Su chaqueta azul blanca y sus pantalones azul claro, hacían un conjunto perfecto para aquel bolígrafo.
Poseía por dentro cuatro vidas, cuatro arterias que deleitaban y daban existencia al papel en cuanto se posaba en ello.
La luna le inspiraba con su presencia en el firmamento y le daba vida, vida que desaparecía sin su presencia.
Cada tinta tenía una emoción distinta:
La roja escribía sobre el amor y el alma.
La azul sobre la tristeza.
La verde sobre la alegría.
La negra sobre el mal y la muerte.
El mal… se estremecía todo el bolígrafo solo de pensar en el negro corazón.
Pero era necesario, para eso se había creado, para escribir todo lo que el mundo tiene que saber y nunca olvidar.
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