Veo tu boca niña manchada de moras, toda la mina de los labios impresiones como celdas de las hojas.
Los mozos crujen las ramas de los moreros y el viento sin querer nos llama y todo permanece cálido. Tus ojos son los retratos viciosos de las moras.
La carne de tus labios brasas como si fuera un punto diminuto de un sol despiadado. Te oigo hablar, intermitente, y pareciera de pronto que mis oídos recuperaran la gracia, para verte.
Baja la barrera del tren, crecen las ensoñaciones.
Cuando me miras la cámara hace clack, y el mundo vuelve a este recuadro por donde pasa, insustancial, el tiempo.
@Joaquín Lourido (A Coruña) poema.
@Imagen Pinterest
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