martes, septiembre 1 2026

UN PERRO EN UN PARQUE by Francisco Javier Fernández

  • Chao- me dijo aquel perro que apareció de repente frente a mí, mientras estaba tranquilamente fumándome un pitillo.

Miré el cigarro, luego el paquete de donde lo había sacado: Nobel, Bajo en nicotina, el fumar puede matar, fumar causa impotencia; pero nada que relacionase la nicotina y el alquitrán con las alucinaciones. Volví a mirar el cigarro, pero con las manos, palpé su boquilla, la solidez del cilindro de papel, se le veía flojo, sin la consistencia habitual del relleno del tabaco. Me estaba fumando el canutillo de la risa que Moisés me había dado en la en la Sede de la CNT: “Una mezcla de hojas y semillas de marihuana con algo más de mi cosecha propia. Vas a flipar”, había dicho cuando me lo pasó. Ahora lo estaba fumando por error. Mi equivocación había sido mezclarlo con el resto del tabaco. Fijé de nuevo la mirada en frente y allí seguía el chucho. Realmente estaba flipando.

  • Chao- repitió mientras ladeaba la cabeza.
  • ¿Aún sigues ahí?- le respondí con la mayor naturalidad posible- Creía que te ibas.
  • ¿Por qué iba a irme?- apuntilló clavando sus ojos marrones en mí.
  • Porque has dicho chao y eso se dice cuando uno se va- lancé con ironía una respuesta victoriosa, como si ese gesto tuviese algún valor cuando una está hablando de tú a tú con un animal.
  • No he dicho chao, he dicho ciao, que en italiano es un saludo y vale tanto para despedir como para saludar.
  • Entonces tengo que disculparme, pero no domino ese idioma como tú- apagué el porro de forma instintiva sobre la tablas del banco donde estaba sentada. Y un poco fastidiada porque el chucho aquel me turbara ese momento de paz que había ido a buscar al parque-. ¿Y tú quien eres?
  • Yo soy un perro, un Setter irlandés- contestó mientras sacudía su pelo rojizo.- Me llamo Iván.
  • Ya me parecías a mí un perro de caza ¿Qué haces tan solo por aquí? ¿No te han dicho que no tienes que hablar con desconocidos?- dije con sarcasmo reprochándole su actitud.
  • Estoy con él- dijo mientras levantaba su pata delantera derecha y señalaba a un hombre de unos treinta y muchos años, vestido de marca y con jersey anudado al cuello, que hablaba con una joven rubia mucho más joven y del mismo estilo de vestir y que tenía un Westy blanco.- Me ha traído al parque a pasear, a correr para aquí y para allá, mientras él intenta ligarse alguna chica con perro o sin él.
  • ¿Por qué no estás con ellos?-seguí con el interrogatorio, que se estaba convirtiendo en la conversación más amena que había tenido en todo el día.
  • Porque no me gusta venir aquí y lo que hace.- Se sentó lentamente sin apartar la mirada de mí, su pelo brillaba por el sol y recordaba los arboles caducos en otoño.- Yo soy más de campo, de salir al aire libre- levantó las cejas, perdió la mirada en el cielo y aspiró un suspiro lento por su nariz pequeña y regordeta.- Además odio a esos perro enanos que tienen tan mal carácter.
  • Eso tendrías que decírselo a él- le recomendé sinceramente- Seguro que te entiende.
  • Cuando trato de hablar es como si no me oyera, como si yo no supiera más que ladrar y no entendiera nada. Nunca me quiere escuchar, sólo quiere que obedezca.
  • Pareces un perro listo, seguro que encontrarás cómo hacérselo saber- me incliné ligeramente hacía su cabecita, puse la mano sobre ella, agité su pelo y dejé que éste se deslizará entre mis dedos. Abrió la boca y enseño sus dientes en forma de sonrisa.
  • Me gustas para él- dijo bajando la mirada y con un hilo muy fino de voz mientras se volvía a poner de pie.
  • Perdona, creo que no te he oído bien ¡¿Qué te gusto para tú amo?!- repliqué asombrada bajando el sonido de mi voz a la vez que doblaba mi cuerpo para poner mi cara a la altura de la suya-. ¿Por qué dices eso?- me levanté como impulsada por un muelle localizado en mi columna vertebral.
  • Llevas otra ropa, diferente a las otras, pareces más…. más normal- había bajado la cabeza, me miraba de soslayo, tímido, cruzaba la patas delanteras mientras que no paraba de mover las traseras.
  • Me siento halagada por lo que acabas de decir, pero no creo que sea mi tipo.- respondí mientras me percataba que aquel día llevaba un estilo de lo más hippy: vaporosa camisa y falda larga color azul cielo y alpargatas; el pelo suelto que me tapaba media cara por los rizos que tenía.
  • Ya…-respondió Iván un poco decepcionado.

Giró la cabeza al oír su nombre. Se despidió de mí educadamente. Y salió corriendo a reunirse con él y la rubia del perro blanco con malas pulgas. Al llegar a la altura de la pareja aquel hermoso perro se había transformado en un chinchoso pelirrojo con cara de malo-simpático de apenas 10 años. Levantó su pequeña mano para despedirse y los vi marchar lejos de mí.




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