Una mujer camina sin prisa bajo la lluvia. Se resguarda en un paraguas oscuro y viste una gabardina roja. No he podido ver sus zapatos, pero deduzco que son cómodos, quizás unas deportivas. Me fijo en ella porque camina despacio, observando el mar que queda a su derecha, un mar plata, espejo de un cielo repleto de nubes de diferentes tonalidades que van del blanco algodón al gris antracita. Un día de lluvia perfecto.
La mujer sigue su paseo con calma mientras la adelantan varias personas que caminan con mucha prisa. Me hace pensar en que normalmente, cuando llueve, intentamos correr. ¿Para qué? ¿Para escapar de la lluvia? Quizás por eso me ha llamado la atención la mujer de la gabardina roja. Ella disfruta, está relajada, quizás saborea este día como un regalo después del intenso calor del verano, de días repletos de sudor en los que era imposible escapar de las altas temperaturas.
Las otras personas no. Las otras quizás piensen que es un día horrible, que se está mejor con sol (a pesar de que los días soleados protesten por el calor), que llueve y seguro que les ha trastocado un plan importantísimo como ir al mercadillo, a por el pan o a por comida para el gato.
Me parece surrealista observarlo desde la distancia y comprender que, sin quererlo ni pretenderlo, la mayoría de personas actuamos así: pasamos por la vida de puntillas, con prisa, sin detenernos a contemplar, a saborear, a disfrutar del regalo de cada día. Creo que esa mujer del paraguas me ha dado una lección sin ser ella consciente. Porque ella solo pasea, camina lento, mira el mar de plata y sonríe (esto quiero imaginarlo, porque no le he visto el rostro). Quizás va despacio porque está triste, la tristeza siempre logra detener las prisas, o quizás esté feliz y disfrute de la mañana. Prefiero quedarme con la segunda opción. No voy a preguntarle, ya la he perdido de vista desde la terraza donde estoy observando. Pero agradezco su enseñanza de hoy: vivir sin prisa. Vivir cada día desde dentro, sin pasar por los días con el único propósito de tacharlos en un calendario.
Dice Milena Busquets que una de las 27 maneras de seguir siendo joven (no te pierdas su blog hoy) es “que cada día empiece el mundo. Que no sea una continuación. Que sea un comienzo”. Y la mujer del paraguas lo hace. Me lo ha demostrado su caminar lento. También me ha recordado que hace un tiempo empecé un proyecto literario con ese nombre: La mujer del paraguas… pero esa es otra historia.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.