Los recibió apuntándoles con una vieja escopeta de caza desde el campanario. Y una amenaza: disuadirá a tiros a quien pretenda llevarse la campana, sea quien sea.
María ronda los ochenta; junto a su hijo y sus animales – ovejas, alguna vaca y los perros- son los únicos seres vivos que viven en el pueblo.
Todo se lo han llevado: primero la escuela, luego el médico,… el bar, la tienda, la gente… Solo queda la campana, única señal de que a su pueblo aún le queda un rayo de esperanza. Y la defenderá por encima de quien sea. Hasta su último aliento.
Mercedes G. Rojo
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.