Intento recordar
la primera vez
que no se cruzaron nuestras miradas.
Me pierdo en las dunas del tiempo,
cuando la distancia
era un caballo desbocado
sin jinete.
Recuerdo silencios
que me llamaban,
miradas furtivas
que no escuchaba,
absorta en los rescoldos de amores desahuciados,
ignorante vagabunda ciega
sin lazarillo ni bastón.
Bebí la sangre de almas errantes
y te esperé océanos de tiempo,
como el conde vampiro a su amada.
Te busqué sin encontrarte
en los campos alfombrados de estrellas ,
la espuma del mar y el rumor de la caracola,
y te hallé sin buscarte en las tardes de niebla,
la luz menguante del ocaso y el frío del amanecer.
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