ESCENA IV
-Funcionaria 1: ¿Qué le pasa a esa mujer?
-Dueño: Nada, nada, la cuesta de enero que la tiene un tanto trastocada. Figuraos el papelón, pobrecilla, se ha dado cuenta de que no le llegaba para comprar marisco y caviar y este fin de
semana es el cumpleaños de uno de sus hijos, y le hacía tanta ilusión y yo, como es buena clienta, y en la medida de mis posibilidades, la he querido ayudar, pero ya le he dicho que no soy las hermanitas de la caridad y que no sirva de precedente.
-Funcionaria 2: ¡Caray! Que injusta es la vida. Pero la culpa de todo esto, ¿sabéis quién la tiene?
-Funcionaria 1: No me lo digas, el gobierno.
-Dueño: Puede ser. ¿Qué queréis que os sirva?
-Funcionaria 2: Pues como te veo generoso en grado sumo, para mí un café bien cargadito, con zumito de naranja y bocadillo de jamón pata negra, pero eso sí, a precio de saldo, que el sueldo no
da para mucho.
-Funcionaria 1: Pues que sean dos.
-Dueño: marchando dos “generosos en grado sumo” de la casa.
(Para si) por qué no me cortaré la lengua algunas veces. (Va a la cocina. Al pasar por delante del retrato de Audrey Hepburn le estampa un beso como hace muy a menudo.)
(Las funcionarias llevan una carpeta con documentos y se pasan el desayuno sellándolos sin descanso).
-Funcionaria 1: ¿Cómo lo dejaste?
-Funcionaria 2: Dormido, con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana.
-Funcionaria 1: ¿Roncando?
-Funcionaria 2: Roncando.
-Funcionaria 1: ¿Y si viene alguien?
-Funcionaria 2: Le avisa Gloria.
-Funcionaria 1: Bendita Gloria, la de papelones que nos ha evitado.
-Funcionaria 2: No se lo merece.
-Funcionaria 1: Y el jefe le encubre, igual que al otro.
-Funcionaria 2: A Gigi el amoroso un día de estos, le van a cruzar la cara con dos ostias bien dadas.
-Funcionaria 1: Este sí se las merece. A mí ya no me atosiga como antes.
-Funcionaria 2: Claro, desde que le dijiste que te habías echado un novio que era campeón de halterofilia, tú me dirás.
-Funcionaria 1: Se quedó blanco como un cirio sin mecha. Ahora, cada vez que me ve, retrocede lo menos tres pasos y si tiene que darme algo, le manda al otro, cuando no está dormido.
-Funcionaria 2: Esta noche volví a soñar con la carcoma.
-Funcionaria 1: Ese susto no se te pasa ni aunque pasen cien años.
-Funcionaria 2: Vi como el vacío se abría delante de mis ojos.
-Funcionaria 1: Estuviste a punto de caer, lo vimos.
-Funcionaria 2: Podría haber muerto.
-Funcionaria 1: Sí.
-Funcionaria 2: Las cosas se hicieron mal. Muchas veces se hacen mal aquí, en el ayuntamiento. Todo es pura apariencia.
-Funcionaria 1: La belleza encubre a veces un armazón podrido.
-Funcionaria 2: En el silencio de la noche, puedo escuchar claramente dentro de mi cabeza, como unos dientes afilados van royendo la madera. Apenas duermo.
-Funcionaria 1: Ponte tapones y toma pastillas.
-Funcionaria 2: Hago ambas cosas y no es suficiente.
-Funcionaria 1: No sé qué más decirte.
-Funcionaria 2: No digas nada. (Se cogen de la mano)
-Dueño: Aquí os traigo vuestro desayuno mega extra saludable, a precio de saldo, ¡que os aproveche!
-Funcionaria 1: Gracias. (A su compañera) ¿Con qué te limpias el culo cuando vas al baño? No hay papel higiénico.
-Funcionaria 2: Me Lo traigo de casa.
-Funcionaria 1: Yo lo mango de bares como este.
-Funcionaria 2: Se lo dije al jefe.
-Funcionaria 1: ¿Y qué te dijo?
-Funcionaria 2: Que no era un problema de su incumbencia. ¡El muy capullo!
-Funcionaria 1: Pero bien que ha removido Roma con Santiago para lograr que le pusieran un piano de cola en su despacho.
-Funcionaria 2: Pues será de la única de la que pueda presumir porque de la otra (hace un gesto con las manos indicando lo chica que la debe de tener). (Ambas se ríen).
-Funcionaria 1: ¿Se la has visto?
-Funcionaria 2: Dios no lo quiera ni en sueños.
-Funcionaria 1: Tú no eres creyente.
-Funcionaria 2: En este caso como si lo fuera. También le dije, que gracias a Dios y vuelvo a ser creyente, ahora disponíamos de una superficie limpia y brillante, como es la tapa del piano, con la
que restregarnos el trasero después de ir al baño.
-Funcionaria 1: ¿Y…?
-Funcionaria 2: Se le encendió el rostro, me miro como si el mismísimo Lucifer se le hubiera aparecido y extendió un dedo señalando la puerta.
-Funcionaria 1: ¿Y…?
-Funcionaria 2: Cuando salí de su despacho no pude contener las carcajadas.
-Funcionaria 1: ¿Te oyó?
-Funcionaria 2: No sé. Me la trae al fresco.
-Funcionaria 1: Bien hecho.
-Funcionaria 2: Hace años no me hubiera atrevido a contestar como lo hice, pero ahora, a punto como estoy de jubilarme, nada tengo que perder.
-Funcionaria 1: Que suerte la tuya que te quede tan poco, al fin te librarás de tanto incompetente.
-Funcionaria 2: Y tanta burocracia innecesaria y tanto papeleo agotador y tanta firma y autorización, que hasta para ir a mear va a ver que pedir permiso.
-Funcionaria 1: Por triplicado y sin saltarse ningún personajillo del escalafón.
-Funcionaria 2: Cuando era joven, me llevaba muchos disgustos, veía innumerables injusticias y ¡cada trapicheo! Era desesperante, la infinidad de trámites a seguir para solicitar algo por pequeño que fuera y esto por desgracia, sigue pasando. Las nuevas tecnologías pueden variar los métodos de hacer las cosas, pero no la mentalidad de quienes las hacen. Ahora con el tiempo me he vuelto insensible, ya todo me resbala.
-Funcionaria 1: Uno se da cuenta de que por mucho que proteste y patalee, apenas va a conseguir algo.
-Funcionaria 2: ¡Pero lo bien que sienta un buen corte de mangas!
-Funcionaria 1: ¡Sobre todo al jefe! …. ¿Cuándo te marchas a Mallorca?
-Funcionaria 2: La semana que viene. Serán mis últimas vacaciones. Adiós a los madrugones y a las caras largas.
-Funcionaria 1: Podrás irte cuando quieras, sin pedir permiso, sin rogar a nadie. ¡Qué suerte!… Te echaré de menos.
-Funcionaria 2: Vendré a veros, cuando no esté el jefe.
-Funcionaria 1: No será lo mismo.
-Funcionaria 2: Podremos quedar los fines de semana.
-Funcionaria 1: Será difícil. Yo con mi madre enferma en el pueblo, me marcho casi todos.
-Funcionaria 2: Hablaremos por teléfono, nos mandaremos WhatsApp. Por nuestro cumpleaños nos felicitaremos y también en navidades. (Se quedan en silencio, se miran, lloran y se abrazan).
-Dueño: (Mirándolas) No sé qué pensar. No creo que sea por culpa del desayuno. Aunque es verdad que hay personas muy emotivas y un buen jamón como ese, le hace a más de uno saltar las lágrimas.
-Funcionaria 2: Nos dices que te debemos.
-Dueño: (Empieza a hacer cuentas con los dedos, rectifica varias veces) Por ser vosotras 7 euros.
(La funcionaria 1, busca su cartera dentro del bolso)
-Funcionaria 2: Deja, deja, te invito. Tal vez no tenga otra oportunidad para hacerlo.
(Se vuelven a mirar en silencio, se abrazan y vuelven a llorar)
-Dueño: (Para si) ¡Ahí va!, otra vez la llantina, quizás les parezca demasiado y cómo están tan mal los sueldos. ¡Vamos chicas, no me lloréis más! ¡Venga!, que os regalo (busca por la barra) estos posa vasos very Fashions y estos calendarios de bolsillo súper cool. (Para si) Y ahora haciendo regalitos a la clientela, el negocio al carajo en un decir ¡Jesús! Y yo con él si se entera la mujer.
(Las dos funcionarias dejan de llorar, pagan y cogen los regalitos).
-Funcionaria 1 y 2: Gracias. No tenía por qué molestarse.
-Funcionaria 1: (A su amiga). Voy un momento al baño.
-Dueño: No es ninguna molestia. Con clientas tan fieles como vosotras, me siento casi en la obligación.
(Vuelve la funcionaria 1, cerrando la cremallera del bolso de la que asoma ligeramente un rollo de papel higiénico).
-Funcionaria 1: Hasta la semana que viene.
-Dueño: Que tengáis un buen fin de semana y tú, (a la funcionaria 2) que disfrutes mucho en Mallorca.
-Funcionaria 2: Gracias. Nos volveremos a ver, aunque aún no sé cuándo.
-Dueño: Cuando gustes, aquí estaremos.
(Salen las funcionarias. El dueño despidiéndolas en la puerta).
Y dijo el sabio Lao Tse, poco antes de morir:
Si te roe la carcoma
Y el trasero te falla,
Afina bien el piano
Sin llegar a las manos.
ESCENA V
(Vuelve a entrar, recoge la mesa del desayuno de las funcionarias y va hacia la cocina, nuevo beso a Audrey).
(Van a dar las 12, el dueño se mueve de un lado para otro preso de un extraño frenesí. Revisa hasta el menor detalle para que todo esté en orden. Pasa el dedo por encima de la barra y de las mesas, barre con destreza incluso por los rincones más ocultos. Coge una espumadera y un plumero y se coloca junto a la puerta como un guardia delante de una garita. Aparece su mujer, hija de coronel retirado).
-La mujer: Buenos días. (Se besan). ¿Novedades?
-Dueño: Ninguna digna de reseñar.
-La mujer: ¡Bien! Pasemos revista. Espumadera… sin una gota de grasa, correcto. Plumero… sin una mota de polvo, correcto. ¡Descansen armas! Vayamos al interior. (Pasa el dedo por encima de las mesas y la barra, parece satisfecha. Se quita el abrigo que cuelga en un perchero y deja el bolso). ¿Los baños?
-Dueño: Limpios y relucientes.
-La mujer: Lo veremos. ¿La cocina?
-Dueño: Limpia y reluciente. Dispuesta para las maniobras. Patatas, peladas, lavadas y cortadas, cebolla, en rodajas muy finas, sartén, sobre el fogón, aceite, a mano, seis huevos, en formación a la espera de órdenes.
-La mujer: ¿El menú de hoy?
-Dueño: (Saca una hoja y lee).
De primero:
Ensalada de ventresca con pimientos asados
Revuelto de setas con gambas
Sopa de cocido
De segundo:
Cocido
Tortilla española
Merluza en salsa verde
De postre:
Fruta del tiempo
Tarta de queso con arándanos
Natillas de la casa.
Bebida:
Agua, cerveza, o vino con casera.
-La mujer: ¿Precio?
-Dueño: El de siempre, 10 euros.
-La mujer: Deberíamos subirlo. 10,50.
-Dueño: Lo subimos. 10,50.
-La mujer: Eso es todo. Ya puedes irte.
-Dueño: ¿A qué hora vendrán los refuerzos?
-La mujer: A las 2, justo para servir las mesas.
-Dueño: Yo estaré de vuelta en el cuartel a las 6, como siempre.
-La mujer: No te retrases. Te espero. (Se dan un beso)
-Dueño: Buena guardia. (Se pone el abrigo y se marcha).
ESCENA VI
(Lo primero que hace la dueña antes de meterse en la cocina es darle la vuelta a la fotografía de Audrey, por el otro lado foto de Richard Gere en la película de “Oficial y Caballero”, le estampa
un beso).
(Poco antes de las 2 llega la hija de los dueños, toda vestida de negro y con infinidad de anillos en los dedos y pulseras y colgantes)
-Hija: (Llamando a su madre) ¡Ya estoy aquí!
-La mujer: Ahora mismo salgo. (Sale de la cocina secándose las manos). A ver esas manos. (La hija extiende las manos sobre la barra. La madre le va quitando anillos y pulseras que guarda en
una cajita. Revisa las uñas) Cortadas y limadas en su justa medida, pero….
-Hija: Pero, ¿qué?
-La mujer: El color del esmalte demasiado oscuro.
-Hija: Nunca estás satisfecha. Aún no sé por qué sigo viniendo a ayudaros. No recibo nada a cambio.
-La mujer: Aún vives con nosotros. ¿Te parece poco? Otros a tu edad ya se habrían independizado.
-Hija: Eso era antes.
-La mujer: Sois muy cómodos. Queréis demasiadas cosas.
-Hija: Vivir
-La mujer: ¿Vivir?… La vida no es lo que tú te crees… Anda, quítate el abrigo, ponte el delantal y empieza a vestir las mesas. Hay prisa. Ya seguiremos con esta discusión en otro momento.
-Hija: Siempre hay prisa. (Se quita el abrigo que cuelga en el perchero, se pone el delantal y empieza a sacar manteles, vasos, platos y cubiertos. Viste las mesas).
(Entran dos obreros, vestidos con el mono de trabajo, llegan con mucho polvo y yeso de la obra).
-Hija: ¡Madre, ya están aquí los obreros!
Continuara…
@José María Ysmer Palacios
@Coolhuntermx imagen
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