miércoles, septiembre 23 2026

SEGUNDOS by José Luís Serrano

Segundos

Hay una cantidad de segundos, o de pedacitos de tiempo cuyo nombre ignoro, repartidos a lo largo de la vida, que detienen momentáneamente lo que está ocurriendo, desvían el orden natural -si es que eso existe- de los acontecimientos y puede que logren cambiar la historia. Una historia.

Las acciones se suceden unas a otras ordenadamente o se van solapando para construir un discurso a  veces hasta coherente. Cada una va siguiendo a la anterior y mantiene el nivel, modifica su intensidad en cualquier sentido… aporta información que cambia el devenir, lo reconduce un poco o lo mantiene en su rumbo…

A una mala cara suele seguir mirada ácida. A una pregunta cargada, una contestación con la mecha encendida… muchas veces una sonrisa desactiva un insulto y las aguas tornan a su plácido discurrir del que nunca debieron salir y eso, reafirma el argumento.

Ya no quedaba más que recibir el punto final, ese momento en que cualquier cosa sería indiferente y no provocaría reacción o efecto alguno, surgió una pregunta que tuvo contestación y esta a su vez recibió una crítica que halló continuación… el tono alcanzó cimas aún no holladas, las manos golpearon mesas y marcos de las puertas. Las pupilas destilaban la bilis que era el aliento. Un cenicero reventó contra el suelo y algo de la vajilla  le hizo eco de añicos, pedacitos de cristal que contenían días de rabia, noches vacías, inciertos amaneceres…  el reloj marcó el segundo, el instante que rompería la continuidad creciente de cristales rotos, adjetivos de doble filo y entonces dos bocas que se buscan, cuatro manos abarcando la piel entera a la busca de otra piel ayer cómplice… la palma que golpeó la mesa ofrece caricia, la boca que acentuó epítetos de sangre propone besos… dos cuerpos sobre la ropa por el suelo tomándose, ofreciéndose, sugiriéndose, gozándose, convirtiendo en ternura animal la fiereza que dos latidos atrás espesaba el aire

No fue más que una tregua.

Algo detuvo la rabia aquella tarde y acaso por eso cuando días después llegó el vacio y deshizo su equipaje, no hubo portazo.


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