medio de la pista del pub mientras Adam and the Ant gritaba desde los altavoces. Sus pantalones bombachos, las chorreras de su blusa y la casaca de Húsar bailaron acompasados. Se acercó lentamente tocándose la nariz, seguramente había vuelto a usar esos polvitos mágicos traídos de Londres.
Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro. Se acercó a Kike y le dio un beso en los labios. Luego escenificó frente a ellos un acto de contrición por su salida de tono, que todos aplaudieron.
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