Y así me descubriste.
Al palpo de tus dedos tibios,
como un ciego ante un braille,
de relieves por interpretar,
con las yemas de las manos.
Y así te descubrí.
Con mis ojos abiertos
a la brisa de un mañana,
que creí pedido entre sueños
inconclusos y enterrados.
Y así me recorriste.
Embriagado en la esencia
de mis perlas más preciadas,
entre confusos sabores
de engaños y desengaños.
Y así te recorrí.
Con las yemas de mis sueños,
rozando tu piel dormida,
entre la hojarasca del otoño
ya despuntando en tu cuerpo.
Y así nos sorprendimos.
Casi con la rabia de lo inesperado,
a través de los movimientos
de una rosa de los vientos,
en nuestros dedos de pianistas sin solfeo.
Y así nos amamos.
Con métodos desaprendidos,
del pasado, que tejimos de nuevo,
sin creer en el mágico poder
de un mapa del tesoro, no buscado.
Y así nos sumergimos.
En paraísos que esculpimos,
con el mimbre de un fuego
dormido bajo mil inviernos
que no nos llegó a congelar.
Y así nos desatamos.
Con la infinita fuerza
que llevaba prendido
aquel mínimo gesto,
iluminando la desesperanza.
Y así esquivaremos,
las viejas trampas
de antiguas marejadas,
para que la ternura anide,
en noches con luna blanca.
@Maripau González Bodeguero poema
@Imagen Pinterest
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