HISTORIA A TRAVÉS DE LA ARQUITECTURA IGUALES Y DISTINTAS
El nacimiento de la arquitectura va ligado desde el principio de la existencia del ser humano, a la necesidad que el hombre primitivo tenía de asentarse. Ahora a través del estudio de la historia podemos asegurar sin temor a equivocarnos que las primeras construcciones como tal fueron de madera, hojarascas, cañas, en una palabra elementos y materiales que existían en la propia naturaleza, debieron de ser construcciones circulares construidas con piezas de barro cocido al sol y cubiertas vegetales. De alguna manera a esa construcción hoy podríamos llamarla “Arquitectura sostenible” algo que hoy en día se está poniendo en boga, como un nuevo estilo de Arquitectura.
Podemos asegurar, sin equivocarnos, que no todas las arquitecturas son iguales, (evidentemente comprensible y explicable) porque no todas las arquitecturas pretenden ser o responder a unos mismos objetivos. Frecuentemente los historiadores y estudiosos del arte de la arquitectura hacen distinción entre arquitectura histórica o estilística, arquitectura popular o tradicional y arquitectura común o vulgar.
Frecuentemente para los historiadores del arte la arquitectura suele reducirse a aquellas obras que toman en consideración el espacio y los lenguajes artísticos, limitándose a estudiar una «selección» de arquitecturas clave, especialmente significativas dentro del desarrollo de la historia del arte. Estas obras podrán encontrarse de manera indistinta en el hábitat rural y en el urbano.
Definir la arquitectura popular plantea dificultades, controversias y discusiones que no terminan de definir, dónde empieza y dónde termina y en qué consiste la arquitectura popular. Vamos a intentar, creo que sí podemos hacerlo sin excesivas discusiones, establecer una distinción entre la arquitectura vernácula, que llamaremos popular, y la arquitectura primitiva. Las diferencias básicas entre ambas estriban, por una parte, del diferente grado de complejidad técnica, y por otra, de la existencia o no de alusiones a la arquitectura histórica o estilística. La arquitectura primitiva tiende hacia la definición territorial con indicaciones jerárquicas y rituales: la cabaña del jefe, del brujo, el recinto sagrado…, mientras que la arquitectura popular busca, ante todo, la solución óptima de la función. Como características de la arquitectura popular señalemos el protagonismo de los materiales y de las técnicas constructivas propias de la zona, la participación directa del usuario en el proyecto y en la realización, el empleo de un repertorio formal de una gran sencillez, con algunas referencias puntuales a los lenguajes cultos y, en especial, la perfecta adecuación a las necesidades funcionales. En la arquitectura popular estas soluciones se dan sin pretensión de «estilo» ni de «artisticidad», pero no por ello sus realizaciones carecen de sensibilidad ni quedan completamente al margen de la estética.
La arquitectura popular, al igual que la denominada estilística, puede darse en el hábitat rural y en el urbano.
Existe una arquitectura que no puede ser considerada ni estilística ni popular. Es aquella arquitectura cuyo único objetivo es la utilidad, sin ningún tipo de vinculación con el lenguaje de la arquitectura histórica y por supuesto sin la pretensión de artisticidad: es la arquitectura corriente, es la arquitectura sin alardes, es la arquitectura de la especulación pura y dura, la arquitectura creada y construida por (el dinero)la especulación ósea una arquitectura meramente utilitaria, que llena nuestras ciudades.
Las diferencias establecidas entre los tipos de arquitectura vistos hasta ahora no han existido siempre,(solo a partir de mediados del siglo XIX) sino que cada época histórica ha tenido sus propias concepciones de la arquitectura, de lo que debía considerarse como tal y de dónde debía situarse el límite o franja divisoria entre la verdadera arquitectura y la mera construcción.
Para los grandes imperios del Oriente Próximo, Egipto y Mesopotamia, en un primer momento la arquitectura en piedra que se reservaba para los monumentos funerarios, fue la reproducción de las construcciones de caña utilizadas por el pueblo en su vida cotidiana. Así nacieron, en Egipto, las mastabas, cuya superposición dio lugar a las pirámides, y en Mesopotamia apareció el zigurat.
A estas tipologías se unieron pronto las de los templos. En cualquier caso, se trataba de obras encargadas por los gobernantes del momento y dedicadas a la exaltación y glorificación de los dioses y los soberanos.
Tras las experiencias del mundo prehelénico, en los palacios cretenses, en las fortificaciones micénicas y en las construcciones funerarias de las islas mediterráneas, la concepción de la arquitectura experimentó una variación en Grecia, donde se concebía al hombre como medida de todas las cosas.
Durante siglos. La codificación de la edad arcaica en tres órdenes estéticos la Arquitectura griega es la que sustenta las bases de lo que será la arquitectura del mundo occidental conforme a los cuales construyeron los Griegos (Dórico, Jónico; corintio) convirtiéndose en el lenguaje arquitectónico, con el helenismo compartido por el mundo mediterráneo.
En la época griega existió una gran arquitectura, encaminada principalmente religiosa o ceremonial, al lado de la cual aparecieron grandes conjuntos arquitectónicos dedicados al hombre y a sus actividades. Los arquitectos griegos construyeron teatros, palestras, odeones, mercados públicos… con la misma atención, cuidado y precisión con que se levantaron las «moradas de dioses». En cualquier caso, y sin ninguna duda creo que se trataba de una arquitectura destinada a ser vista desde el exterior, desarrollando en sus fachadas el lenguaje de los órdenes clásicos anteriormente reseñados. Hemos de tener en cuenta que por aquella época, y aun en épocas posteriores, se consideraba que la arquitectura era de un rango inferior al de las demás artes, dado su carácter evidentemente manual.

LA ARQUITECTURA
Durante el Imperio Romano y siguiendo a Vitrubio (siglo I a.C.), la arquitectura se consideró como una disciplina teórico-práctica, que fue enfocada y se encargaba principalmente de la construcción, de la hidráulica, de la construcción de cuadrantes solares, de la mecánica y de sus aplicaciones en la arquitectura civil y en la ingeniería militar. En Roma la arquitectura se dedicó a construir edificios religiosos, civiles públicos y palacios, además de crear un modelo de vivienda doméstica: a la que hemos denominada domus romana que no es otra que la típica vivienda familiar.
La teoría de la arquitectura del mundo antiguo, sus fundamentos estéticos y técnicos, fueron transmitidos a la Edad Media, entre otros caminos, pero principalmente, por el tratado de Vitrubio De architectura. En la Edad Media el término «arquitectura» se refería o relacionaba en exclusividad a las grandes obras religiosas y, sólo en un segundo plano, hallamos algunas construcciones civiles de rango áulico que revelan preocupación por cuestiones estilísticas, si bien lo habitual en la arquitectura civil del momento es el interés por la estricta funcionalidad de los edificios.
En el Livre de Portraiture de Villard d’Honnecourt (siglo XIII) se dan algunas observaciones sobre arquitectura que resultan las más ilustrativas que se escribieron durante la Edad Media. En este período comienza a darse una diferenciación clara entre el «operarius», que dirige la construcción, y el «artifex», que es quien trabaja en ella, dando una evidente relevancia al primero. A finales de la Edad Media una nueva tipología civil alcanza el rango de gran arquitectura: son las lonjas, arquitectura civil pública que se sitúa junto a Iglesias y palacios.
La concepción vitruviana de la arquitectura reaparece en el siglo XV con la obra de L. B. Alberti De re aedificatoria (Florencia [1450], 1485), primer tratado arquitectónico del Renacimiento. En él se confirma la consideración de las iglesias, los palacios y la arquitectura civil pública como los temas o tipologías principales de la «gran arquitectura» y, por primera vez, se despierta el sentido histórico de la valoración del pasado arquitectónico. Así, dentro de esta tendencia podemos encuadrar la generalizada opinión desfavorable hacia el mundo medieval, que es calificado despectivamente de «gótico», o «bárbaro». El propio Alberti, en su creencia de que el arte sólo florece con la prosperidad y el poder político, afirma que la buena arquitectura antigua surge y decae con el Imperio Romano y no hace mención alguna de las grandes catedrales medievales que, forzosamente, conoció. En cualquier caso, el Renacimiento representó la valoración del espacio y el culto a la proporción.
En el siglo XVI, y en especial con Palladio, Vignola y Scamozzi, una nueva tipología entra a formar parte de la considerada «Arquitectura»: la villa privada suburbana, entendida como residencia de recreo o, como en el caso de las villas de la región del Véneto italiano, como centro de unidades de economía agrícola. En Italia en 1520 surgió un nuevo estilo que se caracterizó por el rechazo al clasicismo y la rigidez de sus normas así como la interpretación y utilización libre de las normas llegando a la deformación de la realidad. A este movimiento se le ha llamado Manierismo. El Manierismo significó un progresivo abandono de la proporción de las figuras, de la perspectiva espacial, del uso de líneas claras y definidas y de las expresiones mesuradas y dulces de los personajes renacentistas. Para muchos, el Manierismo es un período de transición entre el arte renacentista y el arte barroco de los siglos siguientes.
Durante el Barroco, formalmente, <fue el triunfo de los espacios unitarios, definidos por muros sinuosos y perspectivas engañosas,> junto al triunfo de la arquitectura representativa y propagandística (iglesias, palacios…), se brindó una gran atención a la ordenación urbanística de los conjuntos monumentales y de las ciudades: recordemos el urbanismo de la Roma barroca o las ordenaciones urbanísticas de la ciudad residencial de Bath, Inglaterra en el siglo XVIII.


El Neoclasicismo, desde un punto de vista formal representó un abierto ataque a su estética, si bien no introdujo ninguna novedad en lo referente a las construcciones consideradas como «arquitectura» durante los períodos anteriores, como se evidencia en las obras teóricas de Bellori, Winckelmann, Miliziab entre otros. Si el Romanticismo representó poco más que una moda a la hora de crear espacios, el Realismo introdujo tipologías arquitectónicas inéditas derivadas de las nuevas necesidades de una sociedad pujante: estaciones de ferrocarril, hospitales, bibliotecas, fábricas, una sociedad ávida de nuevos conocimientos y nuevas formas de formar y de concebir la sociedad llegando hasta nuestros días como forma de sociedad y organización de sociedad. A finales del siglo XIX y especialmente durante el Modernismo, la residencia de la burguesía se constituye en objeto de consideración artística.
Con el advenimiento de nuevos materiales, como el hierro, el vidrio, el acero, el hormigón armado, algunas construcciones consideradas en principio como obras de ingeniería alcanzan el grado de arquitectura artística, como sucedió con las construcciones de Gustave Eiffel, uno de los pioneros en emplear el acero como un material a la hora de realizar o desarrollar una obra arquitectónica.

En el siglo XX, con las tipologías correspondientes a los tipos tradicionales de la arquitectura — monumental, religiosa, áulica — coexisten otros de significado diferente; por ejemplo, las viviendas y urbanización de áreas residenciales como soluciones al acuciante problema del alojamiento para una población cada vez más numerosa. Ello ha llevado a interesantes conquistas que han permitido integrar, en algunos casos, la arquitectura de viviendas económicas dentro de la categoría de construcciones con rango de «arquitectura».
Evidentemente soy consciente de que con este brevísimo recorrido por diversos momentos de la arquitectura no hemos hecho sino aproximarnos a la visión que, desde nuestra cultura marcadamente occidental, podemos tener de la historia de la arquitectura y de algunas de sus tipologías. Quedan pendientes, para otro lugar y otro momento, estudios más profundos sobre las diversas concepciones de la arquitectura.

Dadas las características tan complejas del fenómeno arquitectónico propiamente, son múltiples los métodos de conocimiento con que los estudiosos se acercan a él, según valoren preferentemente uno u otro de sus elementos o factores. Las doctrinas más conocidas, son entre otras: el funcionalismo, las teorías espacialitas, las interpretaciones positivistas y las formalistas.
Que hablaremos de dichas teorías en el próximo capítulo.
@Pipo Bunorrotri.
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours