martes, julio 28 2026

La fuerza del amor.- Capitulo 2.- por Joaquín Lourido

¡¡Lázaro sé lo que dice!!

Tienes ahí un papel y lápiz, vamos a descifrarlo. Fue anotando y el resumen era este:

Renuncié al deseo
de evitarte
al cruzar la calle,
renuncié al planteamiento
de no imaginarte…
Bebí lento y si respiro
de tus ojos profundos
resbalando mi boca
besé tu nombre, Antía.

Antía después de encontrar la solución al clon de Lázaro. No se reconoce, ni sabe en qué planeta está. Dado que el extraño chico, conoce su nombre y como si la conociera de toda la vida.
Ella, preocupada le pregunta por su nombre y que hace allí.

– Hola Antía, por fin te he encontrado.

– ¿cómo? Responde ella.

– Si, amiga del alma. Es que ya no me reconoces. Yo soy Jonatan a quien conociste en la facultad.

– Jonatan… Jonatan… No recuerdo ese nombre.

– Si ojeas tus nalgas, apreciarás que tienes una J y una A enlazadas por unos aros atravesados con una lanza. Ella, ni corta ni perezosa, se mira las nalgas sin motivo aparente y descubre que, en realidad, si tiene grabado muy diminuto lo que él le dice.

– Te das cuenta de lo que llevas? Es que te lo hice yo mismo, hace muchos siglos.

– ¿Cómo que siglos?… Dirás años.

– Si, si siglos. Lo puedo demostrar. Escucha princesa… ¿En qué otro mundo de raras cerezas oíste mi voz? ¿En qué planeta sideral y de nieve, pudiste ver para saber dónde estabas?… ¿Te acuerdas?

– No, nada en absoluto.

– Intentaré ilustrarte. Yo era raíz de rosa, y me regabas… Tú, el nervio de mis ojos, nos perseguíamos atravesando cuerpos de venas y latidos por pieles de animales, por estambres, escamas, esqueletos y cortezas. Cincelábamos torres, éramos dos en uno con espíritu de lágrimas y
sonrisas.

– No recuerdo nada de eso, amigo. No sé qué historias me cuentas. ¿Pero no entiendo como sabes tanto de mí y por qué llevo este tatuaje?

– Simplemente que éramos como el día y la noche; lo claro y lo oscuro, las raíces de otro mundo.

– Cada vez me lo pones peor, Jonatan.

– Has dicho mi nombre. Eso ya es algo…

– Y por qué me cuentas todo esto… así de repente. Si ni tan siquiera sé quién eres, ni de dónde vienes.

– Quizás porque es hora de que regreses a tu mundo. Porque eres el símbolo de la risa, el cristo del amor, la humildad eterna.

– Si eso es así. ¿Quién soy? ¿De dónde vine? ¿A dónde voy? ¿Y por qué ahora me necesitan?

– porque… por…que… porque… soy tu hermano de sangre. Somos del planeta Sirius y si no vuelves nuestro mundo dejara de existir. Allí también tenemos oxígeno y agua como en este planeta Tierra. Pero los invasores de Policarpio y sus hermanos quieren destruir las galaxias –incluida la Tierra- Vengo a recogerte y llevarte. Mis días terminan y alguien debe gobernar y dirigir el imperio contra nuestros enemigos. Tú eres la reina por sangre y conoces todos los trucos para vencerlos.

– ¡¡Oh, Dios !! y por qué ahora? Estoy muy enamorada de Lázaro. Deseo estar con él toda la vida en la Tierra y me pides que crea en ti -así como así- dejar todo y gobernar una galaxia que ni siquiera conozco.

– Hermana, lo siento. Intentamos resistir, que tu vida fuera terrenal que conocieras todo lo que nosotros no vimos. Somos amigos de los terrestres. Y si Lázaro está de acuerdo, puede venir con nosotros. Ya que después de hacer el amor con él se ha convertido en un sirius más.

Lázaro cuando escucha toda esta conversación queda estupefacto. No daba crédito a lo que oía. Trata de irse. Cómo iba a compartir amor con una extraterrestre. ¿Cómo iba a ser su vida?. Todo un enigma se encerraba y su cerebro barrenaba como nunca lo había hecho. Antía al ver que se alejaba, le llama:

– Lázaro, todo es muy extraño, insólito. Pero si en realidad me amas… No me dejes sola. No sabría vivir sin ti. Ven toma mi mano, rocemos los cuencos, abracemos nuestros cuerpos y que sea lo Dios quiera. Al fin y al cabo. Soy como tú. Vivo como humana, tengo sangre caliente, respiro como tú, y uno sin el otro no somos nada… Lázaro y es que mi alma se acongoja y le faltará esa luz intensa que brillan de tus ojos.

Mientras Antía y Lázaro seguían hablando no se percataban de que Jonatan estaba herido y que se desangraba. Las dos almas gemelas se besaron como nunca lo había hecho. El intercambio de fluidos era cada vez más enardecedor… Eran un solo árbol con ramas verdes, tallo genuino y parecía que ya la flor se asomaba como los capullos se abren, cada mañana al alba con el dios Febo como compañero.

Antía y Jonatan deciden que deben volver a su galaxia. Pero Lázaro desconfía de Jonatan, Y simplemente le pregunta:

– ¿Puedo ir con vosotros?

– Si eres capaza de luchar, por supuesto.

– Creo que sí, Jonatan.

– Pues no esperemos más.

Cuando inician el despegue en uno de sus reactores. Lázaro llamó a Antía mientras Jonatan conducía hacia la galaxia. Y le murmura que cree que no es su hermano. Que le parece que está suplantando a otro. Entonces Antía se acercó a Jonatan y le hizo una simple pregunta:

– ¿Si tenemos que combatir, con qué tipo de arma lo hacemos?

– No te preocupes, hermana. Ya lo sabes con una cimitarra…

Antía, no sale de su asombro y se da cuenta que en su tatuaje no había tal arma, sino una lanza. Estaba segura que no era Jonatan. ¿Pero cómo podía probarlo? Se las ingenió con Lázaro. Me da la impresión que este es Policarpio. Ya verás, sólo tenemos que hacer una cosa: simular una lanza –aunque sea de papel de aluminio- si es así, les temen simplemente al verlas porque son alérgicos al Alzheimer. Se pusieron manos a la obra. Terminan de hacer su labor y cuando menos lo pensaba el falso Jonatan –tiene ante sí la lanza- Se la enseñan y de repente cambió su talante, la cara se
coloreaba de azul morado y esto demostraba que en realidad era Policarpio que había usurpado el cuerpo de Jonatan. Temeroso, Policarpio ante la situación decide luchar ante los dos y Antía muy
inteligente, le dice a Lázaro: Dime algo fuerte lleno de amor, como sólo tú sabes. Ellos son odiosos y les temen a todo tipo de mensajes y actos cariñosos. Lázaro, mientras tanto con su lanza de papel no deja que le tocara Policarpio y de su boca, pronuncia unos versos a Antía (mientras
se colocaban en una burbuja transparente y que con los rayos solares adquiría más intensidad y cegaba a Policarpio):

Apareciste sutilmente
sobre los techos quebradizos de la esencia,
vienes de donde los papeles
señalan agua;
Saliste de mis sueños;
de allí vienes
llegaste a mí con una
transfusión de carne y hueso,
tocando mi alma inexplicable.
Amaneció en mi atardecer
antes de ti, me marchito,

tu magia me permite
atreverme al deseo…
Trenzarme de ti
en el borde de lo insólito
adherido al yugo suave de tus pies.
Perdido en el semblante de tu luz.
Y ahora bebo de tus pecados
hasta no quedar sobrio.

Antía no se resiste ante esta trova y de una manera apasionada sus cuerpos ardientes y deseosos se manifiestan en el grado más elevado de locura y amor.

Policarpio ante ello se va deshaciendo hasta quedar en cenizas formando parte del polvo que allí residía. Los dos seguían en estado de locura, pasión y seguían hasta que en un instante, oyeron una voz que les decía:

– Benditas las personas que hacen el amor porque de ellos serán las galaxias, los cuatro elementos, el infinito, el universo y hasta lo más cuántico conocido.

La burbuja de repente, se rompe –como si volviesen a nacer- y juntos empiezan una nueva vida, sin saber lo que realmente les pasó.

MORALEJA: Quien piensa por sí mismo, quien comparte su amor, quien empatiza con los demás, quien ama a su prójimo y confía para abrir las puertas del amor; siempre alcanzará una vida en esencia pura, viva y estelar –por muy pocos años que viva- practicando el amor y no la guerra.

@Joaquín Lourido.- Cee – A Coruña (España) poema
@Imagen Pinterest


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